TRADICION
FAMILIA
PROPIEDAD
UN IDEAL, UN LEMA, UNA GESTA:
La Cruzada del siglo XX
Comisión de Estudios de las TFPs
PORTADA
Entrevista de Cristóbal Colón con los Reyes Católicos en
Barcelona (1493). Oleo de García Ibáñez, Museo del Ejército, Madrid.
La pintura evoca la gloriosa gesta de España, cuyo quinto
centenario será celebrado próximamente. Apenas terminada la reconquista de su
territorio, con la expulsión de los moros de Granada, España emprendió una
nueva y osada epopeya: la evangelización y civilización del Nuevo Mundo, que
pasó a formar parte del Imperio "donde no se ponía el sol".
Las TFPs conmemoran anticipadamente tan insigne
acontecimiento con la presentación, para los países de lengua española, de esta
obra que narra la gesta en pro de la Tradición, Familia y Propiedad, para cuyos
estandartes sigue siendo verdadero que "nunca se pone el sol".
• Se designa en este libro con el nombre genérico de TFPs
al conjunto de Sociedades de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad
constituidas bajo esa denominación, así como a las entidades que, aunque con
otros nombres, se dedican a la defensa de la trilogía Tradición, Familia y
Propiedad, y a los Bureaux TFP existentes en varias capitales.
Autónomas y cohermanas, las TFPs son el mayor movimiento
cívico-cultural anticomunista de inspiración católica del mundo.
Cuando en la reseña de cada país usamos la sigla TFP,
estamos aludiendo a la respectiva entidad local.
Comisión
de Estudios de las TFPs orientada por
CARLOS
FEDERICO IBARGUREN
MARTIN
JORGE VIANO
Proyecto
gráfico y arte final
Luis
GUILLERMO ARROYAVE
JOSE RICARDO B. LUZITANO
FELIPE BARANDIARAN PORTA
Impresión
ARTPRESS
— INDUSTRIA GRAFICA E EDITORA
Rua
Javaés 681 São Paulo Brasil
Este
volumen se terminó de imprimir el día 2 de febrero de 1990, día de la
festividad de la Purificación de la Santísima Virgen y Nuestra Señora del Buen
Suceso, en la ciudad de São Paulo, Brasil
NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
Nuestra Señora de Guadalupe, Reina y Patrona de las tres
Américas, quiso dejar impresa en los ojos de su imagen la fisonomía del indio
Juan Diego, a quien se apareció en 1531.
Las TFPs ruegan a la Santísima Virgen, que así manifestó
su misericordiosa predilección por el Nuevo Continente nacido de la Europa
católica, que proteja especialmente a las naciones americanas y que éstas
correspondan a tanta bondad luchando con dedicación para instaurar, en el
Tercer Milenio, el Reino de Cristo sobre la tierra. Es decir, el Reino de María
que el gran apóstol mariano San Luis María Grignion de Montfort anunció con
luces proféticas en el siglo XVII.
* * *
Las sociedades y bureaux TFPs existentes en veinte naciones,
más dos núcleos incipientes en países asiáticos del Mundo Libre, hacen hoy
palpitar en almas entusiastas de los cinco continentes el ideal expresado en
las palabras Tradición, Familia y Propiedad. Entidades autónomas y cohermanas,
las TFPs constituyen en su conjunto la mayor fuerza cívico-cultural
anticomunista de inspiración católica de todo el orbe.
Su punto de partida fue la ciudad de São Paulo, Brasil,
donde en 1928 el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira, entonces joven estudiante
de derecho, comenzó a militar en el movimiento de las Congregaciones Marianas.
Bajo su liderazgo, se afirmó en los años 30 un grupo de católicos que fue
irradiando gradualmente su influencia y que más tarde dió origen a la TFP
brasileña.
Este libro narra pormenorizadamente la actuación de las
TFPs y constituye, por el número y la variedad de los datos que contiene, una
obra única sobre el tema.
Para quienes deseen conocer a fondo a las TFPs, será una
lectura indispensable; tanto para los que concuerden y quieran colaborar con
ellas, como para quienes, discordando, quieran entablar un sano diálogo o
polémica a nivel doctrinal.
* * *
AL LECTOR
Hace más de cien años, Marx profetizaba que a medida que se
desarrollara la economía capitalista se agudizarían las tensiones sociales y la
lucha de clases, lo cual crearía las condiciones para que los trabajadores
conquistaran el poder en las grandes naciones industrializadas de Occidente. Se
implantaría en ellas, entonces, la dictadura del proletariado, inaugurándose
la era de la socialización del mundo.
Los acontecimientos ocurrieron de manera bien diferente.
El primer triunfo comunista se dió en una de las periferias del Occidente
industrializado: la Rusia zarista. Desde entonces, el comunismo fue
estableciendo un imperio, construido mucho más con guerras y con violentos y
sorpresivos golpes que con una autentica persuasión de las mayorías populares.
Construcción dolosa a la cual no le faltaron decisivos y desconcertantes
auxilios de altos dirigentes occidentales de las más diversas esferas, incluso
religiosas, practicantes de un pacifismo utópico y entreguista.
Durante casi tres cuartos de siglo, el imperio ideológico
gobernado desde Moscú ha contado, en el plano interno, con un poder omnímodo
que le permitió establecer un dominio total sobre los pueblos sometidos, pero
no lograr su adhesión.
En el mismo período, la propaganda comunista en Occidente
—servida por hábiles especialistas que dispusieron de cuantiosos recursos
económicos y de una amplia libertad de acción y que contaron con simpatizantes
hasta en los sectores no comunistas de la sociedad— ha incitado continuamente a
campesinos y obreros a apoderarse de los bienes de la burguesía. No obstante,
en ningún país occidental los Partidos Comunistas llegaron a transformarse en
una fuerza mayoritaria. Por el contrario, sus contingentes electorales
habitualmente son escuálidos y hasta irrisorios, o se encuentran en franco
retroceso.
Las mayorías del Mundo Libre se han mostrado, pues,
refractarias al marxismo. Es una resistencia que nace del fondo del natural
buen sentido, fortalecido por una herencia cristiana milenaria que las olas del
neopaganismo contemporáneo no han conseguido barrer. Por otro lado, el
espectáculo de la tiranía y de la miseria económica en que yacen los pueblos de
la órbita socialista acentúa y agudiza este rechazo profundo.
El comunismo se encuentra hoy en una situación
paradójica. En el auge de su poderío —su imperio se extiende por cuatro
continentes y su esfera de influencia abarca el mundo entero— tuvo que dejar
paulatinamente de amenazar y de agredir para pasar a sonreír y a pedir. Esta
nueva estrategia comenzó a manifestarse ya desde los tiempos de Nikita
Kruschev, con su coexistencia pacífica de los años 50. Recientemente, con la
glasnost y la perestroika de Gorbachov el comunismo inició una gigantesca
ofensiva diplomático-propagandística, para convencer a Occidente de que ahora
Rusia pretende liberalizarse y dejar de imponer por las armas su ideología.
Para avanzar, la revolución comunista debe disfrazarse
tanto cuanto le sea posible, debe actuar detrás de fuerzas no declaradamente
comunistas, en medio de tensiones sociales de apariencia no ideológica. Debe
intentar, así, conquistar posiciones políticas y culturales y obtener reformas
de estructura que hagan deslizar a Occidente hacia el socialismo, sin despertar
reacciones contrarias. El objetivo es claro: velar al comunismo para adormecer
al anticomunismo, dejando a este sin enemigo visible a quien denunciar.
Un ejemplo reciente de esta táctica pudo observarse en la
dinámica capital venezolana, pero podría haber ocurrido en cualquier otra gran
ciudad iberoamericana con análogos problemas. En febrero de 1989, en aquel país
muy pocos parecían conjeturar que el programa de restricciones económicas
decretado por el Presidente socialista Carlos Andrés Pérez, días después de
asumir el cargo, serviría de detonante de un motín popular que estallaría
simultáneamente en Caracas y por todo el interior. En efecto, exactamente a la
media noche del 26 de ese mes, y con una reveladora sincronía, nutridos grupos
de saqueadores bajaron desde las barriadas pobres, situadas en las colinas que
rodean a esa capital, y cayeron sobre las zonas comerciales y residenciales,
dando inicio a los saqueos profusamente noticiados por la prensa internacional.
Fueron días de episodios dramáticos que dejaron como trágica secuela centenares
de muertos y millares de heridos.
¿Quién organizó ese bien montado esquema subversivo? Casi
nadie lo preguntó. Los comunistas y sus compañeros de viaje —el socialismo
laico y la izquierda católica— evitaron cuidadosamente figurar como mentores de
los acontecimientos. Y personalidades nacionales e internacionales, así como
grandes órganos de comunicación social, comentaron los sucesos atribuyéndolos,
casi exclusivamente, a los problemas económicos que afectan a América Latina
por causa de su elevada deuda externa.
De este modo, la burguesía venezolana sufrió el brutal
impacto de la sublevación sin que pudiese reconocer claramente, por detrás de
ella, la huella digital del comuno-progresismo. Queda así predispuesta a
aceptar drásticas limitaciones de carácter socialista contra la propiedad
privada, como medio de evitar la repetición de la crisis. El
comuno-progresismo resultó, pues, el principal beneficiado por lo sucedido, con
la ventaja inestimable de no haber provocado la reacción que su presencia
notoria inevitablemente habría suscitado.
Dos meses después Gorbachov visitó Cuba, donde tuvo la
desfachatez de advertir que la revolución no debía ser exportada...
Durante mayo del mismo año, las luctuosas jornadas de
Caracas se reprodujeron en las principales ciudades de Argentina, siendo caracterizadas,
igualmente, por la trágica pérdida de vidas humanas, por un cuantioso número de
heridos y por saqueos y desórdenes acompañados de olas de rumores amenazadores.
Los motines se produjeron como consecuencia del caos financiero y
administrativo establecido por la política estatizante y dirigista del
saliente Presidente Alfonsín. Pese a la similitud de estas conmociones, la
Argentina, a primera vista, parece apartarse del ambiente de confusión que se
extiende por Ibero América, en virtud de que el nuevo Jefe de Estado Carlos
Saúl Menem —nacido musulmán y que más tarde ingresó en la Iglesia Católica, y
en cuyo partido populista cohabitan contradictoriamente tendencias de
izquierda y de derecha— ha integrado el nuevo Gobierno con representantes del
más genuino capitalismo y de elementos partidistas favorables al
neo-liberalismo económico. Así, después del caos en que cayó esta nación en los
últimos años, se diría que entra, atendiendo al carácter marcadamente conservador
del pueblo argentino, en una nueva etapa con tonalidades de centro-derecha
sobre un fondo de ambiguo consenso. ¿Será demasiado rebuscado preguntarse si
el socialocomunismo y sus compañeros de viaje intentarán, más tarde o más
temprano, que esa situación se revele tan dinámicamente izquierdista cuanto otras?
El futuro lo dirá.
De todas formas, es innegable que estamos en presencia de
un comunismo que maniobra con extrema habilidad dentro de su nueva estrategia.
Mientras las mayorías son convidadas al optimismo y a la modorra, quienes
pretenden continuar con lucidez y vigilancia la lucha ideológica contra el
comunismo y sus compañeros de viaje, encuentran una dificultad cada vez mayor
para hacer oír su voz y van siendo colocados en una posición en la que sus
adversarios tienen elementos propicios para aislarlos. Tanto más que la estrategia
de la sonrisa comunista tuvo como respuesta, por parte de las grandes potencias
capitalistas, la política de distensión con los regímenes marxistas la cual, a
partir del espectacular viaje del Presidente Nixon a Pequín en 1972, adquirió
envergadura mundial. En el ámbito iberoamericano, fue el Presidente argentino,
General Lanusse, quien anunció, ya en 1971, la caída de las barreras ideológicas
entre los países comunistas y no comunistas, al recibir en Salta al jefe marxista
del Estado chileno Salvador Allende. Quedaron entonces creadas las
circunstancias ideales para la muerte lenta por asfixia del anticomunismo.
Es en esta atmósfera artificialmente enrarecida en la que
hoy desarrollan su lucha contra el socialocomunismo las Sociedades de Defensa
de la Tradición, Familia y Propiedad, nacidas a partir de la década del 60
inspiradas en el pensamiento y en la acción del intelectual y batallador
católico brasileño Profesor Plinio Corrêa de Oliveira. Entidades autónomas y cohermanas,
las TFPs constituyen en su conjunto el mayor movimiento cívico-cultural anticomunista
de inspiración católica del mundo.
Teniendo una visión clara del panorama aquí descrito,
ellas levantan, en 15 naciones de Occidente, el estandarte rubro y dorado con
el león rampante y el lema Tradición, Familia y Propiedad para denunciar que el
comunismo no cesó de existir y que, muy por el contrario, aunque parezca
evaporarse, está en vías de consumar la conquista final de Occidente.
El curso de los acontecimientos en el momento de salir a
luz el presente libro es tal, que, si no existiese esa voz de alerta que resuena
en el silencio casi generalizado, podría temerse que, a escala mundial, el
anticomunismo militante en breve plazo entrase en estado de agonía en la mayor
parte de los países.
Las TFPs tienen entera conciencia de que, en este cuadro,
enfrentan una dificultad particularmente grave para ellas en la lucha ideológica
en que están empeñadas: las posiciones que defienden las fundamentan en las enseñanzas
tradicionales de los Romanos Pontífices, mientras la llamada izquierda
católica, con obispos y sacerdotes a la vanguardia, trabaja incesantemente en
nuestros días para dar a entender que el comunismo no representa una amenaza
para la Iglesia, ni es adversario del recto y justo orden temporal. Trabajo
que, además de dificultar la lucha de quien se opone al marxismo en nombre de
la Fe, constituye una poderosa contribución para el éxito de la estrategia de
adormecimiento llevada a cabo desde Moscú o Pequín.
Pero este obstáculo no arredra a las TFPs. Ellas están
dispuestas a permanecer en la liza, respetando siempre las leyes de Dios y de
los hombres y enfrentando todas las adversidades.
Por eso, no han vacilado en denunciar públicamente en sus
respectivas patrias —con toda la veneración y el respeto que el Derecho
Canónico preceptúa a los fieles— la contradicción existente entre la doctrina
católica tradicional de la Iglesia y la actuación de eclesiásticos y laicos en
favor del socialocomunismo. En este penoso deber, las entidades han llegado
incluso a declarar oficialmente su estado de resistencia a la política de
distensión con los gobiernos comunistas, inaugurada por el Vaticano bajo el
Pontificado de Pablo VI. En el manifiesto titulado La política de distensión
del Vaticano con los gobiernos comunistas —Para las TFPs: ¿cesar la lucha o
resistir?, publicado en grandes cotidianos de 11 países, las TFPs hacían
ver que si bien es cierto que la referida política vaticana se sitúa no en el
plano doctrinal sino en el diplomático, en la práctica tiene el efecto de
inducir a los fieles a cesar la lucha anticomunista.
En el mismo documento, las TFPs demuestran la legitimidad
—hasta ahora no discutida por ninguna autoridad eclesiástica— de la posición
de filial y respetuosa resistencia asumida ante dicha orientación
diplomático-política (1). Una resistencia no para contestar sino para conservar
la fidelidad. Una fidelidad que mantienen incólume en la hora en que tantos
claudican y dicen que ya no es posible reaccionar porque las barreras
psicológicas e ideológicas contra el comunismo fueron derribadas. "El
vínculo de la obediencia al Sucesor de Pedro, que jamás romperemos —dice la
citada declaración— que amamos desde lo más profundo de nuestra alma, al cual
tributamos lo mejor de nuestro amor, a ese vínculo nosotros lo besamos en el
momento mismo en que, triturados por el dolor, afirmamos nuestra posición. Y de
rodillas, contemplando con veneración la figura de S. S. el Papa Paulo VI,
nosotros le manifestamos toda nuestra fidelidad. En este acto filial, decimos
al Pastor de los Pastores: nuestra alma es Vuestra, nuestra vida es Vuestra.
Mandadnos lo que queráis. Sólo no nos mandéis que crucemos los brazos ante el
lobo rojo que ataca. A esto nuestra conciencia se opone".
Las TFPs persisten en su convocatoria a la opinión
pública para que mantenga las barreras ideológicas firmes allí donde no cayeron
y las levante donde se desplomaron. Ufano de su pasado de luchas, sumariamente
registrado en estas páginas, el estandarte del león dorado continúa desplegado.
A su alrededor se reúnen intelectuales, hombres de acción y jóvenes de todas
las clases sociales decididos a permanecer católicos, apostólicos, romanos y a
proclamar, confiantes en la celestial protección de la Santísima Virgen María,
lo que nadie osa proclamar en estos días: Somos los heraldos de las verdades
olvidadas, a veces culpablemente olvidadas, a veces dolosamente olvidadas; y lo
seguiremos siendo aún bajo la metralla de las injurias y de las calumnias, aún
bajo el cerco de las campañas de silencio, aún enfrentando los aislamientos y
los abandonos cobardes.
Al narrar aquí la historia de las TFPs nos honramos de
presentar al lector, en primer lugar, la biografía de Plinio Corrêa de Oliveira.
Desde muy joven fiel luchador por la Cristiandad, prosigue batallando en medio
de la atmósfera ideológica enrarecida de hoy. Su vida es una obra o mejor una
gesta: la Cruzada del siglo XX.
Este libro es único por el número y la variedad de los
datos que contiene sobre la acción de las 15 TFPs. Para buen orden de la exposición
y comodidad del lector, el contenido fue distribuido en tres partes por la
Comisión de Estudios que lo elaboró: la primera engloba la vida del Profesor
Plinio Corrêa de Oliveira y la historia de la primera TFP, que es la brasileña;
a continuación vienen las reseñas de actividades de las otras TFPs, presentadas
en orden cronológico de fundación, y, por último, las acciones conjuntas de las
TFPs en el ámbito internacional. Los autores lo ofrecen cordialmente a la creciente
legión de corresponsales, simpatizantes y amigos de esas Sociedades que se va
extendiendo por los cinco continentes. Lo ofrecen al incontable número de
personal con las que han tomado contacto en sus campañas o a través de sus
publicaciones, desde Punta Arenas y Ushuaia, en el extremo austral, hasta
Edmonton, próximo al Círculo Ártico, desde Sydney o Auckland hasta París,
pasando por las grandes capitales e innumerables ciudades y pueblos del Mundo
Libre.
Y movidos por el espíritu de noble desafío cristiano que
no excluye el sano diálogo ni la polémica a nivel doctrinal, presentamos también
esta obra a los adversarios y detractores de las TFPs. No entramos, pues, en
el campo al cual dichos adversarios se han complacido en bajar: el de las
meras difamaciones personales. Arena, por lo demás, en donde las TFPs solo han
estado presentes para defenderse y nunca para pagar una injuria con otra.
(1) Ver Parte III: Ante la Ostpolitik vaticana, para
las TFPs: ¿cesar la lucha o resistir?