Presentación

a la edición en castellano de:

 

PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA denuncia la revolución progresista desde sus orígenes, en el libro 'En Defensa de la Acción Católica'.

Actualidad, eficacia e influencia en la Historia de la Iglesia 

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“Si la doctrina católica no es esta, condénenme;

si la doctrina católica es esta, condénense”.

Plinio Corrêa de Oliveira

  

El objetivo del presente libro es hacer una historia del libro En Defensa de la Acción Católica, publicado en 1943 por Plinio Corrêa de Oliveira en su calidad de Presidente de la Junta Arquidiocesana de la Acción Católica de São Paulo.

Pero es sobre todo una historia de su autor, mostrando que, ya en aquellos años, Plinio Corrêa de Oliveira no fue principalmente un Profesor Universitario, un joven diputado, un excelente orador, un católico muy piadoso, sino un verdadero Profeta en el sentido que la doctrina católica entiende el profetismo privado en la vida de la Iglesia, después de cerrada la Revelación oficial1. Un profeta, además, que se inscribe dentro del filón que llamaríamos “eliático”, o sea con las marcas que distinguieron al Profeta Elías en su lucha contra Acab y Jezabel.

En otros términos, un profeta de nuestros días con la misión, de un lado, de defender la Iglesia y la Cristiandad, denunciando con pormenores la Revolución anticristiana y explicando sus causas más profundas, así como la imperiosa necesidad del castigo previsto por Nuestra Señora en Fátima2. Y, de otro lado, un profeta de esperanza, con la misión de pregonar el Reino de María, anunciado por la misma Señora, explicando las razones de su pertinencia dentro de la Historia de la Salvación.

No fue apenas en este período de su vida sino desde 1928, cuando comenzó la vida pública, y hasta 1995 año de su fallecimiento que Plinio Corrêa de Oliveira fue un varón —tal vez el único en su género en el siglo XX— que se destacó de modo sobresaliente como siendo el eco fidelísimo de la verdadera Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo3. Y al referirnos a la Iglesia, incluimos su fruto bendito que fue la Cristiandad.

De hecho, no hubo error que no fuese denunciado en toda la posibilidad que sus medios de acción lo permitieron. Él no sólo denunció en su vastísima obra4 los errores del pasado y del presente, sino que enseñó las verdades opuestas, pero con una fuerza y precisión hasta entonces inéditas, aún considerando los innegables méritos de sus predecesores contra-revolucionarios, fuesen éstos eclesiásticos o civiles.

A lo largo de toda esa guerra religioso-ideológica se destacó un aspecto esencial de la personalidad del Dr. Plinio: si así se pudiese decir, él resucitó la combatividad adormecida en amplios sectores católicos, inclusive en muchos ambientes contra-revolucionarios.

De hecho, a lo largo de los últimos siglos, la Revolución gnóstica e igualitaria de la cual tratamos en la Parte I de la presente obra, con la sutileza diabólica que la caracteriza, fue consiguiendo adormecer y hasta eliminar el carácter combativo de los católicos, deformando o poniendo en delirio ciertas virtudes predicadas por la Iglesia como misericordia, paz, bondad, caridad, diálogo, etc.

A propósito de la mayor polémica habida en la historia de Brasil entre católicos pro-comunistas y católicos anticomunistas, que fue aquella levantada por el Dr. Plinio en 1960 por ocasión de la publicación de su libro Reforma Agraria Cuestión de Conciencia, con el apoyo de dos obispos y un economista, el famoso sacerdote brasileño Mons. Francisco Sales Brasil5 destacó con acierto, la combatividad y la estatura de alma del Dr. Plinio, mediante las siguientes palabras: “Es también autor de esta primera parte (de RACC) el no menos erudito y no menos famoso Plinio Corrêa de Oliveira, simple congregado mariano, simple laico, cuya ciencia y ortodoxia —si él viviese en los primordios del cristianismo— tal vez le conquistasen, con los laureles de la COMBATIVIDAD IMPERTÉRRITA, el título de Santo Padre de la Iglesia” (destaque nuestro con mayúsculas).

El espíritu de combatividad caballeresca que trasluce del libro En Defensa de la Acción Católica lo describió el mismo Dr. Plinio: “Es un libro perentorio, claro, que dice lo que creo que debo decir. E, invocando la doctrina católica, con apoyo en esa doctrina, hago un desafío y el desafío es éste: ‘Si la doctrina católica no es esta, condénenme; si la doctrina católica es esta, condénense. Uno de los dos lados no puede quedar en presencia del otro. ¡Vamos!’”6.

Como era de esperarse, el adversario ideológico se esquivó de responder al desafío. Y, contrariamente a los 15 años anteriores, durante los cuales el Dr. Plinio era convidado continuamente a dar conferencias a asociaciones católicas en todo el Brasil, TODOS esos convites cesaron por una instrucción verbal de los Jerarcas a partir del momento en que el Dr. Plinio publicó En Defensa de la Acción Católica. Dicho ostracismo duró hasta el momento de su muerte, en 1995. Fueron 53 años ininterrumpidos de persecución y de exilio dentro de los medios católicos de Brasil.

Muy doloroso para Plinio Corrêa de Oliveira fue que esa persecución —prevista por él propio y relatada en este libro— era conducida meticulosamente por los mismos cuya autoridad él había defendido en su libro En Defensa de la Acción Católica, o sea los más altos, amplios e influyentes sectores de la Jerarquía eclesiástica brasileña. Todavía peor a sus ojos, era el hecho de que quienes movían tal persecución eran sectores del propio Clero ya influenciados por la herejía neo-modernista del progresismo católico, contra la cual su libro se levantó como una muralla.

Visto ese episodio con 75 años de distancia, resulta trágico constatar que la víctima de la persecución de la Jerarquía no fue la herejía modernista que se infiltraba en la Iglesia con ropajes de progresismo, sino justamente el varón providencial suscitado por la Providencia, con una misión profética7, a fin de orientar a los dirigentes del orden espiritual y temporal para evitar que el mundo y la Iglesia fuesen lanzados en las garras de la Revolución gnóstica e igualitaria.

* * *

La actualidad de la presente obra resulta del hecho de que ese mismo desafío —“si la doctrina católica no es esta, condénennos; pero, si la doctrina católica es esta, condénense”— puede ser lanzado hoy día por cualquier católico fiel a gran parte de la Jerarquía.

Porque los errores que, con diversos matices, vienen provocando aquello que Pablo VI calificó de “misterioso proceso de auto-demolición” de la Iglesia Católica son los mismos errores que el Dr. Plinio denunció como habiéndose infiltrado en el seno de la Acción Católica brasileña.

En realidad, esos errores se habían infiltrado en el movimiento mundial de la Acción Católica, pero como en los demás países no fueron denunciados, ellos se esparcieron por el mundo entero y dominaron los ambientes católicos a partir del post Concilio, dejando la Santa Iglesia de Dios en el tristísimo estado en que se encuentra en nuestros días.

Pero, aplicando el refrán que afirma que “no hay mal que por bien no venga”, decimos con dolor y respeto que la crisis interna de la Iglesia durante el actual pontificado del Papa Francisco —verdadero heraldo de las tendencias y errores que comenzaron a despuntar en los años 1930, en los círculos de la Acción Católica— permite ver con mayor claridad cuán proféticas fueron las graves denuncias hechas por Plinio Corrêa de Oliveira con 75 años de antecedencia.

Para fundamentar lo que afirmamos sobre el actual pontificado, recomendamos la excelente y actualísima obra de José Antonio Ureta, dedicado y estudioso miembro de la TFP francesa, intitulada El cambio de paradigma del Papa Francisco: ¿Continuidad o ruptura en la misión de la Iglesia? ‒ Balance quinquenal de su pontificado. El ensayo prueba con hechos irrefutables la acción demoledora del Papa Francisco e indica el deber de los católicos frente a esa demolición basada en sólida documentación teológica.

Otro aspecto positivo fue que los errores denunciados por el Dr. Plinio se difundieron con un ímpetu menor al deseado por los promotores de la Acción Católica y, más tarde, por los propugnadores del Concilio Vaticano II. En la Parte VI y en el Apéndice IV de este libro tratamos detenidamente sobre el papel de En Defensa de la Acción Católica en la referida falta de entusiasmo y en el Apéndice VI recogemos significativas lamentaciones pontificias a respecto de la falta de receptividad del Concilio entre los católicos.

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Infelizmente, En Defensa no fue publicado en ningún país de lengua hispana. Pero muchos de los errores condenados en el libro fueron posteriormente denunciados y combatidos con energía por las TFPs de Hispanoamérica y de España, las cuales durante décadas centraron su lucha contra el izquierdismo católico, inspiradas en En Defensa de la Acción Católica y en Revolución y Contra-Revolución.

Se destacó entre esas denuncias el best-seller de la TFP chilena La Iglesia del Silencio en Chile – la TFP proclama la verdad entera, donde se prueba, citando más de 220 documentos, la acción demoledora de la casi totalidad del Episcopado chileno, el cual no sólo ayudó a la ascensión del marxista Salvador Allende a la presidencia del país sino contribuyó a su mantención en el poder. La obra de la TFP chilena fue ampliamente difundida por todas las TFPs del continente, con prefacios específicos para cada país, los cuales demostraban las analogías entre el comportamiento del clero chileno y aquél del clero demoledor de la respectiva nación. Particularmente en Brasil, Plinio Corrêa de Oliveira dio su entero apoyo a la obra chilena publicando La Iglesia ante la escalada de la amenaza comunista. Apelo a los Obispos Silenciosos, el cual contiene un amplio resumen del libro chileno y fue difundido con enorme tiraje por todo el país.

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Dijimos al comienzo que Plinio Corrêa de Oliveira fue un verdadero profeta, en el sentido católico del término, y un profeta del filón “eliático”. ¿Cuál sería el nombre apropiado a ser dado a ese varón?

Si consideramos que la lucha, persecuciones, sufrimientos, grandeza de horizontes, gracias insignes, derrotas y triunfos del Dr. Plinio se asemejan mucho con la personalidad y obra del Beato Francisco Palau y Quer, él también profeta, que luchó y denunció valientemente los errores político-religiosos del siglo XIX y profetizó la gran crisis por la que pasarían la Iglesia y la Cristiandad en el futuro, como también un horrible castigo y una brillante Restauración de ambas, somos inclinados a atribuirle el apelativo que este último daba a un personaje futuro con el cual soñaba.

Con base en sus estudios, los cuales se refieren numerosas veces a un varón providencial que denunciaría los males que sufrirían la Iglesia y la Cristiandad agonizantes —que sería muy perseguido por los propios católicos, pero que indicaría también los remedios para una futura restauración—, el Beato Francisco Palau afirma: “¿Qué impide que aparezca este extraordinario misionero? Nada: las necesidades de la Iglesia reclaman de tal modo una misión como la de Elías y Moisés que creería en ella aunque no la ANUNCIARA LA TRADICIÓN CONSTANTE DE TODOS LOS PADRES Y DOCTORES ECLESIÁSTICOS” (destaque nuestro con mayúsculas)8. Y el Beato Palau designa dicho misionero con el lindo nombre de “Moisés de la ley de la Gracia”, o sea el hombre providencial que conduciría al Pueblo de Dios de la Nueva Alianza del cautiverio de la Revolución anticristiana a la Tierra Prometida del Reino de María.

Es la coyuntura en que nos encontramos y para cuya travesía los lectores encontrarán aliento en el primer episodio —relatado en este libro— de la verdadera “travesía del desierto” que fue la vida de Plinio Corrêa de Oliveira.

Notas :

1) Ver Cardenal Charles Journet, L’Église du Verbe incarnée, Desclée de Brouwer, Paris, 1962, Tercera Ed., Vol 1, pp. 174-175. El Cardenal Journet después de dar algunas características del profetismo en el Nuevo Testamento, las ilustra con varios ejemplos: “San Atanasio o San Cirilo, San Agustín o San Benito, Gregorio VII, Francisco de Asís, Domingo, veían en una especie de resplandor profético la marcha de los tiempos y la orientación que era necesario dar a las almas. El autor de la Ciudad de Dios, el contemplativo que fundó, hace 800 años la regla siempre viva de los cartujos, Santo Tomás, que elucidó, tres siglos antes de la Reforma, las verdades que iban a ser más contestadas en el inicio de los tiempos nuevos, Juana de Arco, Teresa de Ávila, he aquí los verdaderos profetas de la Iglesia” (Cfr. Juan Gonzalo Larrain Campbell, Plinio Corrêa de Oliveira: Previsiones y Denuncias en defensa de la Iglesia y de la civilización cristiana, p. 199.

2) Sobre las Previsiones Proféticas del Dr. Plinio a respecto del castigo y del Reino de María, cfr. Juan Gonzalo Larrain Campbell, op. cit. págs. 171 a 192.

3) Son muy significativas en ese sentido las palabras dirigidas por el Cardenal G. Pizzardo y por el futuro Cardenal Dino Staffa a Mons. Antonio de Castro Mayer sobre la obra del Dr. Plinio “La libertad de la Iglesia en el Estado comunista”. Afirman ellos en su carta: “Nos congratulamos con V. Excia. y con el egregio Autor, merecidamente célebre por su ciencia filosófica, histórica y sociológica, y auguramos la más larga difusión al denso opúsculo, que es un eco fidelísimo de todos los Documentos del supremo Magisterio de la Iglesia”.

4) La obra del Dr. Plinio consta de más de un millón de páginas.

5) Mons. Sales Brasil fue uno de los polemistas más inteligentes y brillantes de aquel tiempo (1960). Las palabras citadas por él, entre otras, sobre el Dr. Plinio están en su obra En Defensa, p. 244.

6) Ver Parte IV de este libro.

7) Sobre la misión profética del Dr. Plinio, cfr. Juan Gonzalo Larrain Campbell, op. cit. (2009), y Roberto de Mattei, Plinio Corrêa de Oliveira Profeta del Reino de María (2015).

8) El Ermitaño, año II, número 21, 1° de Abril de 1869.


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