Plinio Corrêa de Oliveira

 

El socialismo autogestionario:

frente al comunismo

¿es una barrera o una cabeza de puente?

"Covadonga Informa", Nos 49-52, Septiembre-Diciembre 1981

 

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El doble juego del socialismo francés:

Gradual en la estrategia - Radical en la meta

 

Mensaje de las Sociedades de Defensa de la

 

Tradición, Familia y Propiedad — TFP

 de

 España • Argentina • Bolivia • Brasil • Canadá

Colombia • Chile • Ecuador • Estados Unidos

Francia • Portugal • Uruguay • Venezuela


ÍNDICE

Preámbulo

Prof. Plinio Corrêa de Oliveira

Meta socialista para Francia

I. El centro y la derecha ante el socialismo francés: la ilusión optimista, el alcance de la derrota y la encrucijada

1. La ilusión

2. Vista rápida al PS real

3. El alcance real de la ascensión del socialismo en Francia — Abstención, gran factor de la derrota del centro y de la derecha

4. Dada la victoria del PS ¿qué hacer? — La encrucijada

5. La elección de la estrategia: aspectos del socialismo francés

II. Doctrina y estrategia en el proyecto de socialismo para Francia

1. “Liberté, égalité, fraternité” en el “Projet Socialiste”

2. El PS, el centro y la derecha

3. PS y comunismo — La estrategia de la acción gradual

4. Autogestión en la empresa: minirrevolución socioeconómica

5. La autogestión debe abarcar toda la sociedad y al hombre entero

6. Por qué la reforma de la empresa exige la reforma del hombre

7. La sociedad autogestionaria y la familia

8. El tiempo libre

9. El control de las condiciones de vida

10. La educación

11. El derecho de propiedad en el régimen autogestionario

12. La propiedad rural en el “Projet Socialiste”

III. La médula doctrinal del “Projet Socialiste”: laicismo — “liberté, égalité, fraternité”

1. Derechos del Hombre en la “sociedad autogestionaria”: informarse, dialogar y votar

2. La Religión y las religiones en el “Projet”

3. El Episcopado francés ante el PS

IV. ¿Intervención en los asuntos internos de Francia?

V. Glorioso porvenir de Francia según San Pío X

Cuadro IV — La empresa autogestionaria ideal propuesta por los socialistas

 



Preámbulo

La Revolución Francesa de fines del siglo XVIII, los cataclismos revolucionarios de 1848, la Comuna de París de 1871, la explosión ideológica y temperamental de la Sorbonne de 1968 fueron hitos importantes de la Historia de Francia. Y también de la Historia de todo Occidente.

En efecto, estos movimientos, cada cual a su modo y en sus especificas proporciones, dieron expresión internacional a aspiraciones y doctrinas —algunas nacidas en Francia y otras fuera de ella—, pero que en ese país habían fermentado con una carga de comunicatividad enteramente peculiar. Los acontecimientos históricos así generados en Francia encontraron y pusieron en movimiento en el espíritu de los distintos pueblos de Occidente aspiraciones, tendencias e ideologías cuya irrupción marcó la evolución psicológica, cultural, política y socioeconómica de estos en los siglos siguientes.

Lo mismo va sucediendo con la “revolución” incruenta, aunque no por eso menos profunda, que la victoria electoral del Partido Socialista en las elecciones del pasado 10 de mayo —y la consiguiente ascensión de Mitterrand a la presidencia de la República— comienza a desencadenar. Las crisis que afectan (por cierto en medidas desiguales) a los regímenes comunista y capitalista despiertan en el mundo entero tendencias y movimientos que se jactan de ser especialmente modernos y creen encontrar en el socialismo autogestionario, ahora instalado en el poder en París, la expresión clara, concisa y victoriosa de todo, o casi todo, cuanto piensan y desean. Lo cual, naturalmente, les va poniendo en marcha hacia la conquista de análogos éxitos en sus respectivos países; todo ello para provecho y alegría, nótese, del comunismo internacional, del cual el socialismo autogestionario es apenas tributario y “compañero de ruta”.

Dando a conocer este mensaje al público español, la SOCIEDAD CULTURAL COVADONGA tiene la certeza de abordar un tema capaz de afectar a fondo, en los próximos años, el futuro de nuestro País.

Firmado por las entidades autónomas y cohermanas que constituyen la gran familia de las TFPs en trece países, este mensaje es de la pluma del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira.



Prof. Plinio Corrêa de Oliveira

Presidente del Consejo Nacional de la

Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad

Plinio Corrêa de Oliveira nació en San Pablo (Brasil), en el año de 1908. Diplomado por la Facultad de Derecho de la Universidad de San Pablo, se destacó desde su juventud como orador, conferencista y periodista católico. Uno de los fundadores y directores de la Liga Electoral Católica, fue el diputado más votado del país por la Asamblea Constituyente federal de 1934. Profesor de Historia de la Civilización en el Colegio Universitario de la Universidad de San Pablo, así como de Historia Moderna y Contemporánea en las facultades São Bento y Sedes Sapientiae de la Pontificia Universidad Católica de San Pablo. Fue presidente de la Junta Arquidiocesana de la Acción Católica de San Pablo y director del órgano católico “Legionario”. Colaborador destacado del mensual “Catolicismo”, escribe también para el diario “Folha de S. Paulo” desde 1968.

Principales obras: En Defensa de la Acción Católica; Revolución y Contra Revolución; Reforma Agraria — Cuestión de Conciencia (en colaboración con otros autores); Acuerdo con el régimen comunista: para la Iglesia, ¿esperanza o autodemolición?; Transbordo ideológico inadvertido y diálogo; La Iglesia ante la escalada de la amenaza comunista — Llamamiento a los Obispos Silenciosos; Tribalismo indígena, ideal comuno-misionero para Brasil en el siglo XXI y Soy católico: ¿puedo ser contra la Reforma Agraria?

En 1960 fundó la SOCIEDAD BRASILEÑA DE DEFENSA DE LA TRADICIÓN, FAMILIA Y PROPIEDAD - TFP, y fue, desde entonces, presidente del Consejo Nacional de la entidad. Inspiradas en Revolución y Contra Revolución y en otras obras del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, TFPs y asociaciones congéneres se constituyeron, asimismo, en doce pises de las Américas y de Europa.



Meta socialista para Francia

 

·Confirmación del laicismo estatal — el matrimonio equiparado a la unión libre — plena libertad sexual — “rehabilitación” de la homosexualidad — libre acceso y gratuidad de los anticonceptivos — libertad de abortar para mayores y menores de edad — agonía y muerte de la enseñanza privada — educación estatal a partir de los dos años de edad.

·Nacionalización de las grandes y medias empresas urbanas — progresiva socialización de la vida rural — vía autogestionaria — la asamblea obrera, poder supremo en cada empresa — función subordinada de los dirigentes y de los técnicos en las empresas sin empresario individual — lucha de clases — participación de los consumidores en la dirección de la empresa.

·El modelo autogestionario en la familia: papel de los hijos en la autogestión, lucha de clases con los padres — en la escuela: papel de los alumnos en la autogestión, lucha de clases con los profesores.

·La sociedad autogestionaria modela un nuevo tipo de hombre — agnóstico — con una moral opuesta a la cristiana — con un tope de progreso individual muy limitado — totalmente sujeto al voto de la mayoría en los comités en los cuales es elector — que le “ayudan” planificando hasta su tiempo libre, sus diversiones y el orden doméstico.

·Liberté-Egalité-Fraternité radicales: nivelación de las clases sociales, disgregación del Estado — galaxia de microcomunidades — mientras haya empresarios, no se habrá terminado de derrocar la monarquía en Francia.

·La autogestión socialista: meta internacional al servicio de la cual el PS prometió utilizar el gobierno, las riquezas, el prestigio y el rayonnement mundial de Francia.

EN FRANCIA:

la victoria del PS pone en una encrucijada a la

mayoría del electorado centrista y derechista

EN OCCIDENTE:

la victoria electoral proporciona al PS amplios

medios diplomáticos y propagandísticos para

desarrollar la guerra psicológica revolucionaria

en la vida interna de todas las naciones

 



El socialismo autogestionario:

frente al comunismo

¿es una barrera

o una cabeza de puente?

 

I. El centro y la derecha ante el socialismo francés: la ilusión optimista, el alcance de la derrota y la encrucijada

 

1. La ilusión

Para el “hombre de la calle” de la mayor parte de los países de Occidente, el Partido Socialista francés es la resultante, como tantos otros, de la conjugación de intereses y vanidades alrededor de un programa partidario aceptado con mayor o menor convicción.

Y es explicable. El gran público internacional se informa acerca del socialismo, principalmente a través de la televisión, de la radio y de la prensa. Ahora bien, la imagen del PS, presentada en parte implícita y en parte explícitamente por tales medios de comunicación, suele ser esta: a) un electorado constituido en su mayoría por trabajadores manuales imbuidos, en diferentes grados, de la mentalidad del Partido, pero abarcando también a un número no pequeño de burgueses, cuyas tendencias socio-económicas conciliatorias se conectan en uno u otro punto con vagas simpatías filosóficas por un socialismo “filantrópico”; b) cuerpos dirigentes formados —por lo menos en sus niveles superior e intermedio— por políticos profesionales, preocupados ante todo por la conquista del poder y habituados, como es fácil de entender, a todas las flexibilidades, a todas las audacias, así como también a todas las formas de concesión y de prudencia que conduzcan al éxito.

Sin embargo, esta visión global del socialismo es poco objetiva. Y corresponde a las ilusiones optimistas de tantos opositores políticos del PS.

Estas ilusiones contribuyeron en gran medida a la reciente victoria de este partido y abren ahora, ante el electorado francés de centro y de derecha, una encrucijada decisiva.

 

2. Vista rápida al PS real

Visto sin ilusiones ni optimismo, el PS muestra un carácter ideológico monolíticamente fuerte. De los principios filosóficos que acepta deduce sistemáticamente todo su programa político, económico y social. Y la aplicación integral e inexorable de éste a cada individuo, a cada nación —a Francia, por lo tanto así como a todo el género humano— es la meta final de la acción concreta que preconiza el Partido.

¿Cuál es el medio para la obtención de este objetivo gigantesco? Es la manipulación gradual —auxiliada por tácticas sofisticadas de disimulación— tanto de la cultura cuanto de la ciencia, del hombre y de la naturaleza. Y también la utilización de los órganos del Estado, si el Partido alcanzara el poder.

Según el PS, esta acción gradual debe ser lenta, pues las circunstancias casi siempre lo exigen así: pero se debe acelerar siempre que estas lo permitan. A lo largo de toda esta trayectoria no debe ser dicha ninguna palabra, no debe ser dado ningún paso que no tenga por objetivo supremo la anarquía final (en el sentido etimológico de la palabra), fin éste, por otra parte, que se fijan también los teóricos del comunismo.

Este cuño del PS se hace patente en los documentos oficiales del Partido, en los libros de autores representativos del pensamiento del PS y aun en los escritos de circulación interna, destinados más bien a la formación de sus miembros.

Todo este material, además de ser absorbido por las filas del PS, circula en otros ambientes: izquierdas de distintos matices, intelectuales y políticos ajenos a la izquierda, etc. Y así va progresivamente ampliando el número de simpatizantes del Partido. Sin embargo, es poco o nada leído por el “hombre de la calle” ajeno al PS [1].

 

3. El alcance real de la ascensión del socialismo en Francia — Abstención, gran factor de la derrota del centro y de la derecha

Observadores y analistas de las recientes elecciones presidenciales francesas están seguros de que el candidato victorioso de las izquierdas se benefició con los votos de una parte ponderable del electorado de centro y de derecha. Habiendo sido la diferencia de F. Mitterrand sobre su opositor, en el segundo turno electoral, de 1.065.956 votos (o sea el 3,51% de los votos válidos líquidos, es decir, contando los escrutados y deduciendo los votos en blanco y los anulados), este traspaso de votos del centro-derecha al candidato socialista represento un factor ponderable —quizás decisivo— en la reñida disputa electoral. Baste considerar que el desplazamiento de la mitad de esta diferencia hubiera dado como resultado un empate electoral (ver Cuadro I — Como 500 mil votos decidieron las elecciones presidenciales francesas).

CUADRO I

Cómo 500 mil votos decidieron

las elecciones presidenciales francesas

Elección 2º turno

(10/5/81)

Votos

% colegio electoral

% de votos Válidos líquidos

Electores inscritos

Abstenciones

Votantes

Blancos y anulados

Votos válidos líquidos

François Mitterand

V. Giscard d’Estaing

36.398.762

5.149.210

31.249.552

898.984

30.350.568

15.708.262

14.642.306

100,00

14,15

85,85

2,47

83,38

43,16

40,23

100,00

51,76

48,24

Diferencia

Mitterand-Giscard

1.065.956

2,93

3,51

Fuente: “Journal Officiel”, 16/5/81.

Observación: Según un sondeo realizado por el Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP) en conjunto con la revista “Le Point” y publicado por esta última el día 2 de mayo (entre 1ª y la 2ª vuelta de las elecciones presidenciales), un considerable número de electores de centro-derecha manifestaron la intención de votar por Mitterrand en la 2ª vuelta. De haber prevalecido los porcentajes indicados por este sondeo, el candidato socialista habría recibido de los electores del propio Giscard 1% de los votos (82.224 votos), de Chirac 18% (940.652 votos) y de varios de la derecha 21% (182.373 votos), totalizando 1.205.249 votos de centro-derecha. En contraposición, electores de izquierda le habrían dado a Giscard 552.513 votos. De este modo, en el balance de transferencias del centroderecha hacia la izquierda y viceversa, Mitterrand se habría beneficiado con 652.736 votos.

Un sondeo realizado por el Instituto SOFRES después ele la 2ª vuelta de las elecciones presidenciales (entre el 10 y el 20 de mayo) indica una transferencia de votos de Chirac hacia Mitterrand de 16% (836.135 votos), confirmando así la tendencia señalada por IFOP.Le Point (cfr. “Le Monde”, 2/6/81).

Estos datos conducen a la afirmación de que el traspaso de votos del centroderecha hacia Mitterrand puede haber sido decisivo para su elección.

 Tal traspaso causa asombro. Hace unos veinte años, todo centrista o derechista celoso de su autenticidad hubiera jurado traicionar a su causa votando por un candidato que fuese propuesto por el PS. Máxime si éste se presentase en ostensiva coalición con el Partido Comunista [2]. En 1981, en muchos centristas y derechistas de diversas edades, ese sentido de coherencia no actuó [3]. Y con una tranquilidad a veces irreflexiva, a veces indolente, votaron por Mitterrand. ¿Cómo pudo suceder esto?

Pero los defectos de la derecha y del centro no se limitaron solamente a esto. Toda la campaña electoral de unos y de otros fue hecha sin interés, sin el dinamismo y sin la fuerza de impacto indispensables para arrastrar a las multitudes; atributos que no faltaron del lado socialo-comunista.

Esta falta de dinamismo naturalmente fue más acentuada en las elecciones legislativas, produciendo además otra consecuencia: el aumento de las abstenciones. En una contienda electoral tan importante para el destino de Francia y del mundo, nada menos que 10.783.694 electores (el 29,67% del colegio electoral) se abstuvieron en el primer turno. Es significativo que el número de abstenciones haya sido en ese momento superior a la cantidad de votos obtenidos por el PS (9.432.537).

El bloque que sufrió un gran retroceso en el último sufragio fue el de centro-derecha, que cayó de 14.316.724 votos en el primer turno de las elecciones presidenciales (26 de abril) a 10.892.968 votos en el primer turno de las elecciones legislativas (14 de junio), perdiendo así 3.423.756 electores en este cortísimo periodo. Como el número de abstenciones creció en 3.900.917, entre las dos elecciones y, por otro lado, el conjunto de las izquierdas acusó un pequeño aumento (ver Cuadro II — Abstenciones y dispersión en el centro y en la derecha favorecieron a las izquierdas en los últimas elecciones legislativas francesas), todo indica que la mayor parte de las nuevas abstenciones se verificaron en las filas del centro y de la derecha. De este número, normalmente habrán sido muchos más los que tomaron la decisión de no votar, como consecuencia de divergencias partidarias o por preferir simplemente pasar el domingo electoral como les parecía más cómodo y divertido.

CUADRO II

Abstenciones y dispersión en el centro y en la

derecha favorecieron a las izquierdas

en las últimas elecciones legislativas francesas

Elección

1er turno

Presidenciales

(26-4-81)

Legislativas

(14-6-81)

Diferencias

Electores inscritos

Abstenciones

Votantes

Blancos y nulos

Votos válidos líquidos

36.398.859

6.882.777

29.516.082

477.965

29.038.117

36.342.827

10.783.694

25.559.133

368.092

25.191.041

- 56.032

+ 3.900.917

- 3.956.949

- 109.873

- 3.847.076

Extrema derecha

Varios

Centro-derecha

RPR (Chirac)

UDF (Giscard)

 

868.444

5.225.848

8.222.432

90.422

 

713.582

5.249.670

4.839.294

+ 90.422

 

- 154.862

+ 23.822

- 3.383.138

Total centro-derecha

14.316.724

10.892.968

- 3.423.756

PS (Mitterrand)

PC (Marchais)

Varios izquierda

Extrema izquierda

7.505.960

4.456.922

964.200

668.057

9.432.537

4.065.540

193.634

334.674

+ 1.926.577

- 391.382

- 70.566

- 333.383

Total izquierda

13.595.139

14.026.385

+ 431.246

Ecologistas

1.126.254

271.688

- 854.566

Fuentes: “Journal Officiel”, 30/4/81 y 8/5/81; “Le Monde”, 17, 23 y 24/6/81.

Tal hecho —de importancia capital en este contexto— se explica en buena medida por la ilusión de que la eventual victoria de un partido, izquierdista sin duda, aunque bonachón, no tendría consecuencias dramáticas.

También a causa de esta visión optimista, diferentes pequeñas razones circunstanciales, de orden personal, regional, etc., así como el deslumbramiento ante la victoria de Mitterrand, tuvieron fuerza suficiente para llevar a un número no pequeño de electores procedentes de centro y de derecha a votar por el PS, contribuyendo así a traspasos semejantes a los que tuvieron lugar en las elecciones presidenciales.

En definitiva, todo indica que la mayor parte, ya sea de las abstenciones, ya sea de los votos dados por los electores de un partido a la candidatura de otro, deben haber ocurrido en los partidos menos rígidamente estructurados: a no ser que se pretenda imaginar un PS o un PC en vías de relajamiento disciplinaria o empeñado en disputar una carrera abstencionista con los adversarias del centro o de la derecha…

Así pues, el PS triunfó. Pero su victoria no significa que haya aumentado el electorado socialista, como lo da a entender, hábilmente, la propaganda izquierdista que se difunde por el mundo entero. 

Comparadas las elecciones legislativas de 1978 con las que acaban de realizarse, se constata que el contingente electoral de la izquierda permaneció prácticamente inalterado: 14.169.440 en 1978; 14.026.385 en 1981 (datos referentes al primer turno, único en que es posible hacer la comparación, debido a las peculiaridades del sistema electoral francés). Si se considera que en ese período el número de electores aumentó en 1.138.675, la permanencia en el mismo nivel representa una caída efectiva del porcentaje en el conjunto de los electores. Así, las izquierdas, que consiguieron el apoyo del 40,25% de los electores en 1978, ahora sólo obtuvieron el 38,59%, lo que está muy lejos de representar a la mayoría del cuerpo electoral (ver Cuadro III — Estancamiento del electorado de izquierda en las elecciones legislativas de 1978 a 1981).

CUADRO III

Estancamiento del electorado de izquierda

en las elecciones legislativas de 1978 y 1981

Elección

1er turno

Leg. 1978

% colegio

electoral

Leg. 1981

% colegio

electoral

Electores inscritos

35.204.152

100,00

36.342.827

100,00

PS

PC

Varios izquierda

Extrema izquierda

6.451.151

5.870.402

894.799*

953.088

18,32

16,68

2,54

2,71

9.432.537

4.065.540

193.634

334.674

25,95

11,19

0,53

0,92

Total izquierda

14.169.440

40,25

14.026.385

38,59

Total de los ecologistas

Ecologistas de izquierda**

 

612.100

 

(324.413)

 

1,74

 

(0,92)

 

271.688

 

(143.994)

 

0,75

 

(0,40)

Total izquierda con ecologistas**

 

(14.493.853)

 

(41,17)

 

(14.170.379)

 

(38,99)

Fuente: Les életions législatives de mars 1978, “Le Monde — Dossiers et Documents”; “Le Monde, 17,23 y 24/6/81.

* Están computados en este total 36,67% de los votos del ítem “varios” como consta en boletín del Ministerio del Interior. Según “Le Monde” de los días I4 y 15/3/78 éste era, en ese ítem, el porcentaje de los electores de la oposición.

** Habrá sido algo más sensible el ligero declinar de la izquierda, si se considera en este bloque a los ecologistas que suelen canalizar sus votos, en determinadas circunstancias hacia candidatos abiertamente izquierdistas. Según sondeo del Instituto SOFRES, 53% de los ecologistas votaron por Mitterrand en el segundo turno de las elecciones presidenciales, 26% por Giscard, y 21% se abstuvieron o no dieron respuesta (cfr. “Le Monde”, 2/6/81). Investigación del IFOP indicaba respectivamente las mismas tendencias, 50%, 26% y 24% (cfr. “Le Point”, 2/5/81). Los valores entre paréntesis, en el cuadro, fueron calculados con base en la investigación del SOFRES.

La victoria del PS en las recientes elecciones se debe, pues, no tanto a un fortalecimiento efectivo de las izquierdas, cuanto, y en mayor medida, a un desinterés y a una dispersión del centro y de la derecha. Dispersión ésta, parcialmente provocada— como más adelante se verá— por la desorientación y por la fragmentación de una parte considerable del electorado católico.

 Si se tratara de un aumento del número de electores específicamente izquierdistas, el fenómeno tal vez fuera difícilmente reversible. Pero originándose la derrota en la desorientación del centro y de la derecha, todo puede ser aún reconquistado. A la victoria socialista del 81 podrá suceder, pues, una derrota de la izquierda en futuras contiendas electorales.

Sirvan estas consideraciones de aliento a las personas que se imaginan que la conquista de terreno por el socialismo es definitiva. Y que por ello, en lugar de organizarse desde ahora en una oposición ordenada, mas llena de brío, inamovible y fecunda, corren en dirección a los vencedores para extenderles la mano y colaborar con ellos. De este modo renuncian a luchar para detener a su país en la pendiente del socialismo (que ellos mismos reconocen que es resbaladiza) rumbo al comunismo (que ellos mismos reconocen que es mortal). La explicación que dan es que la victoria socialista es un hecho consumado. Pero cabe preguntar si existen hechos consumados en el mundo inestable de hoy.

 

4. Dada la victoria del PS ¿qué hacer? — La encrucijada

Por el momento, sin embargo, ahí están los hechos... El PS tiene hoy el Poder Ejecutivo. Y aun sin tomar en cuenta el apoyo de los 44 diputados del Partido Comunista y el de otros 20 diputados de pequeños partidos de izquierda, el PS dispone de la mayoría absoluta en la Asamblea, con 265 diputados sobre un total de 491 escaños. Para la reconquista de todo lo que acaba de perder, la Francas del centro y de la derecha está, pues, en la necesidad de optar sobre cuál es la mejor estrategia frente al PS. Pero para ello es necesario que defina para sí misma qué es el PS. Que opte entre la versión un poro folklórica de un PS oportunista y bonachón, y el reconocimiento de la realidad, es decir, que el PS es un propulsor eficiente en la marcha gradual pero decidida harta el colectivismo integral.

Frente al incremento de las izquierdas que la victoria del PS y la instauración del régimen socialista en Francia acarrearán —por vía de repercusión y por las ya anunciadas injerencias del gobierno francés actual— en los otros países, una análoga cuestión estratégica se levanta también en éstos para los elementos de centro y de derecha. La victoria del socialismo francés ya comenzó a crear en ciertos políticos de izquierda de Europa y de América la impresión de que la bandera socialista se cargó súbitamente, en todo Occidente, de un nuevo poder de atracción de las multitudes. Se imaginan que el socialismo reveló en Francia una fuerza electoral mucho mayor que la que en realidad tiene. Y chispazos de entusiasmo socialista autogestionario comienzan a sentirse en varias naciones. Si la verdadera imagen del PS corresponde a la del bonachón, estas perspectivas socialistas no ofrecen mayor riesgo. Si por el contrario, el socialismo francés se propone exactamente las mismas metas finales del comunismo, entonces es necesario aclarar y alertar a la opinión pública. Tanto más cuanto que radie sabe hasta dónde puede llegar en nuestros días la instrumentación de cualquier tendencia izquierdista existente en la opinión pública, por obra de la guerra psicológica revolucionaria que Moscú promueve, con evidente éxito, en todo el mundo.

 

5. La elección de la estrategia: aspectos del socialismo francés

Si es cierto que la elección de esta estrategia se hará tanto más adecuada y rápidamente cuanto más fiel y objetiva fuere la imagen del PS que desde ahora se forme el público —y ante la imposibilidad de abarcar en este resumen global tema tan vasto— parece ahora el momento oportuno para divulgar varios aspectos característicos de la doctrina y de las tácticas del PS francés, para disipar enseguida las ilusiones optimistas que pueden favorecer la lentitud v la molicie en la lucha contra tan grave peligro.

 

II. Doctrina y estrategia en el proyecto de socialismo para Francia

 

1. “Liberté, égalité, fraternité” en el “Projet Socialiste”

Lo propio de un lema es el ser substancioso y preciso.

No le corresponden estos atributos a la trilogía de la Revolución Francesa: “liberté, égalité, fraternité”. Entre las múltiples interpretaciones y modos de aplicación a que ha dado lugar, algunas dejaron en la Historia huellas de impiedad, de desvarío y de sangre que jamás se borrarán [4].

Una de las interpretaciones más radicales a que la trilogía se presta puede ser enunciada del siguiente modo: La justicia establece que haya una igualdad absoluta entre los hombres. Solamente ella, suprimiendo toda autoridad, realiza enteramente la libertad y la fraternidad. La libertad solo admite un límite: el indispensable para impedir que hombres más dotados constituyan en provecho propio alguna superioridad de mando, de prestigio o de bienes. La verdadera fraternidad proviene de la relación entre hombres totalmente iguales y libres.

Desde 1789 hasta 1794 los sucesivos líderes revolucionarios se fueron inspirando en interpretaciones de la famosa trilogía, cada vez más próximas a este enunciado radical. Ya agonizante, la Revolución Francesa, tan aparatosamente moderada en sus primeros días, tuvo espasmos de significado nítidamente comunista. Como repitiendo en cámara lenta el proceso de esta Revolución, el mundo democrático llevó —o está terminando de llevar— a sus últimas consecuencias la nivelación política de las clases, a pesar de que todavía conserve aspectos jerárquicos en su cultura y en su régimen social y económico.

Se puede discutir los hechos, los lugares y las fechas en que comenzaron, en el siglo XIX, los principales movimientos a favor de la nivelación cultural y socioeconómica. Lo cierto es que a mediados de siglo se habían extendido a muchos países, y en varios habían adquirido sólida consistencia, al punto de inspirar en Francia acontecimientos como la Revolución de 1848 y la Comuna de 1871. Además, es obvia en nuestro siglo su presencia entre los factores profundos de la Revolución rusa de 1917 y, como consecuencia, en la propagación del régimen comunista a los países de detrás del telón de acero y de bambú, y a otros [5]. Para no hablar de todas las revoluciones y agitaciones comunistas que han conmovido diversas partes del mundo. Entre ellas la explosión de la Sorbonne en mayo de 1968.

El Project socialiste pour la France des années 80 —basado en el cual el PS se presentó a las últimas elecciones (cfr. Nota 1)— se inserta explícita y hasta jactanciosamente en este movimiento general [6]. Leyéndolo, se constata claramente que su última meta es la igualdad y la fraternidad totales [7]. Para él, el principal fin del poder consiste en impedir que la libertad produzca desigualdades [8]. Es verdad que califica de utópica la supresión total de la autoridad. Pero la utopía no es, en su forma de raciocinar, un vacio más allá del cual se despeña en el caos del anarquismo. Por el contrario, es un horizonte en dirección al cual se debe volar cada vez más y más, valiéndose de todos los medios para llegar lo más cerca (o lo menos lejos) posible de lo irrealizable. Es decir, la supresión de este mal necesario, pero cuán antipático, que, según él, es la autoridad [9].

 

2. El PS, el centro y la derecha

Desde esta perspectiva global se explica todo el Projet [10].

El Projet acepta y asume enteramente la herencia política radicalmente igualitaria acumulada en Francia a partir e 1789. Considera como medidas útiles las diversas leyes puestas en vigor hasta nuestros días, tendientes a reducir las desigualdades sociales y económicas. Y además quiere poner a la Francia de hoy resueltamente en marcha hacia la aplicación más radical de la discutida trilogía [11].

La frontera entre el PS por una parte, y el centro y la derecha por la otra, está que estos dos últimos —por lo menos la mayor parte de sus integrantes— aceptan la trilogía, aunque no en la interpretación radical que le da el PS. De manera que en lugar de declararse deseosos de alcanzar la última meta del igualitarismo, dicen que, o dejan entrever, que desean detenerse a una distancia indefinida de esta [12].

 

3. PS y comunismo — La estrategia de la acción gradual

¿Tiene el PS una frontera definida que le distingue del comunismo, en la estrategia rumbo a la meta final que es la igualdad total? Sí: a) el PS teme que una aplicación inmediata de la igualdad total despierte reacciones de tal magnitud que es más conveniente evitarlas; b) por esta razón, enteramente circunstancial, de oportunidad y de estrategia, según el PS la aplicación de los principios comunistas debe ser gradual y las etapas de esa acción gradual deben ser medidas a fin de evitar choques excesivos [13].

Cierta moderación inicial que los socialistas franceses parecen demostrar en la transición hacia la igualdad total no resulta, pues, de su simpatía, su compasión o su indulgencia con el adversario vencido. Es la transposición a la acción de un cálculo estrictamente utilitario y muy anterior a su victoria.

Sin embargo, conviene destacar que el igualitarismo radical del PS francés procura sacar beneficio de la experiencia socioeconómica —dura y decepcionante— de todos los países en que el comunismo es o fue aplicado. Por eso evita en gran medida las estatizaciones, tan características del comunismo old style, se propone implantar en la totalidad —o en la casi totalidad— de las empresas hasta ahora privadas, otra forma de igualitarismo democrático y radical. Es la autogestión [14].

 

4. Autogestión en la empresa: minirrevolución socioeconómica

La autogestión constituye, en miniatura, la implantación en la empresa de los principios y de la forma de gobierno de la Revolución de 1789 [15].

Todo el Projet parece ver en las relaciones patrón-empleado una imagen residual de la relaciones rey-pueblo. Quiere “destronar” al “rey”, extinguir su “soberanía” en la empresa y transferir todo el mando al nivel de la “plebe” empresarial, es decir, a los asalariados. Más especialmente, a los trabajadores manuales. La revolución empleó diversas medidas para evitar que se reconstituyeran, en el plano político, aristocracias de diversas índoles. Análogamente, el Projet se empeña en evitar que los directores y los técnicos sobrevivan como aristocracias en la empresa “republicanizada”. El propietario individual desaparece desde ahora en las empresas “grandes”. El propio concepto tradicional de empresa es ampliado. Participan de un derecho real sobre ella y sobre lo que ella produce, no sólo los que trabajan, sino también delegados de organizaciones representativas de los consumidores, de los proveedores, etc. O sea, de la sociedad entera, especificada en los cuerpos o grupos próximamente vinculados a la empresa (ver Cuadro IV — La empresa autogestionaria ideal propuesta por los socialistas).

A la manera de una republica democrática, cada empresa, regida en suprema instancia por el sufragio universal de los trabajadores, tendrá sus asambleas laborales para recibir informaciones sobre el curso de todas las cosas que le atañen, tendrá sus elecciones de “representantes”, o sea, “diputados”, quienes constituirán un comité directivo (más o menos un soviet), y éste, a su vez, tendrá a los empleados-directores como meros ejecutores de su voluntad.

Este régimen se define a sí mismo como autogestionario, y declara ser la lógica consecuencia socioeconómica de la soberanía popular aplicada en el campo político. Una república seria una nación políticamente autogestionaria. Un régimen autogestionario implicaría la “republicanización” de la estructura socioeconómica [16]. O sea, la implantación de un régimen empresarial en el cual la dirección de los especialistas y de los técnicos esté sujeta a asambleas y a órganos en los que predominen los miembros del cuerpo social de desarrollo intelectual menor.

 

5. La autogestión debe abarcar toda la sociedad y al hombre entero

El Partido Socialista Francés afirma que el socialismo autogestionario es hijo de la Revolución Francesa de 1789, de la revolución de 1848, de la Comuna de París de 1871 y de la explosión ideológica y tem-peramental de la Sorbonne de 1968. En las fotos: paredes de la Sorbonne en que los insurrectos homenajean a Lenin, Trotsky y “Che” Guevara. Y proclaman: “Abajo el estado” — “Ni Dios ni señor”.

Tal “republicanización” debe abarcar toda la estructura social y no sólo la empresa. Realmente, según el Projet, para que la autogestión se torne plenamente efectiva, ello supone una transformación profunda en el hombre, y la implantación de las consecuencias más exacerbadas de la trilogía en todos los sectores de la actividad que, además de la empresa, integran la sociedad: la familia, la cultura, la enseñanza, el mismo tiempo libre [17].

 

6. Por qué la reforma de la empresa exige la reforma del hombre

La reforma del hombre: a ese respecto, el Projet tropieza exactamente con las mismas dificultades que el comunismo estatista.

Los principios económicos vigentes en Occidente, aun cuando hayan dado lugar a abusos, emanan de la propia naturaleza humana. En síntesis, pueden caracterizarse por la afirmación de la legitimidad de la propiedad individual, así como de la iniciativa privada y del lucro.

Los socialistas se proponen, en cambio, implantar otro sistema económico, orientado hacia otras finalidades y a partir de otros incentivos (cfr. Projet. p. 17:3). La idea de lo que ellos llaman ganancia para solamente algunos, debe substituirse progresivamente por el criterio de la utilidad social, determinada por la voluntad soberana del pueblo. O sea, los socialistas, al igual que los comunistas, afirman que el individuo existe para la sociedad y debe producir directamente, no para su propio provecho, sino para el de la colectividad a la que pertenece.

Con esto cesa el mejor estimulo del trabajo, la producción forzosamente decae, la indolencia y la miseria se generalizan en toda la sociedad.

En efecto, cada hombre procura, por la luz de la razón y por un movimiento instintivo continuo, poderoso y fecundo proveer antes que nada a sus necesidades personales y a las de su familia. Cuando se trata de la propia conservación, la inteligencia humana lucha más fácilmente contra sus limitaciones y crece tanto en agudeza cuanto agilidad. La voluntad vence con más facilidad la pereza y enfrenta con mayor vigor los obstáculos y las luchas. En síntesis, el trabajador alcanza el nivel de productividad que cuantitativa y cualitativamente corresponde a las verdaderas necesidades y conveniencias sociales. A partir de este impulso inicial —lleno de legítimo amor por sí mismo y por los suyos— el hombre proyecta las irradiaciones más amplias del amor al prójimo, que deben abarcar, en último término, a todo el cuerpo social. Y así su actividad, lejos de beneficiar apenas a su pequeño grupo familiar, adquiere una amplitud proporcionada a la sociedad.

El socialismo, aboliendo este primer estimulo natural y poderoso del trabajo, e instaurando, por el contrario, un régimen salarial cada vez más igualitario, en el cual los más capaces no ven compensado proporcionalmente su mejor servicio, produce desanimo en todos los trabajadores.

Así, todo el empuje y la fuerza del trabajo nacional se reducen, se debilitan y se hacen insuficientes, como sucede de modo tan evidente en Rusia y en los países satélites. Como sucede también, aunque de modo tal vez menos evidente, en Yugoslavia. Y como sucederá análogamente en la Francia autogestionaria [18].

Es importante destacar aquí la fuerza de estimulo de la desigualdad y el efecto depresivo de la igualdad general, así como el de las desigualdades microscópicas.

En una sociedad igualitaria es inevitable que la ganancia del trabajador tenga un límite máximo, igual para todos, o límites máximos muy poco desiguales. Cuán pequeña es esta desigualdad se hace evidente al compararla con las desigualdades de escalas del régimen socioeconómico que rige en Occidente.

Conviene señalar que por la propia naturaleza de las cosas, la capacidad de trabajo varía inmensamente de un hombre a otro, y que la productividad global del trabajo de una nación supone el pleno estímulo de todas las capacidades, especialmente la de los supercapaces.

En el régimen socioeconómico que rige en Occidente, los horizontes para las legítimas ambiciones de los supercapaces son indefinidos. Puestos en marcha, estimulan paso a paso a toda la jerarquía de las capacidades necesariamente menores, que también tienen ante sí posibilidades de éxito proporcionadas. Limitado el desarrollo de los supercapaces o de los capaces, el ímpetu de producción del trabajo disminuye. Por otra parte, donde los supercapaces efectúan un trabajo menor al de sus fuerzas, los capaces son a su vez desestimulados, y todo el nivel de la producción baja.

El igualitarismo conduce así, y necesariamente, a una producción inferior a la suma de las capacidades de trabajo de un país. Y tanto menor cuanto más radical fuere ese igualitarismo.

Ahora bien, no parece que el límite máximo concedido por el Projet haga otra cosa que atender las modestas aspiraciones de los medianos.

 

7. La sociedad autogestionaria y la familia

Por lo visto. el Projet parece suponer que la familia, como objeto inmediato del amor del hombre y escalón intermediario entre éste y la sociedad, no transmite multiplicado, sino que por el contrario veda el ímpetu del amor del hombre a todo el cuerpo social. Por esto, sin prohibirla (lo que sería desde luego chocante y poco gradual), la declara, disimuladamente, innecesaria para el bien común, poniéndola al mismo nivel del amor libre y de la unión homosexual [19]. La función procreadora, intrínseca a la familia, es desvinculada por el Projet de su fin natural y considerada como mera realización del individuo. La esterilidad de esa función es permitida y facilitada por todos los modos [20]. La igualdad entre d hombre y la mujer debe ser la más completa posible, no sólo en lo que se refiere al acceso a las más variadas profesiones, cuanto al cumplimiento de los quehaceres domésticos [21].

Inestable, estéril, en el socialismo autogestionario la familia se desidentificará naturalmente de sí misma y se confundirá con cualquier unión. Se desmoronará así una de las murallas que apoyan la personalidad de cada individuo. Y, como se verá, la misión educativa, tan naturalmente propia a la familia, el Projet pretende entregarla enteramente y desde la más tierna infancia, a la escuela, preferentemente única, laica y socialista.

Así, desarraigado, desvinculado de la familia, reducida esta, por otra parte, a la mera pareja, el hombre sólo tiene como ambiente la empresa autogestionaria, que queda en las condiciones más favorables para absorberlo por entero, de una manera típicamente socialista.

 

8. El tiempo libre

Para esa absorción, el PS —tan totalitario en beneficio de la sociedad autogestionaria, como lo es el comunismo en beneficio del partido— se empeña también en organizar y en instrumentar el descanso humano.

En efecto, el Projet entra también en este campo que, si no fuera reglamentado por él, sería un último refugio de la libertad humana en el mundo autogestionario. Pues en el descanso el hombro encuentra peculiares posibilidades de conocerse a sí mismo, de expresarse, formar relaciones y amistades.

Siempre gradual, el PS afirma que reconoce el derecho del hombre al tiempo libre. Así, el lector mediano, muy impresionado con esto, no se da cuenta de que el PS —fundamentalmente organizador y directivo en lo que se refiere al trabajo— profesa una concepción nueva del tiempo libre... que borra las fronteras entre éste y el trabajo y establece la planificación simultánea de uno y de otro. El PS no ve con buenos ojos el tiempo libre individual y personalizante. Desea el entretenimiento colectivo. E incluso planea el tiempo libre en el domicilio a fin de manipular mejor a los hombres, preparándolos para las pesadas y estériles labores de la vida autogestionaria [22].

 

9. El control de las condiciones de vida

En la sociedad autogestionaria, la empresa organiza totalitariamente el trabajo-descanso. ¿Quién organizará el descanso-trabajo? La constitución de organismos dirigistas se impone en este campo, incluso porque el PS quiere hacer anémica, y por fin destruir, a la familia, campo natural por excelencia del verdadero descanso. El PS estimula así la creación de asociaciones de barrios y otras similares, de las cuales parece esperar una acción decisiva en la distribución de las casas y en la redistribución no segregativa de los barrios existentes o a ser construidos. Más aun: del propio arreglo interior de los domicilios.

De esta manera, organismos paralelos a la empresa absorberán en favor del plan socialista los instantes, los restos de energía, los últimos alientos de vida que la actividad de la empresa no haya absorbido.

La víctima de tanta absorción es el individuo, alistado y “encuadrado” en los “cadres de vie” autogestionarios, y absorbido enteramente por el todo “empresa-asociaciones paralelas” [23].

El esquema de la argumentación con que el PS trata de justificar esta gigantesca absorción es siempre el mismo: a) proclamación de un derecho individual; b) afirmación de una función social de este derecho; c) planeamiento dirigista del ejercicio de este derecho bajo la alegación de que debe desempeñar su función social; d) consiguiente absorción del derecho por medio de la ley planificadora.

 

10. La educación

Queda aún por tratar la formación socialista y autogestionaria de la infancia y de la juventud.

Según el Projet, la educación comienza como muy tarde a los dos años, cuando es absolutamente deseable que el niño sea entregado a una escuda de grado preescolar o a una guardería infantil. Sin embargo, la sociedad debe estar preparada para recibir con toda normalidad a los niños cuyas madres prefieran entregarlos a la educación socialista en cualquier momento, incluso si fueren recién nacidos [24].

¡Como coincide todo esto con la esterilidad planificada de la familia autogestionaria!

En un período de transición “gradual”, ciertas escuelas podrán continuar con un régimen de enseñanza particular. Pero incluso éstas serán conectadas con la máquina estatal de enseñanza, que abarcará todas las etapas, desde la preescolar hasta la universitaria y los cursos de postgraduación. Sus directores, profesores y empleados tendrán así, en la escuela pública o privada, un papel muy análogo, aunque no idéntico, al de los directores y de los técnicos en la empresa autogestionaria. Dentro del principio de la “planificación democrática”, participarán asimismo de ésta los padres y las madres, así como los demás interesados en el proceso educativo. La “plebe” escolar, es decir, el alumnado, tendrá en el régimen de autogestión —en toda la medida de lo imaginable y hasta en mucho de lo inimaginable— derechos análogos a los de los trabajadores de la empresa autogestionaria [25].

Revolución Francesa: con el ataque del populacho a la Realeza comenzaría la demolición de la propiedad individual (Cap. II, 4).

Más aun. En la escuela y en la familia, la “plebe” infantil o juvenil será motivada y estimulada a la lucha de clases sistemática contra las autoridades docentes o domésticas; tendrá sus asambleas, sus órganos de justicia y de apelación, etc. [26].

Los programas escolares, el conjunto del personal docente y el sentido socialista y laico de la formación de la inteligencia deberán estar bajo la autoridad del Poder Público, en escuelas estatizadas o autogestionarias [27].

El Projet no es totalmente claro en lo que se refiere a las escudas que irán sobreviviendo... o muriendo en manos privadas, en la medida en que lo disponga la estrategia gradual. Sin embargo, no es difícil conjeturar que estas sólo conseguirán substraerse a esta influencia y a este poder en escasa medida y a título precario, en la mejor de las hipótesis... [28].

¿Una a red educacional así no es totalitaria? — El Projet intenta substraerse a esta pregunta embarazosa alegando que el plan de dirección de la enseñanza será elaborado democráticamente, de manera que todos y cada uno puedan expresar su opinión.

De esta manera, ese plan representaría la voluntad de todos.

En este sofisma se basan los socialistas para afirmar que el sistema unificado de enseñanza no es un monopolio. ¿Cómo tachar de monopolio —dicen— un sistema único, es verdad, pero en el cual todos están invitados a participar?

Resulta claro que muy a su manera el Projet realiza la trilogía “liberté, égalité, fraternité”: en el momento de la decisión colectiva todos son iguales, el poder de decisión cabe a la mayoría. Le corresponde decidir por completo en materia educacional. Y a la minoría le cabe obedecer. Entonces, donde se realiza la libertad individual? En el mismo momento en que tiene lugar la votación, pues cada uno es libre de discutir y de votar como le plazca. Y sólo en ese momento...

 

11. El derecho de propiedad en el régimen autogestionario

Todo lo expuesto hasta aquí deja claro el sentido socialista global (y no sólo empresarial como muchos imaginan) del régimen autogestionario. Y también hace evidente el carácter gradual de la estrategia del PS.

Conviene ahora analizar especialmente la empresa autogestionaria.

El lector habituado a las empresas actuales tal vez se imagine que la aplicación de las reglas de la democracia política, a la vida económica y social de las empresas autogestionarias, tiene un alcance más bien literario y demagógico que real. Se equivoca.

Como ya fue dicho, el Poder soberano, a quien compete decidir sobre todas las grandes cuestiones de la empresa autogestionaria, es realmente la asamblea de los trabajadores. De esta asamblea emanarán, por vía de votación (detalle importante: el Projet no habla de voto secreto…), los órganos directivos. Por ella serán elegidos los miembros de esos órganos. Para que este “sufragio universal” acierte en sus opciones, el Projet prevê reuniones de los obreros de cada empresa, en las cuales, por lo que parece, los órganos directivos darán informaciones referentes a la empresa para ser debatidas por los presentes. Se diría que cada asamblea obrera intentará reproducir, en alguna medida, la democracia directa de los antiguos municipios griegos...

Nótese que, en determinado tipo de asuntos, las resoluciones habrán de ser adoptadas en común con los consumidores, los usuarios y los representantes de la colectividad (ver Cuadro IV — La empresa autogestionaria ideal propuesta por los socialistas).

¿Sobrevivirá la propiedad privada en el régimen concebido por el Projet? Alértese el lector, pues, según el lenguaje del Projet, podrá recibir de un socialista francés, respuestas de las más tranquilizadoras... y al mismo tiempo de las más vacías.

En el lenguaje corriente, a la propiedad estatal se contrapone la propiedad privada [29]. En este sentido, la empresa autogestionaria puede ser calificada —bajo ciertos aspectos— como privada, pues su situación frente al Estado no se confunde con la de la empresa estatizada.

El Projet, califica a la empresa autogestionaria como “socializada”. O sea, no estatal (privada) sí, pero tampoco perteneciente a individuos, pues grosso modo, las atribuciones del propietario individual pasan a la asamblea de los trabajadores.

¿Sobrevivirá la propiedad particular en el régimen socialista? Sólo durante un plazo muy corto —responde el Projet— en lo tocante a la gran empresa. Y en lo que respecta a la empresa mediana y pequeña, tendrá una duración un tanto mayor y condicionada a múltiples circunstancias [30]. ¿A partir de qué nivel una empresa dejará de ser calificada como pequeña y pasará a ser considerada como mediana? Análogamente, ¿a partir de qué nivel la empresa mediana pasará a ser calificada como grande? Según nuestros hábitos mentales, formados en el actual régimen, tenemos a este respecto nociones genéricas, inspiradas en el sentido común. Pero estos hábitos mentales no coinciden con la sociedad nueva, que generará otros. Así quedará dependiendo de la ley la fijación de estos límites. Lo que abrirá para el Poder Público la posibilidad de ir aboliendo de forma “gradual” los niveles de las propiedades [31]. De tal manera que, de aquí a algunos años, las empresas que ahora son consideradas medianas habrán de soportar las severas imposiciones de la gran propiedad. Y serán consideradas como propiedades medianas las empresas ahora estimadas como pequeñas. Todo eso para que el número de las propiedades individuales pequeñas (momentáneamente favorecidas en el plano fiscal) se restrinja cada vez más.

Está claro que en el contexto general del Projet, la propiedad privada, aun reducida a tan pequeñas proporciones, toma el aspecto de una contradicción, pues mantiene su carácter individual en el seno de un orden de cosas enteramente social. De donde se deduce que el término de la acción socialista gradual será la completa extinción de toda propiedad individual [32].

En efecto, el Projet adopta la estrategia gradual que rechaza la extinción sumaria de todas las propiedades y dispone las etapas para su extinción gradual. Según el Projet, durante cierto tiempo el régimen autogestionario admitirá propiedades pequeñas, medianas e incluso grandes. Pero —por lo menos estas dos últimas categorías— en estado agónico, como hace poco fue dicho. ¿Cómo afirmar que en la lógica de su igualitarismo férreo, el Estado autogestionario no tiene por objetivo, después de la extinción de las propiedades medianas y grandes, también la de las pequeñas?

Además, ¿cómo podrá un trabajador del régimen autogestionario tener acceso a la condición de propietario con la simple acumulación de lo que recibe para su sustento? ¿Al cabo de cuánto tiempo de trabajo? ¿Para disfrutar entonces de su propiedad apenas unos pocos años? Para dejarla al hijo habido en alguna de sus uniones, entregado en la primerísima infancia al Estado y cuya mentalidad ha sido modelada exclusivamente por éste, de suerte que sea un extraño para sus propios padres, posiblemente extraños el uno para el otro, unidos de un modo inestable? Estas preguntas dejan muy claro hasta qué punto la propiedad, incluso la pequeña, se incrusta de una manera forzada en la contextura del mundo autogestionario. O sea, sólo va sobreviviendo en éste por causa de la acción gradual [33].

 

12. La propiedad rural en el “Projet Socialiste”

El Projet se da a conocer mucho más en sus metas que en las etapas que admite o tolera por necesidad estratégica.

En esta perspectiva, ¿cuál es la situación de la propiedad rural —es decir, de la propiedad pequeña y de dimensiones familiares— en la sociedad modelada por el PS? La pregunta supone ya eliminadas las propiedades grandes y medianas.

El Projet —así como también la Declaración de política general del Gobierno efectuada por el Primer Ministro Pierre Mauroy— es vago y ambiguo en esta materia.

El Projet propone medidas que, a primera vista, parecerían de sentido común y de protección al agricultor: desarrollo de la producción, organización de los mercados, revalorización de la condición del agricultor y garantía de la tierra. La única excepción es un sistema de protección de los precios de los productos agrícolas, lógicamente sólo —o casi solamente— para los pequeños productores; los demás productores, gradualmente cada vez menos tolerados, que sobrevivan como puedan o que perezcan.

Cabe entonces preguntarse cuál es la consistencia de los derechos del pequeño propietario, ya que el elemento principal de las proposiciones socialistas es la creación de “consejos agrarios” (“offices fonciers”), que organizarán los mercados y, entre otras cosas, estarán ‘‘encargados de asegurar una mejor distribución y utilización del suelo”.

Además, estos “consejos agrarios” tendrán como misión la autogestión colectiva del conjunto de los pequeños propietarios y de los consumidores sobre el conjunto de las tierras cultivables. Lo que sujetaría a cada momento a toda pequeña propiedad a modificaciones de límites, divisiones o amalgamas en una situación de reforma agraria permanente y en una dictadura sobre los precios agrícolas [34].

Mitterand, rodeado de elementos del PS en el día de su tomada de posesión. A su derecha, el primer ministro Mauroy y, en el extremo de la foto, Willy Brandt, presidente de la Interna-cional Socialista.

Visto así en conjunto lo que el Projet dispone sobre la sociedad autogestionaria, se levantan dos preguntas relativas al pensamiento fundamental que lo inspira: ¿es este realmente liberal? ¿contiene algo sobre religión? — Es lo que pasamos a exponer.

 

III. La médula doctrinal del “Projet Socialiste”: laicismo — “liberté, égalité, fraternité”

 

1. Derechos del Hombre en la “sociedad autogestionaria”: informarse, dialogar y votar

Ya fue visto que el PS se propone educar al ciudadano desde el nacimiento hasta la muerte, modelando su alma durante el trabajo y el descanso, en la cultura y en el arte, e influyendo incluso hasta en el arreglo de su casa. ¿Qué reflejos tiene esta tendencia sobre la libertad individual?

Se confirma a esta altura lo que fue dicho al principio sobre las relaciones entre libertad e igualdad en la trilogía de la Revolución Francesa. Si por libertad se entiende el no tener encima de si nada ni nadie y poder, en consecuencia, hacer absolutamente lo que se quiera —pues éste es el significado radical y anárquico del término— el ciudadano autogestionario será libre solamente en apariencia. Sin embargo, no lo será efectivamente en ningún instante de su vida.

El ciudadano autogestionario verá restringirse cada vez más la esfera de sus decisiones puramente individuales, en la cual exprese el carácter único e inconfundible de su personalidad. Porque tanto en el trabajo cuanto en el descanso tendrá libertad de ser informado, de dialogar y de votar. Pero ordinariamente la decisión corresponderá a la colectividad. Su libertad se ceñirá a decir lo que se le ocurra en los debates públicos y a votar como quiera. Es libre como elector cuando se trate de escoger nombres y como votante en las asambleas deliberativas. Como individuo es empujado por el Projet hacia los límites del no ser [35]. Y esto no resulta inmediatamente en beneficio del Poder Público, sino de un tejido o de un mecanismo social compuesto por grupos autogestionarios empresariales y no empresariales.

El esquema real del Poder en sociedad autogestionaria, a Partir de las asambleas, pasando por los comités y demás órganos de la sociedad, deberá tener en el extremo opuesto al Estado. Claro está que eso será así mientras la autogestión no se encamine hacia la disgregación final del Estado y la dispersión de los poderes de éste en pequeñas comunidades autocéfalas [36]. A los ojos del trabajador, este esquema podría tener la forma de un rombo. En un ángulo estaría su propia empresa, dentro de la cual él es una molécula con voz y voto. En el ángulo opuesto estaría el Estado

Pero este último se situaría en el ápice del rombo y la asamblea de los trabajadores en el vértice inferior. No es decir que una vez implantada la autogestión, esta sea una mera fachada detrás de la cual el Estado manipule todo. Eso puede suceder. Pero aquí no se consideran las deformaciones que la sociedad autogestionaria puede sufrir en la práctica. Solo se toma en cuenta la quimera socialista, como si fuese puesta en práctica en su entera genuinidad.

De esta manera, lo que e debe resaltar es que dentro de la lógica del Projet:

a) implantada la sociedad autogestionaria, los poderes del Estado irán menguando de forma “gradual”;

b) sin embargo, en el acto de implantarla por ley el Estado es omnipotente. Y mientras esta ley sirva de fundamento y de norma a esa sociedad, es en virtud de la omnipotencia del acto estatal que la constituyó y que la organizó que ésta vivirá. Acto estatal que al Poder Público le será facultado derogar o ampliar como y cuando le plazca... por lo menos mientras exista;

c) poderes tan amplios no los ejerce el Estado en las sociedades de Occidente. Los Estados de Oriente y de Occidente adoptaron en teoría el principio de la soberanía del sufragio universal. Pero en Occidente esta soberanía es autolimitada por el reconocimiento de libertades individuales más o menos amplias. Mientras que en Oriente este principio no tiene validez efectiva. Y, según se ve, no la tendrá en la sociedad autogestionaria, en la cual la libertad del individuo sólo consiste en el uso de la palabra y del voto en las asambleas.

El Estado es, así, quien dispone todo sobre la sociedad autogestionaria. Aniquila a la familia y la substituye. Otorga a las moléculas autogestionarias los despojos de derechos que les quedarán en la sociedad; tiene el poder ilimitado de legislar sobre la autogestión empresarial, docente o de cualquier otro tipo. Enseña, forma, nivela, llena los tiempos libres. En síntesis, se instala en la mente del individuo. A este sólo le queda condición de autómata, cuyos signos de vida propia son tan sólo informarse, dialogar y votar. Esta trilogía seria la realización concreta de la otra: “Libertad, igualdad, fraternidad”.

En una palabra, la sociedad autogestionaria tiene una moral y una filosofía propias [37] que el trabajador autómata inhalará incluso hasta en el aire que respira.

 

2. La Religión y las religiones en el “Projet”

La sociedad autogestionaria no se limita a eliminar o poner obstáculos a las libertades del individuo, sino que, como se ha visto más arriba, procura formar hasta su propia conciencia.

Estas consideraciones conducen naturalmente a analizar hasta qué punto los derechos de la Religión son mutilados por el Projet.

a) Este último es laico en cada una de sus palabras, diríase en cada una de sus letras. No piensa en Dios. Para él, la fuente de todos los derechos no es Dios sino el hombre, la sociedad. El Projet ignora completamente la otra Vida, la Revelación, la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo [38].

b) La Religión —para el Projet, las religiones, porque no reconoce el carácter sobrenatural de ninguna— son apenas hechos sociales que siempre existieron y que todavía existen. Hechos extrínsecos a la sociedad autogestionaria y frontalmente discrepantes de su laicidad.

Esto induce a prever que la sociedad autogestionaria, la cual tiende a destruir todo lo que le es extrínseco y contradictorio, trabajará para extinguir de forma “gradual” las religiones.

Es verdad que el Projet garantiza la libertad de culto. Pero circunscrita a un límite verdaderamente mínimo y a vivir en una sociedad donde todo será concebido y practicado en sentido opuesto al de la Iglesia: la economía, la organización social, el totalitarismo político, la perpetuación de la especie humana, la familia y hasta el propio hombre [39].

Juan Pablo II recibe el saludo cordial de Marchais.

El Projet implica una visión de tal manera global de la sociedad, que tiene como premisa necesaria —si bien que de modo implícito— una visión también global del Universo. Pues este último es, de algún modo, el contexto de la sociedad. Una sociedad global, laica y cerrada en si misma corresponde a un universo análogamente laico, global y cerrado en mismo.

A su vez, una visión del Universo implica la afirmación o la negación de Dios. Negación perfectamente auténtica, aunque su forma de expresión sea el mutismo [40]. El Projet es por lo tanto “a-teo”, sin Dios: ateo.

Su silencio acerca de Dios —se puede preguntar— ¿no es mera etapa “gradual” rumbo a algún panteísmo, probablemente evolucionista?

La referencia a este eventual panteísmo corresponde a la función, por así decir, redentora que el Projet atribuye a la colectividad, en la cual el individuo se rescata del naufragio en que lo coloca su propia condición individual. Es el camino para la solución de todos los problemas [41].

A su vez, la referencia al evolucionismo se relaciona con el carácter arbitrario, antinatural y artificial del reformismo socialista. Y más aún, del relativismo fundamental que profesa [42]. A partir de concepciones filosóficas muy obscuras, pero cuya influencia le penetra de punta a punta, el Projet niega los principios más fundamentales del orden natural (como la diferenciación entre la misión del hombre y de la mujer, la familia, la autoridad marital, la patria potestad, el principio de la autoridad en todos los niveles y en todos los campos, la propiedad individual, la sucesión hereditaria). El Projet pretende reconstruir —verdaderamente en pie de guerra contra la obra del Creador— una sociedad humana al revés de la naturaleza que Dios creó para el hombre.

Todo esto supone que la naturaleza, postulada por el PS como indefinidamente maleable, puede ser modelada por el hombre como a este le plazca. Lo que hace pensar en el sistema evolucionista.

 

3. El Episcopado francés ante el PS

Libertad de culto, tal vez. Pero en iglesias devastadas por la atmosfera laica y por el abandono. — Cuando el Estado lego comience a educar los niños a los dos años de edad y la familia sea equiparada al concubinato, ¿cómo se llenarán todavía las inmensas iglesias, hasta aquí con amplia concurrencia de fie-les?

A la vista de estas consideraciones, como católicos no podemos callar nuestro asombro —que, pasada la actual confusión de los espíritus, será el de todas las naciones del mundo hasta el fin de los tiempos— en vista de que ante unas elecciones capaces de abrir el camino del poder a los mentores y propulsores del PS, la Conferencia Episcopal Francesa no haya tenido una sola palabra de advertencia sobre el peligro que de esta forma corría el país. Y con él, la Iglesia, así como los escombros todavía vivos de la Cristiandad. Por el contrario, en las dos declaraciones que entonces divulgó (10 de febrero y 1° de junio p.p.), el Consejo Permanente del Episcopado francés manifestó su neutralidad ante los varios candidatos, afirmando no “querer pesar sobre las decisiones personales” de los católicos franceses y haciendo un llamamiento para que la campana electoral fuese vivida “en el revelo de los hombres y de los grupos, comprendidos en ellos los adversarios” (Nota del día 10 de febrero de 1981) [43].

En la declaración del día 1º de junio, “con motivo de las elecciones legislativas”, los Obispos señalan que “es proprio de una sociedad democrática” escoger entre programas que “se proclaman y oponen”. Así, la Iglesia Católica, al preguntar “su propia reflexión sobre el futuro próximo de nuestra sociedad”, lo hacía “no para sostener a un grupo u oponerse a quienquiera que fuese, sino para llamar la atención sobre los valores esenciales de la vida personal y comunitaria de los hombres”. Procediendo así, los Obispos pretendían contribuir “a la dignidad y a la generosidad del debate[44].

Mitterand, ¿el Walesa francés?

Tal actitud es coherente con el documento Pour une pratique chrétienne de la politique, aprobado por la casi unanimidad de los Obispos en Lourdes, en 1972 (cfr. Politique, Eglise et Foi, Le Centurion, Lourdes, 1972, pp. 75-110). En este documento los Prelados constatan que “los católicos franceses cubren hoy día todo el abanico del tablero [sic] político” (op. cit. p. 80), o sea, también el Partido Socialista y el Partido Comunista. Ante este hecho monumental los Obispos afirman simplemente la legitimidad del pluralismo y comentan con evidente simpatía el compromiso de “numerosos cristianos” en el “movimiento colectivo de liberación”, animado por la lucha de clases de inspiración marxista, a la que no condenan en términos definidos [45].

Lech Walesa

Frente a estos precedentes ya no causa mayor extrañeza el hecho —de suyo también asombroso— de que la doctrina socialista desde hace cerca de diez años venga penetrando impunemente en el rebaño confiado por el Espíritu Santo al celo y a la vigilancia de los Pastores franceses. De manera que la votación de los católicos desviados hacia el electorado socialista colaboró ponderablemente para la victoria autogestionaria en la últimas elecciones [46].

Considerando estos hechos —y tantos otros que hay en el mundo contemporáneo— se comprende mejor hasta qué punto es real que la Santa Iglesia se encuentra hoy, como constató Paulo VI, en un misterioso proceso de “autodemolición” — (Alocución del 7/12/68), y que en ella haya penetrado, según el mismo Pontífice, el “humo de Satanás” (Alocución del 29/6172).

 

IV. ¿Intervención en los asuntos internos de Francia?

 

Tanto la elección de un Jefe de Estado cuanto la de los diputados a la Asamblea Legislativa constituye, para cada país, un asunto interno, y su libertad de proceder a estos actos sin injerencias del Exterior es un elemento fundamental de la propia soberanía. En esas condiciones, podría resultar extraño que trece asociaciones, siendo doce de otros países distintos de Francia, consideren que es el caso de publicar en todo Occidente un Mensaje cuyo tema esencial es un comentario a las recientes elecciones francesas; comentario este, a su vez, dirigido a favorecer la elección de una estrategia ante el resultado que aquellas trajeron.

Pero tal objeción solo es concebible de parte de quien ignore el alcance completo del Projet socialiste, la naturaleza del PS francés, así como la amplia e inevitable repercusión de la victoria socialista en la vida política y cultural de los diversos pueblos de Occidente.

En efecto, el Projet afirma que tiene como una de sus metas la intervención en la política interna y más especialmente en la lucha de clases de los demás países. Por lo tanto, una vez que se adueñó del poder, es de temer que utilice los recursos del Estado francés y de la irradiación internacional de Francia para llevar a cabo tal propósito [47]. De esta manera, para las doce asociaciones extranjeras, el tomar posición en un documento publicado en Francia y en sus respectivas naciones, al lado de la querida y promisora TFP francesa, acerca de las metas y de la actuación del PS, no significa intervenir asuntos exclusivamente internos de otro país, sino que es prevenir el día de mañana de sus propias patrias. Publicando el presente pronunciamiento, las TFPs y entidades congéneres de España, Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Portugal, Uruguay y Venezuela, conjuntamente con la TFP de Francia, no hacen sino ejercer su derecho de legítima defensa.

Es pues coherente que entidades de doce países de Occidente se dirijan a sus compatriotas, alertándolos acerca de los problemas que la ascensión del PS francés hace prever. Y que, con el apoyo de los hermanos franceses de ideal, también hagan presente al pueblo de Francia las complicaciones internas en las cuales este pueda verse enmarañado por la concepción prevaleciente ideológico-imperialista que el Projet tiene acerca de la política internacional.

La Providencia dio a Francia una situación tal en el conjunto de las naciones de Occidente que los problemas que en ella surgen, así como los debates que a propósito de éstos en ella se traban, corresponden, con habitual frecuencia, a problemas universales. El genio francés, ágil en concientizar, lúcido en pensar, brillante en expresarse, sabe debatir estos problemas en una clave que los relaciona, en numerosas coyunturas históricas, con el pensamiento universal de la mente humana. Así, tratando de la actual situación en Francia, las sociedades que suscriben este Mensaje se dan claramente cuenta de que muchas cuestiones, actualmente en fermentación más o menos latente en sus respectivos países, podrán ver su curso acelerado y quizás arrastrado a un punto crítico, en función de la repercusión mundial de aquello que en estos próximos meses puede suceder en Francia (cfr. Cap. I, n° 4). Una razón más para afirmar que actualmente el socialismo autogestionario no crea graves perspectivas solamente para Francia sino para el mundo entero.

 

V. Glorioso porvenir de Francia según San Pío X 

San Pío X

 Nos es grato terminar estas consideraciones pidiendo a Nuestra Señora, Medianera Universal de todas las Gracias, que confirme por los hechos las palabras de resonancias proféticas del santo e inigualable Pontífice San Pío X, referentes a Francia: 

Llegará un día, y Nos esperamos que no esté muy lejano, en que Francia, como Saulo en el camino de Damasco, será envuelta por una luz celeste y escuchará una voz que le repetirá: “Hija mía, ¿por qué me persigues?” Y respondiendo: “¿Quién eres, Señor?” la voz replicará: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Dura cosa es para ti cocear contra el aguijón, porque en tu obstinación te arruinas a ti misma”. Y ella, temblorosa y atónita dirá: “Señor, ¿qué quieres que haga?” Y El dirá: “Levántate, lávate de tus manchas que te han desfigurado, despierta en tu seno los sentimientos adormecidos y el pacto de nuestra alianza, y ve, hija primogénita de la Iglesia, nación predestinada, vaso de elección, ve a llevar mi nombre, como en el pasado, a todos los pueblos y los reyes de la tierra” ( Alocución consistorial Vi ringazio, del 29 de noviembre de 1911, Acta Apostólicae Sedis, Typis Polyglottis Vaticanis, Roma, 1911, p. 657). 

Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”, prometió Nuestra Señora en Fátima. Es lo que le pedimos para Francia y para el mundo.

 

En el 64° aniversario de la última aparición de la Virgen en Fátima — São Paulo, 13 de octubre de 1981.

 

Sociedad Cultural Covadonga

American Society for the Defense of Tradition, Family and Property

Association Fnançaise pour la Defense de la Tradition, de la Famille et de la Propriété

Centro Cultural Reconquista (Portugal)

Jóvenes Bolivianos pro Civilización Cristiana

Sociedad Argentina de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad

Sociedade Brasileira de Defesa da Tradição, Família e Propriedade

Sociedad Colombiana de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad

Sociedad Chilena de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad

Sociedad Ecuatoriana de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad

Sociedad Uruguaya de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad

Sociedad Venezolana de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad

Young Canadians for a Christian Civilization

 



 

Cuadro IV

La empresa autogestionaria ideal propuesta

por los socialistas 

I — Pautas del proyecto autogestionario

· El proyecto autogestionario tiene como meta:

a) que “los trabajadores organicen ellos mismos el control de la producción y el reparto de los frutos de su trabajo”;

b) “y, más generalmente, que los ciudadanos decidan en todos los dominios de todo aquello que atañe a su vida” (“Documentation Socialiste”, nº 5, p. 57).

· El proyecto autogestionario se apoya sobre el siguiente trípode:

a) “socialización de los principales medios de producción”;

b) “planificación democrática”;

c) “transformación del Estado” (Quinze thèses, p. 11).

II — Socialización de los medios de producción

· El Projet socialiste prevé la “nacionalización” de determinadas categorías de empresas, que serán luego colocadas progresivamente en el régimen autogestionario.

· Para esto “son imaginables varias opciones”:

a) gestión tripartita: “representantes elegidos por los trabajadores, representantes del Estado (o de las regiones), representantes de ciertas categorías de usuarios”;

b) “un consejo de gestión totalmente elegido por los trabajadores de la empresa”;

c) “la coexistencia de un consejo de gestión elegido por los trabajadores, y de un consejo de vigilancia donde tendrían asiento los representantes del Estado… y de ciertas categorías de usuarios” (cfr. Quinze thèses, p. 12).

· El PS pretende que la “nacionalización” pensada de esta manera no es sinónimo de “estatización” (cfr. Quinze thèses, p. 12), ni redunda en un “colectivismo” que aplaste la libertad humana, porque “trabajadores y usuarios son… llamados a tomar parte en el consejo de las empresas nacionalizadas”, de modo que “las sociedades nacionales dispondrán… de toda la autonomía de gestión que necesiten” (Pierre Mauroy, Debates sobre la Déclaration de politique générale, “Journal Officiel”, 10/7/81, p. 81).

III — Planificación democrática

· Según la concepción del PS, la sociedad autogestionaria no implica la coerción de la libertad —sino por el contrario— porque postula la participación de todos en la elaboración de la planificación, en todas las esferas de la vida social:

“Lo que hace compatible la planificación con la autogestión es un procedimiento de elaboración democrática y descentralizado que supone una vasta participación popular, antes de la opción definitiva de las instancias políticas elegidas por el sufragio universal” (Quinze thèses, p. 16).

“La nueva sociedad no tendrá otro valor que el rigor de su principio: tendemos a realizar la unanimidad: no pretendemos partir de ella…” (Projet, p. 139).

· La finalidad de la empresa ya no será el beneficio, ni los “reflejos egoístas” de los trabajadores, sino los “objetivos sociales” fijados por la “planificación democrática”:

“La búsqueda del beneficio ya no debe decidir soberanamente si sobre la inversión, ni sobre los bienes. Debe ceder el paso a la racionalidad de los ciudadanos que afirman democráticamente sus necesidades a través de la planificación y del mercado” (Projet, p. 172).

“La autogestión no es… un simple método de gestión destinado a substituir el capital por el trabajo como agente de dirección de las empresas y a utilizar los reflejos egoístas de las unidades de base y de sus trabajadores, perpetuando los mecanismos y los resortes económicos del capitalismo. Las unidades de producción deben tener en cuenta los objetivos sociales fijados por los planes nacionales, regionales y locales” (Quinze thèses, p. 15).

· Por medio de la “planificación democrática”, los trabajadores determinarán el modelo de desarrollo: cómo, por quién y para quién producir.

“Producir, trabajar, ¡sí! pero ¿para quién? ¿por qué? y ¿cómo? Es del tipo de respuesta que los trabajadores obtendrán a estas preguntas, o más bien que ellos mismos les darán, de lo que depende del éxito de la empresa. Antes que nada, el modelo de desarrollo debe llegar a ser asunto de los propios trabajadores” (Projet, p. 176).

· También los consumidores opinarán y manifestarán sus exigencias:

“La adaptación de la producción a los deseos de los consumidores… se hará… a partir de un diálogo organizado y constante entre los productores que indicarán sus limitaciones técnicas y financieras, y los consumidores que manifestarán sus exigencias de calidad y de precio” (Projet, p. 177).

· El Plan que resulta de este amplio diálogo democrático es así el gran regulador de la economía:

“Los socialistas… subrayan que las inversiones que se regulan con base en los precios y beneficios en un momento dado, amplifican las variaciones coyunturales bruscas y se adaptan mal a la preparación del futuro. Por lo tanto, es el Plan el que debe decidir, en función de las grandes inversiones. … Dejando al mercado el ajuste exacto entre la oferta y la demanda, el plan es a los ojos de los socialistas el regulador global de la economía” (Projet, pp. 185-186).

· ¿Qué queda entonces de la libertad de la empresa? — El Projet responde:

“En definitiva, se planifica las orientaciones, pero no el detalle de la ejecución. Allí donde se detiene la marcha del plan, la iniciativa de los agentes económicos industriales, el espíritu de empresa recobran sus derechos, y el papel del mercado su utilidad” (Projet, p. 188).

IV — La transformación del Estado

· El mito marxista de la desaparición del Estado vuelve a surgir en el proyecto autogestionario bajo la manifestación de la esperanza de que “aparezcan nuevas formas de poder”, y de que así “sean transformadas la función y la naturaleza de este Estado” ( Quinze thèses, p. 19).

· Para esto se prevé “la reducción de las competencias del poder central”:

“Ciertos sectores que dependen hoy directamente del gobierno… deberán ser transferidos a los servicios o a las oficinas nacionales autónomas. Pero el máximo de responsabilidades deberá volver a las colectividades locales, departamentales y regionales” (Quinze thèses, p. 22).

· Hasta las “organizaciones de barrios” recibirán partes del poder del Estado que así se desmenuza (cfr. Quinze thèses, p. 22).

V — Funcionamiento anárquico

· En la empresa autogestionaria no habrá jerarquía ni verdadera autoridad:

“Debe quedar bien claro que la nueva legitimidad está fundada sobre un poder delegado y responsable de sus actos frente a los trabajadores”;

“La relación mandantes-mandatarios puede volver a crear, al menos parcialmente, la relación dirigentes-dirigidos. Los yugoslavos han hecho abiertamente la constatación de ello después de más de 20 años de experiencia. … Por ello, el control se debe ejercer de una manera autónoma a través de los comités de la empresa” (Quinze thèses, p. 13).

· Para evitar el restablecimiento de las jerarquías se propone algunas medidas prácticas:

“rotación de funciones”

“revocabilidad de los responsables elegidos” (Quinze thèses, P. 10).

· En la empresa autogestionaria todo es decidido por todos y llevado al conocimiento de todos:

“Por primera vez tendrá lugar ante el conjunto de los asalariados un debate sobre la política general de la empresa, sus inversiones, su organización, sus prácticas sociales, debate sancionado por la designación de representantes que tienen poder de decisión” (Projet, p. 239).

“Es preciso establecer el principio del libre acceso de los representantes de los trabajadores y de peritos de los cuales podrán  hacerse ayudar, con todas las fuentes de información existentes en la empresa. … El muro del secreto no es en verdad otra cosa sino la fortaleza del poder. Debe ser abatido” (Projet, PP. 241-242).

· Como se puede ver, estas proposiciones establecen una completa subordinación de los especialistas y técnicos a las asambleas y órganos en los que las mayorías decisivas son normalmente constituidas por miembros del cuerpo social de menor desarrollo intelectual.

VI — Estrategia gradual

· Sin embargo, la implantación de la sociedad autogestionaria, no se hará de un momento para otro. El PS adoptará una estrategia gradual.

“Para llevar a buen término esta empresa atrevida y grandiosa [de transformar la sociedad], [el PS] no podría prestar oídos a aquellos… que pregonan la liberación salvaje de todos los deseos: ‘todo, ya, para siempre y por todas partes: el trance permanente y generalizado’ y menos aun, bien entendido, a aquellos que no alaban estos impulsos sino para desviar mejor las energías y voluntades de los objetivos de la transformación social” (Projet, p. 33).

“A nosotros nos toca ir hacia el ideal y comprender lo real” (Déclaration de politique générale, “Journal Officiel”, 9/7/814, p. 46).

“El rigor, ciertamente, llama a la prudencia. Estas reformas serán lentas, pero nuestra determinación es grande” (ibídem, p. 48).

VII — Periodo de transición al socialismo

· La estrategia gradual presupone un “primer período de transición al socialismo” (Quinze thèses, p. 14), durante el cual los trabajadores irán poco a poco adueñándose de las empresas que todavía queden en la esfera privada.

· Esto se hará por un aumento gradual del poder y de la importancia de los “comités de empresa”:

“Los comités… serán obligatoriamente consultados antes de cualquier medida que se refiera a la contratación, el despido, la asignación de los puestos de trabajo, los cambios, la clasificación de los trabajadores, la determinación del ritmo de producción y en general, al conjunto de las condiciones de trabajo” (Programme commun — Propositions pour lactualisation, p. 53).

“Los comités de empresa… recibirán una información completa sobre los principales aspectos y los resultados de la gestión de las empresas” (ibídem, p. 53).

“Los comités de empresa serán previamente informados y consultados sobre todos los proyectos económicos y financieros, sobre los programas de inversión y de financiamiento, los planes de la empresa, la política de remuneración, de formación y de promoción del personal” (ibídem, p. 53).

“para someter estas informaciones a la discusión del conjunto de los trabajadores, los comités de empresa… podrán reunir especialmente al personal en el lugar de trabajo… una hora por mes tomada del tiempo de trabajo” (ibídem, p. 53).

· En este “período de transición al socialismo”, la intervención del Estado consistirá especialmente en asegurar por medio de leyes la continuidad del proceso:

“Hay allí para los socialistas una responsabilidad esencial del Estado: intervenir por la ley para combatir todo lo que, en las relaciones jurídicas de trabajo, debilita la seguridad del empleo individual y la organización colectiva de los trabajadores en la empresa” (Projet, p. 227).

· La intervención del Estado, ya en esta fase del proceso, impondrá una serie de medidas supuestamente en beneficio de los trabajadores, como por ejemplo:

“Contrato de duración indeterminada como base de las relaciones normales de trabajo” (Projet, p. 227).

— Prohibición “de cualquier cierre parcial o total de una empresa por parte del empleador como medio de presión o de sanción” (Programme commun — Propositions pour lactualisation, pp. 42-53).

— Prohibición de “registrar en un fichero… informaciones, datos o apreciaciones, de carácter no profesional, susceptibles de perjudicar al trabajador” (ibídem, p. 53).

— Derecho de “control sobre todas las cargas de la empresa ligadas a los salarios, cotizaciones sociales, presupuestos de formación de personal, ayuda habitacional, etc.” (Projet, p. 242).

— Las innovaciones tecnológicas no deben resultar en el despido del trabajador sino en la disminución de la jornada de trabajo: “El progreso técnico no se impondrá en Francia más que con los trabajadores y no contra ellos. Ellos deberán ser sus beneficiarios y no sus víctimas” (Projet, p. 174).

“El despido cesará de ser un derecho discrecional del empleador. A tal efecto, la ley restablecerá la necesidad del pedido de autorización previa al Inspector del trabajo en todos los casos, bajo pena de sanciones penales y civiles” (Programme commun — Propositions pour lactualisation, p. 51).

VIII — Meta final: “liberté, égalité, fraternité

· La sociedad autogestionaria es una exacerbada realización del lema de la Revolución Francesa: “Liberté, égalité, fraternité”:

“No hay más libertad que la del socialismo” (Projet, p. 10).

“La autogestión entendida en el conjunto de la sociedad significa el fin de la explotación, la desaparición de clases antagónicas, la realidad de la democracia” (“Documentation Socialiste”, nº 5, p. 57).

“La autogestión es la democracia generalizada en todos los niveles, es la democracia realizada para y en el socialismo” (ibídem, p. 57).

 

  Preguntamos a todo propietario, a toda alta, media o pequeña autoridad dentro de una empresa, si consideran que la misma es practicable en estas condiciones. Idéntica pregunta hacemos a todo trabajador sensato y experimentado.

  Para dar respuesta a esta pregunta imagine a la empresa de la cual es propietario o en la que trabaja, organizada mañana según este esquema: ¿Funcionaría?

  Seguramente ¡no!... 

 

 



NOTAS

 [1] La caracterización hecha aquí del PS se basa en documentación segura.

Del Congreso de Pinay de 1971 nació el actual Partido Socialista. La nueva entidad política viene desde entonces dando a luz diversos documentos oficiales de carácter doctrinal y programático, especialmente con motivo de sus congresos nacionales (de dos en dos años) y de las campanas electorales. A éstos se suma un número significativo de publicaciones internas destinadas a la formación de sus adherentes o a difundir las conclusiones de diversos coloquios y jornadas de estudio del Partido.

Ante la imposibilidad de utilizar todos los textos ofrecidos por esta abundante producción, serán preferentemente citados aquí tres documentos absolutamente fundamentales del PS:

a) El Projet socialiste pour la France des années 80 (Club Socialiste du Livre, París, mayo de 1981, 380 páginas), presenta las ambiciones del socialismo francés para los próximos diez años. El Projet vuelve a definir las prioridades socialistas y anuncia de antemano las grandes iniciativas que señalarán ante el pueblo francés el sentido de la acción del PS. Hay que hacer notar que éste no deroga los anteriores textos y programas del Partido (a los cuales se hará enseguida referencia), sino que “los extiende para ampliar a la vez el campo de acción y la visión” (op. cit., p.7).

El Projet fue aprobado por el 96% de los votos en la Convención Nacional del Partido, reunida en Alfortville el 13 de enero de 1980. En el Projet se inspiró el posterior Manifiesto de Créteil, del 24 de enero de 1981, así como las 110 Propositions pour la France, que lo acompañan. Basado en estos dos documentos, aprobados por unanimidad en el Congreso de Créteil, el Partido Socialista lanzó la campaña presidencial de Mitterrand (cfr. “Le Poing et la Rose”, n° 91, febrero de 1981).

b) En 1972, el Partido Socialista y el Partido Comunista entraron en negociaciones para establecer un contrato de gobierno, que tuvieron como resultado un Programme commun de gouvernement de la gauche, válido por cinco años. En 1977, no habiendo habido entendimiento entre los dos partidos para la renovación del acuerdo, el PS actualizó ese Programme Commun bajo su única responsabilidad. A comienzos de 1978, durante la campaña electoral, el PS divulgó el programa actualizado, con el fin de proporcionar a la opinión pública “la posibilidad de juzgar con base en documentos” lo que haría el partido en caso de que venciese las elecciones, así como permitir “a cada uno seguir su puesta en práctica” (cfr. Le Programme commun de gouvernement de la gauche — Propositions socialistes pour lactualisation, Flammarion, París, 1978, 128 págs. — Prefacio de François Mitterrand, p.3).

c) Por fin, las Quinze thèses sur l’autogestion, adoptadas por la Convención Nacional del Partido Socialista el 21 y 22 de junio de 1975 (cfr. “Le Poing et la Rose”. suplemento del n° 45, 15 de noviembre de 1975, 32 págs.), ofrecen particular interés, dado que los socialistas franceses presentan la perspectiva de una sociedad autogestionaria como “el aporte propio del PS, sobre el plano teórico por el momento, a la historia del movimiento obrero” (cfr. “Documentation Socialiste”, Club Socialiste du Livre, suplemento del n° 2, sin fecha, pp. 42-43) y pretenden haber dado nuevo contenido a la idea autogestionaria (cfr. “Documentation Socialiste”, n° 5, sin fecha, p. 58).

Con estos documentos el PS consideraba dar al elector común un conjunto de nociones lo suficientemente amplio para obtener su adhesión pensada y su voto. Estos constituyen pues, por así decir, la imagen de sí mismo dibujada por el PS. Imagen cuya fidelidad no puede ser puesta en duda, visto que se debe presumir como capaz de definirse a una corriente que acaba de conseguir tan hábil victoria estratégica. Por otra parte los socialistas asumen decididamente la responsabilidad sobre lo que publican —como se lee en el Projet socialiste— donde se afirma: “Nosotros somos los únicos que corremos el riesgo de exponer nuestras tesis claramente, con la irreductibilidad del Papel impreso. ... Nosotros nos mostramos tal como somos” (op. cit. p. 11).

Ya instalado en el Poder, el Primer Ministro socialista Pierre Mauroy presentó, en la sesión de la Asamblea Nacional del día 8 de julio, una Declaration de politique générale du Gouvernement. En esa Declaration y en el debate parlamentario que se siguió, el Primer Ministro confirma la línea general del Projet socialiste, con lo cual también provee elementos importantes para la caracterización ideológica y programática del PS (cfr. “Journal Officiel — Débats Parlamentaires”, 9 y 10 de julio de 1981). Además, el Primer Ministro afirmó expresamente en esa ocasión que había obtenido “del Consejo de ministros autorización para comprometer la responsabilidad del gobierno en esta declaración de política general conforme al artículo 49 de la Constitución” (“Journal Officiel”, 9/7/81, p. 55).

· La referencia a estos documentos será hecha en este trabajo en forma abreviada: Projet; Programme communPropositions pour lactualisation; Quinze thèses; Déclaration de politique générale respectivamente. Las negrillas en las citas son nuestras.

· Las publicaciones del PS usan la expresión Projet socialiste sea para designar específicamente el documento Projet socialiste pour la France des années 80, sea para designar, en forma más genérica, el nuevo proyecto de sociedad que proponen para Francia y para el mundo y que denominan projet autogestionnaire. En este caso Projet socialiste y projet autogestionnaire son sinónimos. En el texto de este trabajo se mantiene el mismo uso ambivalente de la expresión (sea especifico, sea general). El lector fácilmente se dará cuenta de un empleo y de otro, tanto más cuanto las citas de las fuentes socialistas echas aquí no dan lugar a dudas.

[2] Aunque la alianza entre el PS y el PC sea ostensiva, debe ser apenas ligeramente disimulado su beneficiario, o sea, los socialistas deben tomar una posición de destaque:

“Es preciso que el Partido Comunista acepte esta evidencia de la política francesa: la mayoría de los franceses no depositará su confianza en la izquierda para gobernar a menos de que esté segura que el socialismo instituirá la libertad en nuestro tiempo.

“Quiérase o no, es preciso para esto que el Partido Socialista aparezca como la fuerza animadora en la alianza. Esto no quita nada al papel que deberá desempeñar allí el Partido Comunista” (Projet, p.366).

Por su parte, los comunistas comprendieron claramente su papel. Según el secretario general del PS, Lionel Jospin, un millón y medio de electores del PC (un cuarto de la fuerza electoral de este partido) votaron por Mitterrand ya en la primera vuelta de las elecciones presidenciales (cfr. “Le Poing et la Rose”, nº 83, 30/5/81, p. 1).

[3] Las referencias que el presente trabajo hace sobre la derecha no incluyen la derecha tradicionalista francesa, con frecuencia de inspiración católica, cuya presumible actuación en las elecciones de 1974, 1978 y 1981 es difícil discernir y consecuentemente evaluar.

[4] En la Carta Apostólica Notre Charge Apostolique, del 25 de agosto de 1910, en que condena el movimiento francés Le Sillon, de Marc Sangnier, San Pío X analiza así la célebre trilogía:

“Le Sillon tiene la noble preocupación de la dignidad humana. Pero esta dignidad la entiende a la manera de algunos filósofos, de los que la Iglesia está lejos de  vanagloriarse. El primer elemento de esta dignidad es la libertad, entendida en el sentido de que, salvo en materia religiosa, cada hombre es autónomo. De este principio fundamental deduce las conclusiones siguientes: hoy día el pueblo está bajo la tutela de una autoridad distinta del pueblo; debe liberarse de ella: emancipación política. Está bojo la dependencia de patronos que, reteniendo sus instrumentos de trabajo, lo explotan, oprimen y rebajan; debe sacudir su yugo: emancipación económica. Está dominado, finalmente, por una casta llamada dirigente, a la cual su desarrollo intelectual asegura una preponderancia indebida en la dirección de los asuntos; debe substraerse a su dominación: emancipación intelectual. La nivelación de las condiciones, desde este triple punto de vista, establecerá entre los hombres la igualdad, y esta igualdad es la verdadera justicia humana. Una organización política y social fundada sobre esta doble base, la libertad y la igualdad (a las cuales se unirá bien pronto la fraternidad), he aquí lo que los sillonistas llaman democracia…

En primer lugar, en política, Le Sillon no suprime la autoridad; por el contrario, la juzga necesaria; pero quiere repartirla, o por mejor decir, multiplicarla de tal manera que cada ciudadano quede convertido en una especie de rey....

Guardadas las debidas proporciones, lo mismo sucederá en el orden económico. Substraída de las manos de una clase particular, la cualidad de patrono quedará tan multiplicada, que cada obrero vendrá a ser una especie de patrono....

He aquí ahora el elemento capital, el elemento moral.... Liberado de la estrechez de sus intereses privados y levantado a los intereses de su profesión, y más arriba, a los de la nación entera, y más arriba todavía, a los de la humanidad (porque el horizonte de Le Sillon no se detiene en las fronteras de la patria, se extiende a todos los hombres hasta los confines del mundo), el corazón humano, dilatado por el amor del bien común, abrazaría a todos los camaradas de la misma profesión, a todos los compatriotas, a todos los hombres. Y he aquí la grandeza y la nobleza humana ideal realizada por la célebre trilogía: libertad, igualdad, fraternidad....

Tal es, en resumen, la teoría, se podría decir el sueño de Le Sillon” (Acta Apostolicae Sedis, Typis Polyglottis Vaticanis, Roma, vol. II, p.613-615).

Por lo tanto San Pío X sigue las huellas de sus Predecesores, que desde Pio VI condenaron los errores sugeridos por el lema de la Revolución Francesa.

En la Carta Decretal del 10 de marzo de 1791 al Cardenal de la Rochefoucauld y al Arzobispo de Aix-en-Provence, sobre los principios de la Constitución Civil del Clero, Pio VI se expresa de la siguiente manera:

Se decreta pues en esta asamblea [la Asamblea Nacional francesa], que es un derecho establecido que el hombre constituido en sociedad goce de omnímoda libertad, de tal suerte que no debe ser naturalmente perturbado en lo que se refiere a la Religión y que es libre de opinar, hablar, escribir y hasta publicar lo que quisiere sobre asuntos de la propia Religión. Monstruosidades estas que las proclaman tomo derivadas y emanadas de la igualdad de los hombres entre si y de la libertad de la naturaleza. Pero ¿qué se puede pensar de más insensato que establecer tal igualdad y libertad entre todos, al punto de no tomarse para nada en cuenta la razón, con que la naturaleza dotó especialmente al género humano, y por la cual se distingue de los otros animales? Citando Dios creó al hombre y lo colocó en el Paraíso de delicias, ¿por ventura no le preanunció, al mismo tiempo, la pena de muerte, si comiese del árbol de la ciencia del bien y del mal? ¿Por ventura no restringió desde ese instante su libertad con este primer precepto? ¿Por ventura, enseguida, cuando el hombre se volvió reo por su desobediencia, no le impuso un mayor número de preceptos, por medio de Moisés? Y si bien que lo ‘hubiese dejado en manos de su propio albedrío’ para que pudiese merecer bien o mal, con todo le añadió ‘mandamientos y preceptos, a fin de que, si los quisiese observar, éstos lo salvasen’ (Eccli. XV, 15-16).

Pío VI

¿Dónde queda, pues, la tal libertad de pensar y de obrar que los Derechos de la Asamblea atribuyen al hombre constituido en sociedad como un derecho inmutable de la propia naturaleza?... Puesto que el hombre ya desde el comienzo tiene necesidad de sujetarse a sus mayores para ser por ellos gobernado e instruido, para poder ordenar su vida según la norma de la razón, de la humanidad y la Religión, entonces es cierto que desde el nacimiento de cada uno es nula y vana esa pregonada igualdad y libertad entre los hombres. ‘Es necesario que le estéis sujeto’ (Rom. XIII, 5). Por consiguiente, para que los hombres pudieran reunirse en sociedad civil, fue preciso constituir una forma de gobierno en virtud de la cual los derechos de la libertad fueran circunscritos por las leyes y por el poder supremo de los que gobiernan. De donde se sigue lo que San Agustín enseña con estas palabras: ‘Es pues un pacto general de la sociedad humana obedecer a sus Reyes’ (Confesiones, libro III, cap. VIII. op. ed. Maurin, p. 94). He aquí por qué el origen de este poder debe ser buscado menos en un contrato social que en el propio Dios, autor de lo que es recto y justo” (Pii VI Pont. Max. Acta, Typis S. Congreg. de Propaganda Fide, Roma, 1871, vol. I, pp. 70-71).

Pio VI condenó reiteradas veces la falsa concepción de libertad e igualdad. En el Consistorio Secreto del 17 de junio de 1793, confirmando las palabras de la Encíclica Inscrutábile Divinae Sapientiae del 25 de diciembre de 1775, declaró lo siguiente:

Estos perfidísimos filósofos emprenden todavía esto: disuelven todos aquellos vínculos por los cuales los hombres se unen entre si y a sus superiores y se mantienen en el cumplimiento del deber. Y van clamando y proclamando hasta la náusea que el hombre nace libre y no está sujeto at imperio de nadie: y que, por consiguiente, la sociedad no pasa de un conjunto de hombres estúpidos, cuya imbecilidad se prosterna ante los sacerdotes (por los cuales son engañados) y ante los reyes (por los cuales son oprimidos); de tal suerte que la concordia entre el sacerdocio y el imperio no es otra cosa sino una monstruosa conspiración contra la innata libertad del hombre”. Y agrega:

A esta falsa y mentirosa palabra Libertad, estos jactanciosos patronos del género humano ayuntaron otra igualmente falaz, la Igualdad. Es decir, como si entre los hombres que se reunieron en sociedad civil, por el hecho de estar sujetos a disposiciones de ánimo variadas y moverse de modo diverso e incierto, cada uno según el impulso de su deseo, no debiese haber alguien que por la autoridad y por la fuerza prevalezca, obligue y gobierne, así como llame al cumplimiento del deber a los que se conducen de manera desordenada, a fin de que la propia sociedad, por el ímpetu tan temerario y contradictorio de incontables pasiones no caiga en la anarquía y se disuelva completamente; a semejanza de lo que sucede con la armonía, que se compone de la conformidad de muchos sonidos y que, si no consiste en una adecuada combinación de cuerdas y de voces, se desvanece en ruidos desordenados y completamente disonantes” (Pii VI Pont. Max. Acta, Typis S. Congreg. de Propaganda Fide, Roma, 1871, vol. II, pp. 26-27).

[5] Además de los telones de acero de bambú, el comunismo se implantó en los siguientes países: Corta del Norte (1945), Vietnam del Norte (1945), Guinea (1958), Cuba (1959), Yemen del Sur (1967), el Congo (1968), Guyana (1968), Etiopia (1974), Guinea Bissau (1974), Benín (1974), Camboya (1975), Vietnam del Sur (1975), Cabo Verde (1975), Santo Tomé y Príncipe (1975), Mozambique (1975), Laos (1975), Angola (1975), Granada (1979), Nicaragua (1979).

En Afganistán desde 1978 está en el poder un gobierno de izquierda que al año siguiente permitió que las tropas rosas entrasen en el país. A pesar de todo, la guerrilla anticomunista controla la mayor parte del territorio.

Además de estos, se debe tener en consideración los gobiernos marxistas más o menos disfrazados, vigentes en diversas partes del mundo.

[6] Hubo momentos privilegiados en nuestro historia que permanecen en la memoria colectiva: 1789, 1848, la Comuna de París, y más recientemente el Frente Popular, la Liberación [de la ocupación nazi] y Mayo de 1968” (Projet, p. 157).

De la explosión de mayo de 1968 [el PS] ha recogido una buena parte de energía y de aspiraciones positivas” (Projet, p. 23).

Esta extrema izquierda difusa (que apareció a los ojos de la opinión pública sobre todo después de mayo del 68 tiene el mérito de levantar algunos problemas incómodos para todo el mundo, lo cual es útil” (“Documentation Socialiste”, nº 5, p. 36).

Así, una nueva sensibilidad en el seno mismo de la izquierda ha visto el advenimiento de una ‘critica de Izquierda del Progreso’ en la ‘revolución cultural’ nacida en California a lo largo de los años sesenta, y de la cual fue versión francesa una cierta ideología inspirada en mayo de 1968” (Projet, pp. 30-31).

[7] ....“la propia igualdad, una de las exigencias más importantes del movimiento obrero” (Projet, p. 127).

La idea de igualdad, continúa siendo nueva y fuerte” (Projet, pp. 113-114).

Es inspiración del socialismo francés, pero lo es igualmente de Marx que evoca la toma del poder por los productores inmediatos, la eliminación de la división del trabajo entre funciones de dirección y funciones de ejecución, entre trabajo manual e intelectual y que, después de la Comuna de París, evoca el desaparecimiento del Estado” (Quinze thèses, p. 6).

El cuestionar las jerarquías de remuneración debe lógicamente ser acompañado de una revalorización del trabajo manual y de un desarrollo de la rotación de las funciones” (Quinze thèses, p. 10).

Los teóricos socialistas han mostrado como las desigualdades presentadas como naturales por las clases dirigentes podrían ser progresivamente superadas” (Quinze thèses, p. 10).

La división actual del trabajo se verá progresivamente cuestionada con todo lo que ella implica de explotación y de alienación. ... Los valores jerárquicos establecidos por la sociedad capitalista abarcan todos los sectores de la vida social, así como también las relaciones entre hombres y mujeres, jóvenes y adultos, educadores y educandos, activos y pasivos, etc.” (Quinze thèses, p. 10).

Se acabará con los prejuicios: que sean abolidas las barreras y jerarquías entre las actividades físicas, recreativas, deportivas y las otras actividades llamadas ‘intelectuales’” (Projet, p. 302).

[8] Las sociedades del Este pueden reivindicar a primera vista aspectos que las hacen semejantes con el perfil tradicional socialista....:

— apropiación jurídica de lo esencial de los medias de producción por la colectividad;

— planificación de la economía;…

Pero en comparación, cuantos rasgos ponen de manifiesto que las sociedades del Este no tienen nada que ver con el socialismo.

Esas sociedades continúan siendo sociedades no igualitarias... La división social del trabajo reviste formas que no son substancialmente diferentes de las que existen en los países capitalistas. …

Los dirigentes… ejercen en nombre del proletariado una dictadura… sobre el proletariado. … No solamente el Estado no se ha debilitado, sino que ha venido a ser una máquina extremamente eficaz de control social y policial. ...

Es por esto que, aun cuando los valores afirmados son los del socialismo (y esto por otra parte no deja de tener importancia), no podemos considerar a las sociedades del Este como sociedades ‘socialistas’.

La existencia de clases sociales diferenciadas y la permanencia de un aparato de Estado coercitivo... son inherentes a las propias relaciones de producción” (Projet, pp. 67-69 y71).

[9] Se me dirá: Ud. habla de autogestión y descuida precisar su funcionamiento; lo evoca como un objetivo abstracto, una ruta quimérica que conduciría a un vago paraíso terrestre. Es verdad. Pero hay una razón para ello. Nosotros no queremos construir una nueva utopía, tan perfecta en el papel como imposible de realizar. La autogestión es una obra permanente y jamás terminada. ...Afirmando esto permanecemos fieles al espíritu del marxismo: Marx no ha pretendido nunca que el fin del capitalismo entrañara ipso facto la puesta en práctica de un régimen perfecto para toda la eternidad” (Pierre Mauroy, Héritiers de l’Avenir, Stock, París, 1977, pp. 278-279).

La crisis de autoridad es una de las dimensiones mayores de la crisis del capitalismo avanzado. Mayo del 68 fue en Francia la revelación más impresionante de ello: el profesor, el patrón, el padre, el marido, el jefe, grande o pequeño, célebre o aspirante a serlo, ha ahí, en adelante, el enemigo. Todo poder se siente cada vez más como una manipulación. … El detentor de la más pequeña parte de autoridad es por eso mismo impugnado si no es ya desacreditado. A los ojos del Partido Socialista, la existencia de esta crisis es positiva. … A condición de que ella vaya hasta su término final: el advenimiento de una nueva democracia” (Project, pp. 123-124).

Una cosa es cierta: no se volverá atrás, las formas tradicionales de la autoridad no serán restauradas. Y esto en particular en la familia: la revolución contraceptiva, por ejemplo, ha creado las condiciones de un nuevo equilibrio en la pareja” (Project, p. 125).

[10] El proyecto socialista, aun cuando deba ser gradual, es un proyecto global y radical de reorganización de la sociedad” (Projet, p.121).

Cualquiera que sea el terreno considerado, la iniciativa autogestionaria no tiene sentido a menos que se incluya en una perspectiva global” (Projet. p. 234).

El proyecto socialista es fundamentalmente un proyecto cultural. Dos postulados deben ser tomados en consideración….: a) La cultura es global;… abarca todos los sectores de la actividad humana” (Project, p. 280).

[11] Declaramos desde ahora que consideramos como nuestra, por derecho de sucesión, la herencia de la democracia política, que fue inaugurada por la burguesía togada del tiempo del rey Luís XVI” (Projet, p.15).

La perspectiva autogestionaria da sentido a las luchas por el control, por parte de los trabajadores, de su proprio trabajo… luchas a veces confusas, multiplicadas después de Mayo del 68, pero que son el eco de una larga tradición y de una exigencia tanto moral como material que se concretó en otros tiempos en la Comuna. En fin, sobre ella desemboca la tradición específicamente francesa de la responsabilidad aumentada de los ciudadanos, responsabilidad de la cual los revolucionarios de 1789-1793 y de 1848 han sido portadores. El proyecto autogestionario, tal como lo concibe el PS, es inseparable de la plena expansión de las libertades individuales y colectivas” (“Documentation Socialiste”, suplemento del nº 2, p. 43).

Por todas sus acciones, Francia, reanudará los lazos con una historia que explica en gran medida su audiencia en el mundo. No hay…. Irradiación de Francia que sea separable de su cultura y de su pasado. En el extranjero, Francia es ante todo la de la revolución de 1789, la Francia de la audacia. …Queremos que nuestro país, reanudando los lazos con su tradición, lleve alto y lejos los valores de los derechos del hombre, de la fraternidad…” (Déclaration de politique générale, “Journal Officiel”, 9/7/81, p. 55).

[12] La derecha tradicionalista francesa, no incluida en las referencias genéricas a la derecha realizadas aquí, lleva mucho más lejos su rechazo de la trilogía.

[13] Los socialistas no aceptan ni las soluciones voluntaristas de la extrema izquierda, ni la política de pequeños pasos de los reformistas, ni el mito de la unión del populismo…

El extremismo de izquierda es esta forma particular de voluntarismo que se denomina maximalismo y que consiste en querer quemar las etapas para alcanzar inmediatamente el marxismo. El maximalismo desdeña y rechaza las medidas de transición para saltar de una vez al socialismo realizado. Confunde el objetivo final con las reformas intermediarias” (“Documentation Socialiste”, n° 5. pp. 32-33).

Rehúso entrar en el debate reforma o revolución. Un debate puramente formal. Porque se es reformista desde que se acepte las mejoras temporales de la situación de los trabajadores y se es revolucionario desde que se considere como necesario un cambio fundamental de la sociedad. Los sindicatos y los grandes partidos obreros franceses siempre lo han admitido; han hecho de ello la base de su política cotidiana. No aplican el juego irresponsable del ‘todo o nada’” (Pierre Mauroy, Héritiers de l’Avenir, Stock, París, 1977, p.274).

La verdadera significación de mayo de 1968... es que la transformación de la sociedad exige un programa cuyo contenido aprovecha lo posible. Cambiar la sociedad… es rechazar la ilusión de la revolución que sería una convulsión instantánea. No hay convulsión instantánea, solución rápida y definitiva. Es preciso hacer un trabajo de gran envergadura, siguiendo una línea que yo llamaría ‘reformismo duro’.

Para nosotros, la revolución es el cambio gradual de las estructuras del sistema establecido” (ídem, ibídem, pp. 295-296).

[14] La noción de autogestión… se sitúa en el cruce de caminos del socialismo científico y del socialismo utópico (por el cual Marx y Engels, a pesar de criticarlo tenían más que respeto)” (“Documentation Socialiste”, suplemento del nº 2, p. 42).

Hoy… el socialismo cada vez más difícilmente puede edificarse sobre un modelo centralizado. Debe fijarse otros objetivos. El proyecto autogestionario, a partir de la propiedad colectiva de los principales medios de producción y de la panificación, es a inversión de la lógica que ha caracterizado hasta el presente la evolución de las sociedades industriales” (Quinze thèses, p. 6).

Este proyecto autogestionario otorga un nuevo contenido a la noción de utilidad social. Rompiendo con una visión demasiado ‘economicista’ del socialismo, no se limita a la esfera de la producción. El enfrenta los inmensos problemas socio-culturales. … El proyecto autogestionario une su finalidad igualitaria… a la intervención de mecanismo democráticos que permitirán cuestionar… la división social del trabajo” (Quinze thèses, p. 11).

[15] La actual democracia francesa es ampliamente manipulada. Es también cuidadosamente limitada. Se detiene a las puertas de la empresa” (Project, p. 231).

Estamos resueltos a promover un progreso decisivo de la democracia económica y social. Ciudadanos en sus comunas, los franceses deben serlo también en su lugar de trabajo. Los empleadores no deben ni temer ni contrariar esta evolución deseable y necesaria” (Déclaration de politique générale, “Journal Officeil”, 9/7/81, p. 49).

En nuestra sociedades occidentales, da democracia es más o menos tolerada en todas partes. Salve en la empresa. El patrón, sea un industrial independiente o un alto funcionario del Estado, tiene en sus manos lo esencial de los poderes. En detrimento de todos…. La empresa es una monarquía de estructura piramidal. En cada nivel el representante de la jerarquía es todopoderoso: sus decisiones no tienen apelación. El trabajador de base se convierte en un hombre sin poder, que no tiene derecho ni a la palabra, ni a la iniciativa” (Pierre Mauroy, Héritiers de l’Avenir, Stock, París, 1977, p. 276).

[16] Democracia económica y democracia política son indisociables; su desarrollo conjunto implica que cada trabajador, cada ciudadano tenga, en todos los niveles, la posibilidad y los medios de ser parte integrante en la elaboración de las decisiones, en la elección de los medios, en el control de la ejecución y de los resultados” (Programme commun — Propositions pour l’actualisation, p. 50).

Democracia económica y democracia social forman un todo con la democracia política” (“Documentation Socialiste”, suplemento del nº 2, p. 145).

Los socialista quieren que los franceses dejen de estar bajo tutela. La descentralización estará en el corazón de la experiencia del gobierno de la izquierda que, en los tres meses siguientes al de su acceso al poder, procederá a la reforma más significativa de estos tiempos inciertos dando el poder a los ciudadanos. La República se habrá al fin liberado de la monarquía” (Pierre Mauroy, Héritiers de l’Avenir, Stock, París, 1977, p. 295).

[17] Para que el hombre sea liberado de las alienaciones que le impuso el capitalismo, para que cese de soportar la condición de objeto… es preciso que tenga acceso a la responsabilidad en las empresas, en las universidades, así como en las colectividades en todos los niveles” (Estatutos del Partido — Declaración de Principios, “Documentation Socialiste”, suplemento del nº 2, p. 48).

Una estrategia global y descentralizada de la acción educativa y cultural… es una dimensión decisiva de nuestro combate por la autogestión. Es ésa una de las primeras condiciones para que pueda producirse el cambio de mentalidades… [La autogestión] entrañará una modificación de las concepciones actuales de la familia y del papel de las mujeres” (Quinze thèses, p. 21).

[18] Este efecto psicológico negativo es intrínseco a la autogestión. Eso sin embargo, no significa que toda y cualquier empresa autogestionaria, individualmente, conduzca a un fracaso. Porque factores circunstanciales, de naturaleza psicológica o de otro tipo, pueden en forma excepcional —en algún caso concreto— contrapesar o atenuar ese efecto de la autogestión.

Pero esto, que sólo puede suceder excepcionalmente, no puede servir de fundamento estable para el conjunto empresarial de toda una nación.

[19] Si en las posibilidades de expansión de la vida personal el Partido Socialista considera que la familia juega un papel muy importante, ciertamente reconoce que existen otras formas de vida privada (celibato, unión libre, paternidad o maternidad celibatarias, comunidades). Finalmente se pronuncia contra la represión olas discriminaciones que alcanzan a los homosexuales. Sus derechos y su dignidad deben ser respetados.

“No le corresponde legislar sobre la manera como cada uno cree gobernar su vida” (Project, pp. 151-152).

La radical equivalencia entre el matrimonio y otras formas de relación sexual es afirmada de un modo implícito, pero chocante, por el actual gobierno socialista. Incluso antes de iniciarse el período legislativo, comenzó a cumplir las promesas hechas durante la campaña electoral a los grupos de homosexuales cuyo apoyo recibiera:

a) El Ministerio de Salud decidió que Francia dejará de aplicar la clasificación adoptada por la Organización Mundial de la Salud, que califica la homosexualidad como “enfermedad mental” (cfr. “Le Monde”, 28-29/6/81).

b) A petición de los homosexuales, el Ministerio del Interior dio instrucciones de suprimir los llamados “grupos de represión” de los homosexuales, de la policía de París (inspectores encargados del control de los establecimientos de homosexuales, en especial de hacer respetar los horarios de cierre) y los ficheros de homosexuales (cuya existencia, por otra parte, la prefectura de policía niega categóricamente — cfr. “Le Monde”, 28-29/6/81).

[20] La débil difusión de los métodos contraceptivos, las condiciones restrictivas de la interrupción voluntaria del embarazo y la mala aplicación de la ley Veil [sobre el aborto], hacen que la mayoría de las mujeres no sean ni dueñas de su sexualidad ni de su maternidad... Poner fin a esta situación significa la educación sexual desde la escuela y el libre acceso a la contracepción, así como su gratuidad” (Projet. p. 247).

[21] El Projet afirma, citando un discurso de Mitterrand en Marsella, en mayo de 1979: “No se puede… ser socialista sin ser feminista” (p. 45).

Pero el feminismo del Projet se opone al reconocimiento y a la glorificación de las cualidades de la mujer en cuanto tal. Pues en esto ve “escondido bajo un discurso modernista y pretendidamente liberal... la vieja noción de feminidad que insiste en las aptitudes particulares de las mujeres, la fuerza de su instinto, la riqueza de su mundo interior... En pocas palabras, se vuelve a encontrar la idea de una naturaleza femenina diferente de la de los hombres y que siempre ha servido para justificar la marginación de las mujeres y su dominación” (pp. 50-51). Es precisamente esta diferencia tan natural entre hombre y mujer que el PS niega…

Y por esto, según el PS, “la escuela debe alentar a los dos sexos a tener las mismas ambiciones en materia de estudios y de carreras profesionales. Una enseñanza verdaderamente mixta es necesaria a fin de que dejen de verse clases prácticas; por ejemplo, donde solamente las jóvenes son relegadas al aprendizaje de la costura o del secretariado, mientras que los jóvenes son mayoritarios en las clases técnicas, industriales y comerciales. El objetivo debe ser que todas las opciones sean mixtas” (Projet. p. 249).

Por fin, el Projet afirma que la participación en las funciones familiares “debe comenzar muy pronto, porque muy pronto el niño las comprende y puede participar de ellas. Es preciso que esta participación alcanzada de niño no disminuya para tos jóvenes y no aumente para las jóvenes era la edad adulta. Y muy naturalmente esta participación se mantendrá durante la vejez” (Projet, p. 307).

[22] En la vida, no existe solamente el trabajo.

La creación del Ministerio del Tiempo Libre corresponde a una gran ambición: hacer que el tiempo libre sea el tiempo de vivir, el tiempo liberado. La sociedad del tiempo libre debe ser una sociedad de cultura…

“La expansión cultural será una de las tareas de las colectividades locales” (Pierre Mauroy, Debates sobre la Declaration de politique générale, “Journal Officiel”, 10/7/81, pp. 82-83).

La actual separación del trabajo y del tiempo libre se verá cuestionada… La empresa socialista evolucionará así hacia formas de vida cada vez más comunitarias en su seno… como también en su periferia (servicios sociales, descanso, cultura, formación, etc.)” (Projet, p. 158).

“Citemos por ejemplo la posibilidad de la utilización en común de ciertos equipos domésticos o de ciertos equipos de entretenimiento… De la misma forma, será empleado un esfuerzo sistemático para transformar y animar el medio urbano, hacerlo más comunitario y mejorar las condiciones de habitación colectiva. Un esfuerzo considerable será realizado para hacer esta última tan atrayente… cuanto la casa-habitación, gran consumidora de espacio y de energía” (Projet, p. 177).

El movimiento asociativo será el soporte privilegiado de la nueva ciudadanía, en particular por la valorización del tiempo libre… Nos corresponderá en particular borrar las segregaciones sociales en el dominio del tiempo libre. Nos dedicaremos… al desarrollo de formas sociales de descanso y de turismo” (Déclaration de politique générale, “Journal Officiel”, 9/7/81, p. 51).

“Entonces, vivir de una manera diferente es:

“— Antes que nada modificar seriamente el contenido del trabajo para que dentro de algún tiempo la distinción entre trabajo y descanso no tenga más el mismo significado que hoy. Pero si bien es verdad que este objetivo no puede ser alcanzado sin darse primero y antes que nada una transformación del trabajo, los socialistas deben asimismo proponer paralelamente una transformación del descanso;…

“Pero es necesario ir más a fondo, hacia las otras concepciones del descanso:

“— descanso al término de la jornada, en el domicilio o en sus inmediaciones, que permita establecer progresivamente nuevos ritmos de vida, transformar la vida cotidiana, y que necesita por ejemplo del desarrollo de equipos colectivos ligeros, de diferentes usos. Este descanso es uno de los medios de tener una vida familiar, cultural, militante;

“— descanso de fin de semana…

“— descanso de la jubilación…

“No cabe duda que el contenido del tiempo libre será profundamente modificado por las propuestas que son hechas en otros campos: escuela, formación continua, familia, descentralización, vida asociativa, deporte, información, salud, consumo. Permitirán hacer progresivamente de este tiempo libre un tiempo autogestionado. De todos modos, en el proyecto socialista debe haber lugar par aun tiempo libre concebido como aquel que escapa a las obligaciones y permite a cada uno expandirse, sea por el esfuerzo individual, sea por su participación en actividades colectivas” (Projet, pp. 307-309).

“… una concepción global de la vida social donde el tiempo educativo, el tiempo de trabajo, el tiempo de descanso no son más considerados como momentos aislados de la existencia individual y colectiva, sino como elementos de un conjunto coherente” (Projet, p. 289). La “coherencia”, entiéndase bien, no será la del pobre trabajador “autogestionario”, sino la del PS.

Este es el “paraíso” de libertad y democracia del régimen socialista autogestionario.

[23] “El cadre de vie forma parte de estos conceptos nuevos surgidos en los años 60, que hicieron eclosión en Mayo del 68… Este vasto concepto, que engloba tantas cosas, desde el hábitat a los transportes, pasando por el urbanismo y la arquitectura hasta el tiempo libre muy frecuentemente olvidado, no ha sido nunca definido en su globalidad…

“El cuadro de vida no puede ser aislado, desligado de las realidades económicas y sociales. ¿Qué cuadro? ¿para qué vida? Se percibe que la respuesta es política y global: es cambiando la vida, especialmente el trabajo, que se cambiará el cuadro de vida (François Mitterrand en el prefacio al libro de Jean Glavany et Philippe Martin, Changer le cadre de vie, Club Socialiste du Livre, París, 1981, p. VII).

“Es preciso poner fin a una de las más inadmisibles segregaciones: las ciudades… están siendo cada vez más las ciudades de los más ricos mientras que los suburbios están siendo los suburbios de los más pobres. Es preciso hacer que la ciudad sea, de un modo ejemplar, precisamente el lugar donde se codeen los diferentes medios sociales” (Pierre Mauroy, Debates sobre la Déclaration de politique générale, “Journal Officiel”, 10/7/81, p. 81).

“Lograr que los franceses sean nuevamente dueños de su vida cotidiana es también asociarlos a la edificación y a la gestión del cuadro de vida… Las colectividades locales regirán los mercados inmobiliarios, lo que significa el fin de la especulación, y podrán conducir un urbanismo voluntario… Daremos a los habitantes plenos poderes sobre su cuadro de vida. … El hábitat y el cuadro de vida serán tierras de elección de la nueva ciudadanía” (Déclaration de politique générale, “Journal Officiel”, 9/7/81, p. 510).

[24] “El gobierno tomará las medidas necesarias para que sea posible el acceso de todos los niños de dos a seis años al jardín de la infancia… Experimentará la organización de jardines de la infancia recibiendo a los niños desde el nacimiento hasta los seis años” (Programme commun — propositions pour lactualisation, p. 30).

Los jardines de la infancia… serán piezas maestras del dispositivo inicial. Es en esta fase que comienza la lucha contra las desigualdades y la segregación social” (Projet, p. 287).

La lucha por la igualdad comienza en el jardín de la infancia” (Projet, p. 311).

“Pero entonces, ¿cómo despertar el sentido democrático hoy anestesiado? Antes que nada, por la escuela, concebida como el lugar por excelencia del aprendizaje de la autogestión” (Projet, p. 132).

[25] “La gestión tripartita (padres e hijos, funcionarios, colectividades públicas) debe liberar las iniciativas, permitir, tras libre discusión, definir y evaluar en común los objetivos y la responsabilidad que de allí provienen para cada uno. … El espíritu de responsabilidad exige… la desaparición del control jerárquico previso” (Projet, p. 286).

“Las libertades elementales en las instituciones escolares y universitarias y en el ejército hacen igualmente parte de las exigencias del proyecto socialista: libertad de expresión y de reunión en los colegios, institutos y universidades; hogares socioeducativos dirigidos directamente por los alumnos y colegiales; participación efectiva de los alumnos en la vida y en la gestión de su establecimiento escolar; derecho de los delegados de clase a participar en todo consejo de clase, y a los alumnos de asistir; derecho de los alumnos a participar en el arreglo de su instituto o colegio; … control de los estudiantes sobre la organización de la universidad, sobre el contenido de programas…; puesta en práctica de un verdadero estatuto del estudiante” (Projet, p. 314).

“Emprenderemos una transformación profunda de nuestro sistema educativo. Todos deben participar de él: padres, delegados de los alumnos, asociaciones, representantes de los empleados y de los empleadores y, en primer lugar, los profesores… La unificación del servicio público de educación será resultado de un acuerdo y de una negociación” (Déclaration de politique générale, “Jounal Officiel”, 9/7/81, p. 51).

[26] “El proyecto socialista reconoce a los niños su pleno lugar en la sociedad: la igualdad, la libertad, la responsabilidad no están reservadas a los adultos. Desde la escuela deben ser reconocidos los derechos de expresión, de actividad creadora, a la toma de decisión” (Projet, p. 311).

“La juventud tiene también una posición específica: [en la sociedad actual] está bajo tutela… Sea cual fuere la clase a que pertenezcan, los jóvenes no tienen ninguna responsabilidad real, poco dominio sobre su vida. Hay una distancia considerable entre sus potencialidades y lo que tienen el derecho de hacer en la sociedad” (Projet, pp. 311-312).

“Nada es pues más importante hoy en día que reconocer a la juventud el derecho de ser ella misma.

“En la familia, el derecho de los más jóvenes a ser ellos mismos implica: la posibilidad de apelación del joven frente a una decisión que le atañe (orientación escolar o profesional, modo de vida…); la democratización y el desarrollo de hogares de amparo para los jóvenes en conflicto con su familia;… facilidades de alquiler de casas para los jóvenes…; el libre derecho a la contracepción y la supresión de la autorización paterna en materia de interrupción del embarazo para las menores, desarrollo considerable de la educación sexual en la escuela y la revisión de actitudes sistemáticamente represivas referentes a la sexualidad de los menores” (Projet, pp. 313-314).

[27] “... la concepción generosa y agresiva de los socialistas de un gran servicio público de enseñanza unificado y laico dirigido democráticamente” (Projet, p. 284).

“El gobierno definirá como objetivo la constitución de este cuerpo único de profesores para todas las disciplinas, para el período de escolaridad, englobando el jardín de la infancia, el primero y segundo grados, el segundo ciclo general y el profesional” (Programme commun — Propositions pour lactualisation, p. 35).

“Todos los padres podrán dar a sus hijos, fuera de los establecimientos escolares y sin el concurso de los fondos públicos, la educación religiosa o filosófica de su elección” (ibídem, p. 32).

[28] “Todos los sectores de la enseñanza y una parte importante de la educación permanente serán reunidos en un servicio público, nacional y laico, dependiendo únicamente del Ministerio de Educación nacional.

“Desde la primera legislatura será negociada, la puesta en práctica del servicio público de Educación nacional... Los establecimientos privados —sean ellos patronales, con fines de lucro o confesional— subvencionados con fondos públicos, serán por regla general nacionalizados. … Las necesarias transferencias de locales excluirás cualquier expoliación.

“La situación de los locales o del personal de los establecimientos privados no subvencionados por el Poder Público podrán ser objeto, a su petición, de un examen con vistas a su eventual integración” (Programme commun — Propositions pour 1actualisation, pp. 31-32).

[29] Según la doctrina tradicional de la Iglesia, el derecho de propiedad resulta del orden natural creado por Dios. Los seres animales, vegetales y minerales existen para uso de los hombres. Estos —cada uno de éstos— tiene pues, en virtud de su propia condición humana, el derecho de someter a su dominio cualquiera de aquellos bienes. Es la apropiación. Esta última tiene algo de exclusivo, en el sentido de que el bien apropiado no puede ser usado por otros a no ser por su dueño. A este respecto dice Pío XI, en la Encíclica Quadragésimo Anno, del 15 de mayo de 1931: “Tanto la tradición universal cuanto la doctrina de nuestro Predecesor León XIII atestiguan claramente que son títulos de dominio no sólo la ocupación de una cosa de nadie, sino también el trabajo o, como suele decirse, la especificación. A nadie se le hace injuria, en efecto, por más que otros digan lo contrario, cuando se ocupa una cosa que está al paso y no tiene dueño; y el trabajo, que el hombre pone de su parte y en virtud del cual la cosa recibe una nueva forma, o aumenta, es lo único que adjudica esos frutos al que los trabaja” (Acta Apostólicae Sedis, Typis Polyglottis Vaticanis, Roma, 1931, vol. XXIII, p. 194).

La propiedad nace también del trabajo. Dueño de sí mismo por naturaleza, el hombre es dueño de su trabajo. En consecuencia, tiene el derecho de cobrar una remuneración por el servicio que presta. Y de esta manera le pertenece a título individual, lo que adquiere con el fruto de su trabajo. Tal es la enseñanza de León XIII en la Encíclica Rerum Novarum del 15 de mayo de 1891: “Sin duda alguna, como es fácil de ver, la razón misma del trabajo que aportan los que ocupan algún oficio lucrativo y el fin inmediato que busca el obrero es procurarse para sí y poseer con propio derecho una cosa como suya. Si, por consiguiente, presta sus fuerzas o su habilidad a otro, lo hará por esta razón: para conseguir lo necesario para la comida y el vestido; y por ello, merced al trabajo aportado, adquiere un verdadero y perfecto derecho no sólo a exigir el salario, sino también para emplearlo a su gusto. Luego si, reduciendo sus gastos, ahorra algo e invierte el fruto de sus ahorros en una finca, con lo que puede asegurarse más su manutención, esta finca realmente no es otra cosa que el mismo salario revestido de otra apariencia, y de ahí que la finca adquirida por el obrero de esta forma debe ser tan de su dominio como el salario ganado con su trabajo. Ahora bien, es en esto precisamente en lo que consiste, como fácilmente se colige, la propiedad de las cosas tanto muebles como inmuebles. Luego los socialistas empeoran la situación de los obreros todos, en cuanto tratan de transferir los bienes de los particulares a la comunidad, puesto que, privándolos de la libertad de colocar sus beneficios, con ello mismo los despojan de la esperanza y de la facultad de aumentar los bienes familiares y de procurarse utilidades” (Actae Sanctae Sedis, Typographia Polyglotta S.C. de Propaganda Fide, Roma, 1890-1891, vol. XXIII, p. 642).

Finalmente, la propiedad también puede ser adquirida por sucesión. Los hijos, continuación de los padres, heredan naturalmente sus bienes. Sobre ese carácter familiar de la propiedad, afirma León XIII, en la Encíclica Rerum Novarum: “Por tanto, es necesario que ese derecho de dominio, atribuido por la naturaleza a cada persona, según hemos demostrado, sea transferido al hombre en cuanto cabeza de la familia; más aun, ese derecho es tanto más firme cuanto la persona abarca más en la sociedad doméstica. Es ley santísima de naturaleza que el padre de familia provea al sustento y a todas las atenciones de los que engendró; e igualmente se deduce de la misma naturaleza que quiera adquirir y disponer para sus hijos, que se refieren y en cierto modo prolongan la personalidad del padre, algo con que puedan defenderse honestamente, en el mudable curso de la vida, de los embates de la adversa fortuna. Y esto es lo que no puede lograrse sino mediante la posesión de cosas productivas, transmisibles por herencia a los hijos” (Acta Sanctae Sedis, vol. XXIII, p. 646).

La propiedad, como todo derecho, tiene una función social, pero no se reduce a ser una función social. Es lo que enseña Pío XII en su Radiomensaje del 14 de septiembre de 1952 al Katholikentag de Viena: “Por esto la doctrina social católica se pronuncia, entre otras cuestiones, tan conscientemente por el derecho de propiedad individual. Aquí están también los motivos profundos por los cuales los Papas de las Encíclicas sociales, y Nos mismo, Nos rehusamos a deducir, sea directa, sea indirectamente de la naturaleza del contrato de trabajo el derecho de copropiedad del trabajador sobre el capital de la empresa y, consiguientemente, su derecho de cogestión. Importaba negar tal derecho, pues tras él se enuncia un problema mayor. El derecho del individuo y de la familia a la propiedad es una consecuencia inmediata de la esencia de la persona, un derecho de la dignidad personal, un derecho, es verdad, vinculado a deberes sociales; pero que no es sin embargo meramente una función social” (Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santità Pío XII, vol. XIV, p. 314).

En esta perspectiva, se distingue la propiedad pública de la privada.

La primera consiste normalmente en los bienes que el Estado tiene para la realización de su misión. Sin salir fuera de su función específica, también puede el Estado poseer y administrar algún bien para el interés común. Por ejemplo, cuando reclama para sí la explotación de alguna riqueza del subsuelo, para disminuir con su beneficio los impuestos con los que carga al ciudadano; lo cual solamente debe hacer de un modo restringido y en circunstancias especiales; o bien cuando cierto género de riqueza es tal que el individuo que la poseyera quedaría en situación de dominar al Estado.

Los demás bienes son del dominio privado y no del dominio público. Y el propietario privado puede ser un propietario individual, un grupo o asociación de propietarios individuales.

Naturalmente, esta doctrina y esta terminología, existentes de modo explícito o implícito en el lenguaje corriente, no son las del Projet.

Este no afirma el derecho natural de propiedad, dado por Dios al hombre. Hipertrofia la propiedad colectiva de los grupos sociales, transformando cada uno de éstos, en relación a sus componentes, en un mini-Estado totalitario. Y califica de privada la propiedad autogestionaria, si bien que ésta sea instituida —en gran medida impuesta— e incluso regulada discrecionalmente por el Estado.

*   *   *

El presente Mensaje estaba acabando de ser redactado cuando salió a luz, a mediados de septiembre, la Encíclica Laborem Exercens, de Juan Pablo II. Los medios de comunicación social más importantes del Occidente la recibieron con amplia y simpática publicidad.

Sin duda, la Encíclica presenta enseñanzas nuevas, aunque no todas desarrolladas hasta sus últimas consecuencias doctrinales y prácticas.

Esto favoreció que, la mayoría de las veces, la publicidad dada al documento difundiera la impresión de que, de acuerdo con Juan Pablo II:

a) No es un imperativo de la naturaleza de las cosas que la propiedad privada (y por lo tanto no estatal) sea habitualmente individual;

b) En principio (y especialmente en las modernas condiciones de la vida económica), es legítimo e incluso preferible que, normalmente, el derecho de propiedad sea ejercido, no por propietarios individuales, sino por grupos de personas; pues de esta manera la propiedad atendería mejor a su finalidad social. En esto consistiría la “socialización” de la propiedad.

De ser aceptado este modo de entender el documento de Juan Pablo II, sería necesario concluir que:

a) Tal “socialización” estaría en fuerte contraste con los principios del Magisterio Pontificio tradicional, arriba recordados y que enseñan que la propiedad individual es una consecuencia lógica de la naturaleza personal del hombre y del orden natural de las cosas;

b) Así, el régimen socializado, propugnado por el PS francés, encontraría en la Laborem Exercens un importante respaldo.

A un católico celoso le seria penoso cargar sobre los hombros la responsabilidad de hacer, acerca de la Encíclica de Juan Pablo II, estas dos afirmaciones. Pues tendrían un incalculable alcance en el plano religioso y socioeconómico.

En efecto, si se admite semejante oposición entre el reciente documento pontificio y los documentos tradicionales del Supremo Magisterio de la Iglesia, de ahí se desencadenarían innumerables consecuencias teológicas, morales y canónicas.

Como se ve en el Capítulo II de este Mensaje, el PS francés afirma la conexión lógica entre la reforma autogestionaria de la empresa, preconizada por él, y la de la economía en general, la de la enseñanza, la de la familia y la del propio hombre. Esas múltiples reformas no son, para los socialistas franceses, sino aspectos de una sola reforma global.

Y tienen razón: “Abyssus abyssum invocat” — “Un abismo atrae otro abismo” (Ps. 41, 8). No se ve la posibilidad de que un Pontífice Romano, abriendo las compuertas a la autogestión propugnada por el socialismo francés, apoye implícita o explícitamente esa reforma global.

[30] “Los socialistas son favorables al principio de la socialización de los medios de producción en todos los sectores donde la socialización de las fuerzas productoras ya se ha hecho realidad. Lo que quiere decir por el contrario que las pequeñas y medianas empresas privadas subsistirán en un cuadro por cierto profundamente modificado y con obligaciones nuevas” (Projet, pp. 153-154).

[31] Según los socialistas, uno de los objetivos de la “planificación democrática” es determinar “cómo y hasta qué punto se opera la reducción de las desigualdades”(Quinze thèses, p. 15). O sea, los Planes del gobierno, que deben ser elaborados a nivel nacional, regional y local, tendrán en vista la perspectiva de nivelación gradual.

[32] En esta afirmación no se pretende incluir la propiedad del trabajador (del artesano, por ejemplo) sobre su instrumento de trabajo o sobre los objetos durables adquiridos con el fruto de su ganancia personal. Pero para los eventuales herederos del trabajador, este modesto patrimonio individual tendrá poca o ninguna expresión vistas las limitaciones establecidas por el Projet sobre las herencias:

“El problema de la herencia... será tratado con el mismo espíritu: fuerte progresividad sobre las grandes fortunas, pero elevadas exenciones fiscales para las sucesiones en línea directa, permitiendo la transmisión del patrimonio afectivo (casa familiar) o de la explotación agrícola o artesanal” (Projet, p. 154).

[33] “No puede haber autogestión en un régimen capitalista: una empresa privada no puede ser autogestionada” (“Documentation Socialiste”, n° 5, p. 57).

Creedme, dentro de no mucho tiempo la propiedad privada de los medios claves de la economía nacional parecerá a nuestros descendientes como una curiosidad tan aberrante como hoy nos parece el régimen feudal (Afirmación del diputado socialista Jean Poperen, durante los debates sobre la Déclaration de politique générale. “Journal Officiel”, 10/7/81, p. 77).

¿Quiere decir que repudiamos la propiedad privada? De ninguna manera. Nosotros sabemos muy bien que una forma de sociedad no substituye a otra en un día, y ni siquiera en el espacio de una generación. Al capitalismo le han sido necesarios siglos para emerger de las entraras de la sociedad feudal. Y el propio socialismo no se puso en marcha en los países capitalistas más avanzados sino después de la mitad del último siglo…

Se puede considerar que el mantenimiento de la propiedad privada individual responde a ciertas exigencias —sobre todo psicológicas— de seguridad.

Pero pensamos también desarrollar progresivamente otras prácticas (arrendamiento de la tierra a los agricultores, revalorización monetaria del ahorro, desarrollo de las viviendas de alquiler, fomento del turismo familiar al campo, etc.)” (Projet, pp. 153-154).

El Partido Socialista no solamente no cuestiona el derecho de cada uno poseer sus propios bienes durables adquiridos por el fruto de su trabajo o los instrumentos de trabajo fabricados por él, sino que garantiza su ejercicio. Al contrario, propone substituir progresivamente la propiedad capitalista por una propiedad social que puede revestir formas múltiples y para la gestión de la cual los trabajadores deben prepararse” (Estatutos del Partido — Declaración de Principios, “Documentation Socialiste”, suplemento del n° 2, p. 48).

[34]El dominio y la garantía de la tierra. — Instrumento de trabajo, la tierra será protegida contra la especulación agro-inmobiliaria por la puesta en práctica de una política que descansa sobre la creación de consejos agrarios (offices fonciers) encargados de asegurar una mejor distribución y utilización del suelo. Este será igualmente protegido contra la usura y la pérdida de fertilidad que resulte de la explotación intensiva y del abuso de técnicas agresivas contra la naturaleza y el medio ambiente” (Projet, p. 208).

“El mercado se organizará en torno a los consejos agrarios. Estos asegurarán a los agricultores la justa remuneración de su trabajo gracias a precios garantizados, teniendo en cuenta los costos de producción dentro de los limites de un quantum” (Projet, p. 206).

“Administrados por los representantes de los agricultores, los asalariados agrícolas y las colectividades locales, los consejos agrarios… asumirán especialmente las siguientes funciones: ..

“— Intervendrán en los arrendamientos

“— Dispondrán de un derecho de preferencia permanente en cualquier venta. Podrán tanto revender como arrendar las tierras así adquiridas, a los agricultores que las necesiten” (Pour une agriculture avec les socialistes, “Les cahiers de Documentation Socialiste”, n° 2, abril de 1981, p. 20).

Mitterrand describe así el funcionamiento de estos “consejos agrarios”:

“Contrariamente a lo que algunos quieren hacer creer, estos consejos no instituirán ¡ni el colectivismo, ni la coerción! No puede haber una buena política agro-inmobiliaria que no sea discutida, concertada y aceptada por las diferentes partes en juego, agricultores, colectividades locales, administración.

“Son pues los agricultores quienes administrarán por sí mismos los consejos cantonales y tendrán por papel coordinar la política agro-inmobiliaria, discutir juntos sobre ésta, tomar las decisiones de distribución y de zoneamiento de suelos que sean de desear para el mantenimiento de la población activa agrícola y del máximo de instalaciones” (apud Cl. Manceron y B. Pingaud, François Mitterrand — Lhomme, les idées, le programme, Flammarion, Paris, 1981, pp. 107-108).

[35] “El reconocimiento de pequeños grupos sociales y, por consiguiente, de intereses colectivos muy próximos al individuo y de fácil aprehensión (familia, taller, clase de escuela, asociación, barrio, etc.) es uno de los fundamentos de la sociedad socialista autogestionaria. Sin embargo, es necesario que se pueda tomar decisiones; la existencia de un interés colectivo se debe traducir en definitiva en un procedimiento. Es por esto que los socialistas… afirman que la legitimidad no podrá jamás proceder en última instancia, tanto hoy como mañana, más que del sufragio universal. El interés general y la democracia no están en guerra. Simplemente el interés general no se puede definir de otra manera que no sea por la democracia” (Projet, p. 131).

[36] Tanto como los socialistas franceses, los comunistas tienen como meta final la autogestión de la sociedad.

Se lee en el preámbulo de la Constitución rusa que “el objetivo supremo del Estado soviético es edificar la sociedad comunista sin clases en la que se desarrollará la autogestión social comunista” (Constitución — Ley Fundamental — de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, del 7 de octubre de 1977, Editorial Progreso, Moscú, 1980, p.5).

En este punto no hay divergencia doctrinal entre comunistas y socialistas. Esta sólo aparece en el modo cómo unos y otros conciben la desaparición del Estado.

El Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de Rusia define así el papel del Estado en el período de transición hacia la sociedad autogestionaria:

“El desarrollo de la democracia socialista fortalece el poder del Estado y, al mismo tiempo, prepara las condiciones de su extinción y, a la par con ello, el paso a un régimen social en el que pueda dirigirse la sociedad sin necesidad de un aparato político, sin la coerción estatal…

“Ahora bien, exhortar a la más rápida desaparición del Estado con el pretexto de combatir el burocratismo proclamar, a su vez, la necesidad de renunciar al poder estatal equivale en las condiciones del socialismo, cuando todavía existe el mundo capitalista (y, lo que es más grave aún, en el período de transición al socialismo), a desarmar a los trabajadores frente a su enemigo de clase.

“El proceso de extinción del Estado no puede ser acelerado por ninguna clase de medidas artificiales. El Estado no será abolido por nadie, sino que se irá extinguiendo paulatinamente cuando el poder político deje de ser necesario. Ello será posible cuando el Estado socialista cumpla su misión histórica, pero esto exige, a la vez, el fortalecimiento del poder político. De ahí que no se pueda contraponer, por un lado, la solicitud por fortalecer el Estado socialista y, por otro, las perspectivas de su extinción; ambas cosas son las dos caras de una misma medalla.

“El problema de la extinción del Estado, concebido dialécticamente, es el problema de la transformación del Estado socialista en la autogestión comunista de la sociedad. En el comunismo subsistirán algunas funciones sociales análogas a las que cumple hoy el. Estado, pero su carácter y las formas de su ejercicio no serán los mismos que en la etapa actual de desarrollo.

“La extinción del Estado significa: 1) La desaparición de la necesidad de la coerción estatal, así como de los órganos que la emplean; 2) La transformación de las funciones de organización, de la economía y educativo-culturales que ahora cumple el Estado en funciones sociales; 3) La incorporación de todos los ciudadanos a las tareas de dirección de los asuntos públicos y la desaparición de la necesidad de órganos de poder político.

“Cuando se borren toda clase de huellas de la división de la sociedad en clases, cuando el comunismo triunfe definitivamente y salgan de la escena las fuerzas del viejo mundo que se oponen al comunismo, desaparecerá también la necesidad del Estado. La sociedad ya no necesitará destacamentos especiales de hombres armados para garantizar el orden social y la disciplina. Entonces, como ha dicho Engels, la máquina del Estado podrá ser depositada en el museo de antigüedades junto con la rueca y el hacha de bronce” (Academia de Ciencias de la URSS — Instituto de Filosofía — Redacción General de F. V. Konstantinov, Fundamentos de la Filosofía Marxista, Editorial Grijalbo, Medico, 2ª ed., 1965, pp. 538-539).

[37] “No se adhiere al socialismo sin una determinada visión del hombre, de lo que éste quiere, de lo que puede, de lo que debe, de sus derechos y sus necesidades” (Projet, p. 10).

[38] “El partido socialista no tiene por objetivo complacerse ni dar testimonio para el más allá sino transformar las estructuras de la sociedad” (Projet, p. 33).

“La explicación de la sociedad… es una cosa, el destino último del hombre es otra” — afirma el Projet. Como si algo pudiera explicarse haciendo abstracción de su fin.

Y agrega verbosamente, a guisa de premio de consolación: “En la medida en que el clericalismo se apaga, el anticlericalismo pierde su justificación. He ahí un enriquecimiento del laicismo y una adquisición preciosa del combate socialista de estos últimos años” (Projet, p. 29). En realidad, quien resulta así “apagado”, en el Projet, más allá del clericalismo, es el Clero, es la Iglesia.

[39] Es frecuente que el católico sea más sensible a las transgresiones de la Ley de Dios en lo que se refiere a la institución de la familia que a la institución de la propiedad. Así, es posible que algún lector católico más o menos condescendiente con la empresa autogestionaria se esfuerce por imaginar una aplicación del Projet estrictamente limitada al campo empresarial, sin reflejos en el campo del hombre, de la familia y de la educación. Pura ilusión. La natural correlación entre la familia y la propiedad hace imposible esta separación de campos. Y la simple lectura del presente trabajo deja claro que la autogestión empresarial —tal cual es descrita en el Projet— es inseparable de las concepciones filosóficas y morales en las que se funda. Estas, una vez aceptadas, repercuten forzosamente en todos los campos.

[40] La Constitución Pastoral Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, expone una descripción bastante sintética y matizada del ateísmo moderno. A este título es útil citarla: “La palabra ateísmo designa realidades muy diversas. Unos niegan a Dios expresamente. Otros afirman que nada puede decirse acerca de Dios. Los hay que someten la cuestión teológica a un análisis metodológico tal, que reputan como inútil el propio planteamiento de la cuestión. Muchos, rebasando indebidamente los límites de las ciencias positivas, pretenden explicarlo todo sobre esta base puramente científica o, por el contrario, rechazan sin excepción toda verdad absoluta. Hay quienes exaltan tanto al hombre, que dejan sin contenido la fe en Dios, ya que les interesa más, a lo que parece, la afirmación del hombre que la negación de Dios… Otros ni siquiera se plantean la cuestión de la existencia de Dios, porque, al parecer, no sienten inquietud religiosa alguna y no perciben el motivo de preocuparse por el hecho religioso” (n° 19) (Concilio Vaticano II, B.A.C., Madrid, p. 232).

[41] “Entendemos que lo colectivo es sinónimo de grandeza, de belleza, de profundidad, de alegría de vivir” (Projet, p. 153). Lo que implica decir que grandeza, belleza, profundidad y alegría de vivir son sinónimos de colectivo.

[42] “Todo el movimiento de la ciencia… se inscribe en un permanente cuestionamiento de los postulados de la fase precedente” (Projet, p. 135).

“A nuestros ojos, no podría existir un saber constituido de una vez y para siempre. El conocimiento, puesto que implica una rectificación e incluso una reconstrucción permanente de la realidad tal como nos la representamos, no puede decirse jamás alcanzado y debe ser constantemente cuestionado” (Projet, pp. 136-137).

[43] Esta posición de esquiva neutralidad ante las elecciones fue reafirmada con énfasis por Mons. Jean-Marie Lustiger, nuevo Arzobispo de Paris, a propósito de una carta abierta de la JEC al Prelado, publicada en “Le Monde” (10 y 11/5/81), en la que este organismo de la Acción Católica le pedía que confirmara o desmintiera las versiones que corrían, según las cuales él personalmente habría tomado posición a favor del presidente saliente. En sus declaraciones, el Arzobispo manifiesta su asombro ante la noticia, que desmiente de manera formal, y se solidariza con la posición colectiva del Episcopado (cfr. “La Croix”, 12/5/81).

En el contexto de estas declaraciones, suenan como insuficientes algunas vagas promesas de acción combativa hechas por Mons. Jean Honore, Obispo de Evreux y Presidente de la Comisión Episcopal del Mundo Escolar, en el sentido de que la escuela católica no constituye para la Iglesia “la prioridad de las prioridades”. Los obispos desean reservar su palabra “para el día en que la escuela católica esté en peligro” (“Informations Catholiques Internationales”, n° 563, junio de 1981).

[44] Con el fin de no extender este Mensaje dejamos de reproducir aquí los pronunciamientos del Episcopado francés sobre las recientes elecciones presidenciales y legislativas, a los que hacemos referencia. Los lectores que deseen conocerlos podrán dirigirse a la dirección que figura al pie de la última página, y se les enviará, mediante el pago de 100 pesetas, el texto completo de los documentos, transcritos respectivamente de “La Documentation Catholique”, n° 1803, de 1/3/81, p. 248, y de “Le Monde”, de 3/6/81, acompañados de la traducción al castellano.

[45] En el citado documento los Obispos franceses dicen:

“Nuestro ministerio pastoral nos hace testigos del imperativo evangélico que anima a numerosos cristianos, en todos los medios sociales, y la esperanza que los lleva cuando participan en este movimiento colectivo de liberación con aquellos con los cuales son o se consideran solidarios en su vida cotidiana. Los obispos de la Comisión del Mundo Obrero, entre otros, lo han expresado en el documento de trabajo en el que nos dan cuenta de la primera fase de sus encuentros con los obreros que han hecho opción por el socialismo” (op. cit., p. 88).

“Hoy en día, un hecho nuevo irrumpe en la actualidad. Cristianos de diversos medios —obreros, rurales, intelectuales— expresan lo que viven con un vocabulario de lucha de clases...

Es evidente que este análisis en términos de ‘lucha de clases’ ha ayudado mucho a los militantes a discernir más precisamente los mecanismos estructurales de injusticias y desigualdades. Es preciso también constatar que, haciendo esto, se refieren más o menos a los instrumentos del análisis marxista de la lucha de clases.

“Para que su ambición de realizar una sociedad más justa y más fraternal no se degrade en su curso, para que beneficie a todo lo largo del camino los impulsos positivos del sentido evangélico del hombre, se impone un esfuerzo de lucidez y de discernimiento (op. cit., p. 89).

[46] Así lo afirma la conocida revista “católico-progresista” “Informations Catholiques Internationales” (n° 563, junio 1981): “Todos concuerdan: los católicos definidos como practicantes se han dividido en razón de un cuarto en favor de F. Mitterrand y tres cuartos por V. Giscard ... Que un católico reputado practicante sobre cuatro haya votado por F. Mitterrand es de una importancia política decisiva: es mucho más de un millón de sufragios que han venido a engrosar el campo de la izquierda; ahora bien… hubiera sido suficiente que la mitad de esos católicos hubiese votado por el presidente saliente para que éste fuese reelecto. François Mitterand debe, entre otras cosas, su éxito al movimiento que llevó a la izquierda a una parte de los católicos”.

Note el lector que la revista indica solamente a los “católicos practicantes”. Cabría preguntar cuántos bautizados no practicantes pero que se consideran católicos podrían haber sido influenciados por una palabra firme y aclaratoria del Episcopado y así haber negado su voto al candidato socialista.

Al señalar las razones de la victoria de Mitterrand, órganos de prensa prestigiosos y libres de sospecha comentan que el progreso más significativo de la izquierda se dio en las provincias católicas del Oeste, del Este y del Macizo Central (cfr. “La Croix”, órgano oficioso de la Arquidiócesis de París, 12/5/81; “L’Express”, del 5-11/5/81 y 12-15/5/81; e inclusive “L’Humanité”, órgano oficial del PC, 15/5/81).

Además, los católicos no se limitan a votar por el PS, sino que llegan a afiliarse al Partido —por lo que parece, sin mayores problemas de conciencia— como constata con alegría el Projet: “El partido socialista siempre ha tenido la intención de reunir, sin distinción de creencia filosófica o religiosa, a todos los trabajadores que hacen suyo el ideal y los principios del socialismo. Son ahora cada vez más numerosos los cristianos que no solamente adhieren al Partido sino a los propios análisis socialistas, sin que por eso renieguen de su fe, más bien lo contrario” (Projet, p. 29).

Lo que por cierto es público y notorio en Francia.

Pero para que no haya dudas en cuanto al sentido del verbo “adherir” de la cita anterior, Mitterrand, en sus Conversaciones con Guy Claisse, transformada en libro, así lo aclara:

Al Partido Socialista no nos sirven de coartada los católicos militantes. Están en su casa. Su número es importante…

“— ¿Entre los militantes de base?

“— Sí. Pero también en la dirección nacional y en los ejecutivos locales” (François Mitterrand, Ici et Maintenant — Conversations avec Guy Claisse, Fayard, París, 1980, p. 12).

Siendo así, la omisión del Episcopado en aclarar a estos católicos es totalmente inexplicable.

Finalmente se debe hacer notar que esta permeabilidad de elementos católicos al socialismo no es de hoy, sino que viene de mediados del siglo pasado, como se complace en narrar el propio Mitterrand en el libro citado:

“Mi propuesta, desde el primer día, ha sido que los cristianos, fieles a su fe, se reconozcan a sí mismos en nuestro Partido, y que comprendan que las múltiples fuentes del socialismo derivan hacia el mismo río. A mediados del siglo XIX, excepción hecha de la vanguardia de los Lamennais, Ozanan, Lacordaire, Arnaud, los católicos de Francia pertenecían al campo conservador. La Iglesia, sacudida por la primera revolución francesa, preocupada por el progreso del espíritu volterianos, se había colocado al lado del poder de la burguesía, poder de una clase social estrecha, egoísta, feroz cuando le es necesario.

“Cristo obscurecido, la Iglesia cómplice, no había otra salida sino en la lucha, a brazo partido, por la conquista, aquí y ahora, de un estado que los libraría de la esclavitud, de la miseria y de la humillación. Por una inclinación natural, los socialistas adhirieron, en su mayoría, a las teorías que rechazaban la explicación cristiana...

“La raigambre racionalista y la ascensión del marxismo han acentuado en el proletariado el rechazo de la Iglesia y de su enseñanza. El socialismo que se había hecho sin ella comenzó a hacerse contra ella. Pero también ¡qué silencio el del cristianismo! ¡Qué largo silencio! ...

“Sin embargo, a fines del siglo, León XIII en Roma y entre nosotros Le Sillon comenzaron a cambiar la dirección. La primera guerra mundial precipitó la evolución. Las confraternizaciones del frente, la muerte para todos y por todos lados, la patria en peligro, enseñaron cada uno a reconocer en el otro los valores por los cuales él se definía, incluso si las versiones laicas y religiosas permanecían diferentes cuando no antagónicas. Del fondo de la Iglesia y del mundo cristiano resurgió el llamamiento inicial. El personalismo de Emmanuel Mounier acabó por dar al socialismo cristiano sus títulos de nobleza (op. cit., pp. 14-15).

Frente a este panorama histórico —descrito, por cierto, bien a la manera y al gusto de los socialistas, pero al que no faltan, desgraciadamente, numerosos elementos .de verdad— sería de esperar que el Episcopado francés imitase el temple y el coraje de un San Pío X, que en la Carta Apostólica Notre Charge Apostolique del 25 de agosto de 1910 condenó vehementemente al movimiento Le Sillon (cfr. nota 4), objeto de tan reverente recordación de Mitterrand.

[47] “No puede haber un Projet socialista solamente para Francia. El dilema ‘libertad o servidumbre’, ‘socialismo o barbarie’ supera nuestro país” (Projet, p. 108).

“El Partido Socialista es un partido al mismo tiempo nacional e internacional” (“Documentation Socialiste, suplemento del n° 2, p. 50).

“El socialismo es internacional por naturaleza y por vocación” (Projet, p. 126).

El Partido Socialista adhiere a la Internacional Socialista” (Estatutos del PS, art. 2, “Documentation Socialiste”, suplemento del n° 2, p. 51).

“Desde el mismo momento en que no se identifique más con un mensaje universal, Francia deja de existir. Francia, o es una ambición colectiva o no es Francia” (Projet, p. 163).

“Francia, por lo tanto, puede ser el polo de un nuevo internacionalismo” (Projet, p. 164).

“Existen inmensas posibilidades para un país como el nuestro ... para llevar alto y lejos, en Europa y en el mundo, el mensaje universal del socialismo” (Projet, p. 18).

“Francia contribuirá a la democratización de la Comunidad Económica Europea, se servirá de sus instituciones para favorecer la convergencia de las luchas sociales” (Projet, p. 352).

“El Partido Socialista ... persigue una transformación socialista de la sociedad internacional” (Moción del Congreso de Nantes en 1977, “Documentation Socialiste”, suplemento del n° 2, p. 153).

“La búsqueda de autonomía de nuestro desarrollo es inseparable de las perspectivas internacionales del socialismo autogestionario. Guiando nuestra acción en el exterior como en el interior de nuestras fronteras, ella fundamenta nuestra participación en la cooperación internacional sobre la solidaridad de la clase de los explotados” (Projet, p. 339).

Conviene recordar, a este propósito, que Mitterrand es uno de los vice-presidentes de la Internacional Socialista (cfr. “L’Express”, 22-28/5/81).

Es también uno de los miembros fundadores del Comité Internacional de Defensa de la Revolución Sandinista (cfr. “Le Figaro”, 26/6/81). Por lo que se comprende que el comandante Arce, del Frente Sandinista de Liberación, haya saludado en Mitterrand a “un militante de la causa nicaragüense” y a un “amigo de la revolución sandinista”, cuya victoria en Francia representa “un valor político inmenso para Nicaragua y América Latina” (cfr. “Le Monde’, 13/5/81).

Mitterrand quiso homenajear con un almuerzo en el Elysée, el día de su toma de posesión del cargo, a los dirigentes y jefes de Estados socialistas de Europa, así como a representantes de la izquierda latinoamericana. La viuda del ex-presidente marxista Allende se sentó a la derecha de Mitterrand por expreso deseo de éste (cfr. “El Espectador”, Bogotá, Colombia, 24/5/81).

Ya como presidente, Mitterrand declaró que era de “urgencia prioritaria” el apoyo de Francia en la lucha del pueblo de El Salvador y prometió ayudar a Nicaragua “en su pesada tarea de reconstrucción”. “América Latina no pertenece a nadie. Está tratando de pertenecerse a sí misma y es importante que Francia y Europa le ayuden a la realización de esta meta” — declaró Mitterrand (cfr. “Jornal do Brasil”, Rio de Janeiro, 19/7/81).

Agradeciendo las felicitaciones de Fidel Castro, Mitterrand le envió un telegrama en el cual hacía constar su alegría por los vínculos personales que le unen al tirano comunista y manifestaba el deseo de “reforzar aún más la amistad entre Francia y Cuba” (cfr. “Le Monde”, 3/6/81).

Confirmando esta intención, Antoine Blanca, asistente personal del Primer Ministro Mauroy y responsable por las relaciones de su partido con América Latina y el Caribe, declaró que el PS francés no tolerará ninguna agresión, bloqueo económico o discriminación contra Cuba (cfr. “Folha de S. Paulo”, São Paulo, 27/7/81).

Recientemente, los gobiernos francés y mejicano firmaron un comunicado conjunto dando apoyo categórico al “Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional”, organización guerrillera compuesta por cinco grupos marxistas que actúan para derrocar el régimen vigente en El Salvador. Divulgado simultáneamente en Paris y en Méjico, el comunicado fue entregado en la ONU, con el fin de ser distribuido entre los países miembros (cfr. “Folha de S. Paulo”, 29/8/81), y provocó la enérgica reacción de doce países latinoamericanos, que calificaron la actitud de Francia y de Méjico como una “injerencia flagrante” en los asuntos internos de El Salvador (cfr. “Jornal do Brasil”, 4/9/81).