Plinio Corrêa de Oliveira

AMBIENTES, COSTUMBRES, CIVILIZACIONES

Castillo de la Garza Blanca:

delicado, noble, una obra de sueños1

 

"Santo do Dia", 22 de junio de 1970

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A D V E R T E N C I A

Este texto es transcripción y adaptación de cinta grabada con la conferencia del profesor Plinio Corrêa de Oliveira dirigida a los socios y cooperadores de la TFP. Conserva, por tanto, el estilo coloquial y hablado, sin haber pasado por ninguna revisión del autor.

Si el profesor Corrêa de Oliveira estuviera entre nosotros sin duda pediría que fuera colocada una explícita mención a su filial disposición de rectificar cualquier eventual discrepancia en relación al Magisterio inmutable de la Iglesia. Es lo que hacemos constar, con sus propias palabras, como homenaje a tan escrupuloso estado de espíritu:

“Católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial ardor a las enseñanzas tradicionales de la Santa Iglesia. No obstante, si por lapso, algo en él hubiera en desacuerdo con dichas enseñanzas, desde ya y categóricamente lo rechaza”.

Las palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en el sentido que se les da en el libro “Revolución y Contra-Revolución”, cuya primera edición apareció publicada en el número 100 de la revista “Catolicismo”, en abril de 1959.


La fortaleza feudal de Himeji –en la ciudad que lleva ese nombre en la provincia de Hyogo (Japón)-, también conocida como Hakuro-jo o Shirasagi-jo (Castillo de la Garza Blanca), comenzó a construirse en 1333, habiendo sido completamente concluido solamente 230 años después.

Estamos frente a una fortaleza feudal de Japón – el Castillo de la Garza.

Las murallas, hasta cierto punto, se parecen a nuestros muros coloniales, con sus grandes bordes. Son sólidas y sin ningún ornato. Tienen la poesía de la obra que desafió los siglos.

En el fondo se proyecta, mucho más alta que las murallas, la fortaleza feudal japonesa. Una construcción tan alba y delicada, que más parece obra de sueños.

¿Este castillo recuerda, en algo, el castillo europeo medieval?

Sí. Aunque en la arquitectura es profundamente diferente del castillo medieval de Europa, recuerda lo siguiente: lo esbelto del edificio. El castillo europeo tiene como característica principal las torres. Aquí no hay propiamente torres. Sin embargo, el papel que tienen los cuerpos de edificios cada vez más pequeños es, en el fondo, el de una torre. La silueta evoca un poco la idea de una torre, es decir, de un cuerpo de edificios que busca subir a los cielos, que se pierde en lo alto, indicando elevación de espíritu y grandeza de alma muy acentuadas.

Pero, ¿en qué sentido el Castillo de la Garza es diferente del castillo medieval?

Castillo de Frías sobre el peñasco de La Muela

[Frías - Província de Burgos - España]

Este no tiene, a no ser raras veces, esta gracia. El castillo europeo, se tiene la impresión de que hunde las garras en la roca. Se compone de torres fuertes, listas para desafiar el viento y el clima hostil. En el castillo medieval, los muros son guarnecidos de almenas y barbacanas para que los guardias circulen, a fin de proteger la muralla contra el adversario. Alrededor de las torres hay el foso con agua y el puente levadizo.

No se nota propiamente eso en el castillo japonés. El cuerpo entero del edificio parece disociado de la lucha. No se tiene noción, a primera vista, de que haya un vigilante acechando día y noche.

El castillo japonés es un edificio delicado, noble, propio a un pueblo orientado hacia el sueño. Y que garantiza su incolumidad contra el adversario a través de la gruesa muralla alrededor de él. La vida del señor feudal japonés parece algo ajena a la lucha y a la defensa. Él es un contemplativo, vive en sus delicias, sus contemplaciones, sentado en el suelo, delante de una mesita, vestido con telas preciosas, bebiendo té, en una taza de porcelana muy bonita, y pensando, pensando…


[1] Texto originalmente publicado en "Catolicismo" Nº 677, Mayo de 2007

Traducción de "Acción Família"