Catolicismo,
N. 463, Julio de 1989 (www.catolicismo.com.br)
“De
la Reina surgió una mártir, de la muñeca una heroína”
La
Reina María Antonieta fue, en vida, blanco del ódio de los revolucionarios.
Después de su ejecución (ella fue guillotinada), ella se convirtió en una de
las víctimas que más controversia ha causado entre los historiadores.
Reproducimos
a continuación trechos del primer discurso público hecho en la “Academia de Letras” de la Congregación
Mariana de Santa Cecilia, en la capital paulista (São Paulo-Brasil), en 1928,
por el entonces joven estudiante de Derecho, Plinio Corrêa de Oliveira:
“Reverendisimo Monseñor director de la Academia
Señores Académicos
La simple enumeración de los títulos con los que fue conocida durante su
corta vida María Antonieta
de Habsburg trae consigo el recuerdo de la serie de acontecimientos
extraordinarios e imprevistos que constituyeron la trama de la existencia
femenina más interesante del siglo XVIII.
En su primera fase, la vida de esta princesa transcurrió feliz y brillante
como si se tratase de un sueño dorado en el que se reunían, en la misma persona,
toda la gloria del poder, todo el brillo de la fortuna y todo el encanto de una
radiante juventud. Pero, súbitamente, esta larga cadena de venturas fue cortada
por un tifón horrible, que provocó el naufragio de la monarquía, la profanación
de los altares y la derrota de una nobleza que, a través de los siglos, venía
escribiendo con su heroísmo y su sangre las páginas más brillantes de la historia
de Francia.
En pleno desmoronamiento del edificio político y social de la monarquía de
los Borbones, cuando todos sentían hundirse el suolo bajo sus pies, la alegre
archiduquesa de Austria, la jovial reina de Francia, cuyo porte elegante
recordaba una estatuilla de Sèvres, y cuya sonrisa tenía los encantos de una felicidad
sin sombras, bebía, con dignidad, con porte y resignación cristiana admirables,
los tragos amargos de la inmensa taza de hiel con la que quiso glorificarla la
Divina Providencia.
Hay ciertas almas que solo son grandes cuando sobre ellas soplan las
ráfagas del infortunio. María Antonieta, que fue fútil como princesa e
imperdonablemente ligera en su vida de reina, ante el torbellino de sangre y
miseria que inundó Francia, se transformó de modo sorprendente. El historiador
verifica, lleno de respeto, que de la reina surgió una mártir, de la muñeca una
heroína...
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