“Santo del Día” (*) – 12 de enero de 1967
A D V E R T E N C I A
Este texto es transcripción de cinta grabada con la conferencia del profesor Plinio Corrêa de Oliveira dirigida a los socios y cooperadores de la TFP. Conserva, por tanto, el estilo coloquial y hablado, sin haber pasado por ninguna revisión del autor.
Si el profesor Corrêa de Oliveira estuviera entre nosotros, sin duda pediría que fuera colocada una explícita mención a su filial disposición de rectificar cualquier eventual discrepancia con relación al Magisterio inmutable de la Iglesia. Es lo que hacemos constar, con sus propias palabras, como homenaje a tan escrupuloso estado de espíritu:
“Católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial ardor a las enseñanzas tradicionales de la Santa Iglesia. No obstante, si por lapso, algo en él hubiera en desacuerdo con dichas enseñanzas, desde ya y categóricamente lo rechaza”.
Las palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en el sentido que se les da en el libro “Revolución y Contra-Revolución”, cuya primera edición apareció publicada en el número 100 de la revista “Catolicismo”, en abril de 1959.
La Adoración de los Reyes – Villalpando, Cristóbal de – 1675-1714
Universidad de Guanajuato – Mexico
Nuestra sección de estudios históricos me ha facilitado, al tratarse de la octava de la Epifanía, una ficha sobre Nuestra Señora y los Reyes Magos, pidiéndome que hiciera un comentario hoy.
Se trata de un extracto de la obra titulada:
«Mística ciudad de Dios, milagro de su omnipotencia, abismo de la gracia – historia divina y vida de la Virgen Madre de Dios, reina y señora nuestra; María Santísima, restauradora de la culpa de Eva y medianera de la gracia».
¡Menudo título! Es un título muy propio de las obras del Antiguo Régimen, etc., es decir, un libro grande, con letras rojas bonitas, puntiagudas, etc., o bien redondeadas, etc.
Bueno, ahora viene el subtítulo, porque lo que leí era el título de la obra; ahora viene el subtítulo:
«Manifestada en estos últimos siglos por la misma Señora es su esclava Sor María de Jesús, Abadesa del Convento de la Inmaculada Concepción de la villa de Ágreda, de la provincia de Burgos, de la regular observancia de nuestro seráfico Padre San Francisco».
Es, por lo tanto, María de Ágreda, la famosa María de Ágreda. Segunda parte, libro IV, etc., etc., edición de 1708. Como pueden ver, nuestra sección de historia es muy erudita, porque nos trae aquí fragmentos transcritos directamente de la edición de 1708 (**).
560. Aguardaba la divina Madre con el infante Dios en sus brazos a los devotos y piadosos Reyes; y estaba con incomparable modestia y hermosura, …
Tengan en cuenta que modestia no significa encogida. Modestia significa con dignidad, con modales incomparablemente buenos, porque eso es lo que significa la palabra modestia.
… hermosura, descubriendo entre la humilde pobreza indicios de majestad más que humana, …
Es decir, dejando ver…
… descubriendo entre la humilde pobreza indicios de majestad más que humana, con algo de resplandor en el rostro. El Niño le tenía mucho mayor, y derramaba grande refulgencia de luz, con que estaba toda aquella caverna hecha cielo. Entraron en ella los tres Reyes orientales, y a la vista primera del Hijo y de la Madre, quedaron por gran rato admirados y suspensos. Se postraron en tierra, y en esta postura reverenciaron y adoraron al Infante, reconociéndole por verdadero Dios y hombre, y reparador del linaje humano. Y con el poder divino, y vista y presencia del dulcísimo Jesús, fueron de nuevo ilustrados interiormente.
O sea, el encuentro es muy bonito. Llegan a la gruta y lo primero que ven es a Nuestra Señora, que los estaba esperando, y la primera sensación que tienen es de un tal estupor que se detienen. Después de recuperarse del estupor, ante la dulzura y majestad del Niño Jesús y de Nuestra Señora, se inclinan hasta el suelo y le rinden adoración. Y entonces, después de haberle rendido adoración, al contemplar el rostro divino del Niño Jesús, sienten movimientos interiores de gracia. Y supieron y reconocieron que se trataba del Niño Dios, Redentor del género humano.
Conocieron la multitud de espíritus angélicos, que como siervos y ministros del gran Rey de los reyes y Señor de los señores asistían con temblor y reverencia.
Es decir, probablemente vieron un número incontable de ángeles que rodeaban el pesebre.
Levantáronse en pie, y luego dieron la enhorabuena a su Reina, y nuestra, de ser Madre del Hijo del eterno Padre; y llegaron a darle reverencia, hincadas las rodillas.
Ustedes ven que la comunión de pie ya estaba prohibida en aquella época …

Pidiéronle la mano para besársela, como en sus reinos se acostumbraba con las reinas. La prudentísima Señora retiró la suya, y ofreció la del Redentor del mundo, y dijo: “Mi espíritu se alegró en el Señor, y mi alma le bendice y alaba; porque entre todas las naciones os llamó y eligió, para que con vuestros ojos lleguéis a ver y conocer lo que muchos reyes y profetas desearon y no lo consiguieron, que es al eterno Verbo encarnado y humanado. Magnifiquemos y alabemos su nombre por los sacramentos y misericordias que usa con su pueblo: besemos la tierra que santifica con su real presencia”.
Estas fueron las palabras de Nuestra Señora a los Reyes Magos. Esto es, una declaración muy hermosa, y termina así: besar el suelo, considerando que una vez que el Niño Jesús está en la tierra, toda la tierra se transforma en un altar sagrado; y que los hombres deben entonces besar la tierra, como quien besa un altar, precisamente por la santísima presencia de Nuestro Señor Jesucristo. Basta con que Él esté aquí para que todo sea santificado y sagrado.
Es algo muy bonito. Algunos de los conferenciantes que han pasado por aquí lo han contado: que en ciertos ritos católicos de Oriente, en el rito copto de Abisinia, por ejemplo, que es un rito católico apostólico romano, existe esta costumbre: cada vez que el fiel entra en la Iglesia, se arrodilla y besa el suelo sagrado de la Iglesia, para indicar su reverencia y su convicción de que en la Iglesia todo es tan sagrado que no somos dignos, por nosotros mismos, de pisar ese suelo, no somos dignos, por nosotros mismos, de pisar ese suelo ni de entrar en él antes de besarlo.
Aquí hay una cierta relación: Los Reyes Magos besan el suelo, besan la tierra porque es el suelo de la gruta, peroporque es el suelo que pisó Nuestro Señor Jesucristo; una vez que sus pies divinos pisaron allí, o una vez que Él está en esa tierra donde Nuestra Señora lo sostiene en su regazo y Ella pisa esta tierra, toda la tierra se vuelve sacrosanta. Esto es algo muy digno de alabanza por el sentido sacral que hay en ello. Y este sentido de lo sacral es la comprensión de cómo todas las cosas son sagradas por el efecto de la religión, por el contacto con la religión, y el espíritu de veneración que debemos tener hacia todo lo que, de cerca o de lejos, toca la religión o toca a Dios Nuestro Señor. Es decir, un admirable enlazamiento que está inculcado aquí.
Con estas razones de María santísima se humillaron de nuevo los tres Reyes, …
Humillarse aquí, en español arcaico, significa inclinarse de nuevo.
… adorando al infante Jesús; y reconocieron el beneficio grande de haberles nacido tan temprano el Sol de justicia, para ilustrar sus tinieblas. Hecho esto, hablaron al santo esposo Josef, engrandeciendo su felicidad de ser esposo de la Madre del mismo Dios; …
Fíjense en el sentido de la jerarquía. San José, que era, por cierto, el jefe de la familia, porque en esa familia había una jerarquía en orden inverso: lo que era más, siempre menos. San José, que era el menos de todos, era el jefe de la familia; Nuestra Señora, que era más que él, estaba sujeta a él; y el Niño Jesús, que era el Niño Jesús, estaba sujeto a los dos. Es decir, había una especie de orden inverso en esa familia. Bien, entonces, primero miran al Niño Jesús y a Nuestra Señora, y al Niño Jesús y a Nuestra Señora los disciernen con la misma mirada y los veneran con actos de culto simultáneos.
Una vez terminado todo y dichas las primeras palabras de Nuestra Señora, se dirigen a San José. Así, después de la latría a Dios y la hiperdulía a Nuestra Señora, viene la dulía a San José. O sea, es perfectamente razonable y jerárquico, perfectamente antiigualitario. Entonces hablan con San José, alabándolo por la felicidad de ser esposo de la Madre del Hijo de Dios, y por eso le felicitan, admirados y compadecidos por tanta pobreza, y porque en ella se encerraban los mayores misterios del cielo y de la tierra. Al jefe de la familia le felicitaron por lo que podía avergonzarle: le felicitaron por la pobreza. Ustedes están viendo la profundidad que todo esto tiene.
Pasaron en estas cosas tres horas, …
Ustedes ven cuántas otras cosas hubo aquí, además de lo que aquí se cuenta, ¿no es así?
Pasaron en estas cosas tres horas, y los Reyes pidieron licencia a María santísima para ir a la ciudad a tomar posada, por no haber lugar para detenerse en la cueva y [la Sagrada Familia] estar en ella.
Es muy bonito que cuando Nuestra Señora está presente, Ella es la reina, y ellos, los reyes, no se atreven a salir del lugar sin pedir permiso a Nuestra Señora. Porque Ella está allí presente, Ella manda.
Seguíanlos alguna gente; pero solo los Magos participaron los efectos de la luz y de la gracia. Los demás, que solo paraban y atendían a lo exterior, y miraban el estado pobre y despreciable de la Madre y de su Esposo, aunque tuvieron alguna admiración de la novedad, no conocieron el misterio.
Es decir, todo esto solo era visible para los magos. Muchas otras personas no lo vieron.
Despidiéronse y fuéronse los Reyes: y quedaron María santísima y Josef con el Infante solos, dando gloria a su Majestad con nuevos cánticos de alabanza, porque su nombre comenzaba a ser conocido y adorado de las gentes. Lo demás que hicieron los Reyes, diré en el capítulo siguiente.
Imaginen qué escena tan hermosa se puede conjeturar que hubo: los reyes que salen de la gruta, y cuando los reyes están un poco más lejos, se elevan las voces purísimas y armoniosísimas de Nuestra Señora y San José, cantando, como se dice aquí, para dar gracias a Dios, para agradecer esa primera gloria del Niño Jesús. Los Magos, los reyes, vinieron de Oriente y adoraron al Niño. Toda la humanidad, representada por estos reyes, se postró ante el Niño. Entonces, una gran alegría y un gran canto de los ángeles.
El canto era una costumbre oriental; ustedes lo vieron con motivo de la visita de Nuestra Señora a Santa Isabel, cuando ambas cantaron. Santa Isabel cantó a Nuestra Señora y Nuestra Señora cantó a Santa Isabel. Es decir, era costumbre; y era totalmente natural que Nuestra Señora y San José compusieran un himno precioso; y uno podría incluso imaginar ese canto, es decir, los dos timbres de voz alternándose; si es que no era algún salmo del Antiguo Testamento, adecuado a las circunstancias, elegido para el momento. Pero qué cosa tan inefable y cómo los ángeles, que veían eso, debían estar absolutamente extasiados con la escena. Sobre todo, al ver al Niño Jesús allí como objeto de esa adoración.
567. El día siguiente, en amaneciendo, volvieron a la cueva del nacimiento, para ofrecer al Rey celestial los dones que traían prevenidos. Llegaron, y postrados en tierra le adoraron con nueva y profundísima humildad; y abriendo sus tesoros, como dice el Evangelio, le ofrecieron oro, incienso y mirra. Hablaron con la divina Madre, y la consultaron muchas dudas y negocios de los que tocaban a los misterios de la fe, y cosas pertenecientes a sus conciencias y gobierno de sus Estados; …
Vean qué belleza, ellos consultando sobre el gobierno de sus Estados, y Nuestra Señora, como Reina de los reyes, dando orientación: hagan esto, hagan aquello. Primero como Reina de las almas, iluminando esas almas. Luego, como Reina de los reyes, enseñando a gobernar.
… porque deseaban volver de todo informados, y capaces para gobernarse santa y perfectamente en sus obras. La gran Señora los oyó con sumo agrado: y cuando la informaban, confería con el Infante en su interior todo lo que había de responder y enseñar a aquellos nuevos hijos de su ley santa.
Es decir, Ella rezaba, Ella hablaba internamente con el Niño Jesús. Ustedes imaginen al Niño Jesús acostado, como un niño que no tiene conciencia definida del mundo exterior. Era Dios y, sin embargo, estaba como un niño que no tiene conciencia del mundo exterior. Pero Nuestra Señora conversaba místicamente con Él. Entonces le preguntaba qué responder, y Él le hablaba. Y Él, que aparentemente no tenía inteligencia ni voz, sabía y conversaba con Ella internamente. Imaginen la sublimidad de esa conversación. Luego continúa:
Y como maestra e instrumento de la Sabiduría divina respondió a todas las dudas que le propusieron tan altamente, santificándolos y enseñándolos de suerte, que admirados y atraídos de la ciencia y suavidad de la Reina, no podían apartarse de ella: …
Es evidente.
… de ella : y fue necesario que uno de los Ángeles del Señor les dijese era su voluntad y forzoso el volver a sus patrias.
Lo curioso es lo siguiente: Nuestra Señora no lo dijo. Ella era reina, podía decirlo. Podía decir: queridos míos, ha llegado la hora de regresar. Hijos míos, regresad. Pero su delicadeza era tan grande que, para no tomar ella la iniciativa, envió a un ángel a hablar. Ahí ven ustedes el refinamiento de la cortesía, el refinamiento de la delicadeza del alma y de la actitud de Nuestra Señora.
No es maravilla que esto les sucediese; porque a las palabras de María santísima fueron ilustrados del Espíritu Santo, y llenos de ciencia infusa en todo lo que preguntaron, y en otras muchas materias.
Con eso terminamos. También nos invade una cierta tristeza al alejarnos de estas cosas grandiosas y pensar en las cosas cotidianas de esta era de Revolución en la que nos encontramos. Y con esto concluye el comentario del “Santo del Día”.
NOTAS
(*) Los “Santos del Día” eran unas breves reuniones en las que Plinio Corrêa de Oliveira ofrecía, a sus jóvenes discípulos, una reflexión o comentario relacionado con el santo o la fiesta religiosa que se celebraba aquel día.
(**) Para evitar doble traducción, hemos tomado las citas de la edición de 1860 disponible en Internet Archive; pág. 124 y sigs.:
https://archive.org/details/mcd186033/MCD%20Tomo%204/page/123/mode/2up?q=magos…