Trechos
del discurso del Prof. Plinio en el Auditorio del Palacio Mauá, en São Paulo, 27
de noviembre de 1976
(...) “Para no prolongarme más, recuerdo solamente un hecho histórico que
espanta a todos los que se preocupan con los anales del pasado.
Fin del siglo XV, termina una era y se abre otra. Una potencia surge en el
firmamento del mundo y allí va a brillar con un sol de primera grandeza
durante mucho tiempo; hasta podrá decir, comparándose a los astros, que en sus
límites nunca se ponía el sol: es España.
España que, al mismo tiempo, expulsa al moro de Granada, impone su dominio
sobre el norte del Africa sublevado, manda a Cristóbal Colón a descubrir
América y funda así el mayor imperio colonial hasta entonces conocido.
España realiza esas tres actividades, al mismo tiempo gloriosamente,
serenamente, yo casi diría noble y elegantemente, bajo la sonrisa femenina,
materna y regia de Isabel de Castilla.
¿Cuál es la razón por la que tan gran esfuerzo es realizado y llevado a la
victoria por un pueblo, casi al mismo tiempo, venciendo en tres frentes?
¿Tenía ese pueblo detrás de sí siglos de tranquilidad, siglos de paz? Ese
pueblo tenía ochocientos años de lucha contra la morería invasora.
Y porque ellos no quisieron doblar la rodilla delante de una religión que
sabían que era falsa, porque no quisieron dejar la fidelidad a Jesucristo, a quien
reconocían como Dios verdadero, se resignaron a ocho siglos que templaron su
carácter, ocho siglos de lucha.
De la lucha emergieron gigantes para el trabajo. Llenaron América con su
descendencia. Africa con el terror de sus armas. Europa con el esplendor de su
nombre. Los genios florecieron, los talentos brillaron, los grandes santos
iluminaron la Iglesia, la Contrarreforma fue impulsada por España, como una
potencia de primer orden.
Por detrás estaban ocho siglos de luchadores. Las dificultades, las intemperies,
cuando son mayores, tanto más preparan a una nación para su grandeza, cuando ella
es grande al enfrentarlas.”