Como ya decía Maquiavelo…

Folha de S. Paulo, 3 de marzo de 1974
Por Plinio Corrêa de Oliveira

 

Nemo summus fit repente: nada extremo se hace de repente. Este adagio, bien conocido por los moralistas católicos tradicionales, expresa una verdad de observación corriente. Habitualmente, tanto en el terreno moral como en el intelectual, los grandes ascensos o las grandes caídas se producen por etapas. Es este principio el que los anticomunistas de visión estrecha o simplista harían bien en introducir en su panorama sociopolítico.

 

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Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

En otras palabras, el comunismo constituye un conjunto de errores tan enorme, y todos tan extremos, que rara vez alguien llega a sus sombríos confines sin recorrer un largo camino intermedio. Y, una vez concluido este, el también largo camino de regreso es difícil. Son pocos los que lo emprenden.
Esta constatación lleva a una primera observación. El anticomunismo no se ejerce principalmente de forma represiva, es decir, castigando a quienes lo profesan y coartando su libertad. La principal lucha contra el comunismo es preventiva.
Es importante evitar que las personas se embarquen en el largo camino que gradualmente conduce a él. Esto, que es obvio, lleva a que una acción anticomunista solo pueda considerarse eficaz cuando incluye el diagnóstico precoz de los primeros síntomas de comunización gradual, manifestados por una persona a la que ha picado la mosca comunista.
Esto implica dificultades pintorescamente enunciadas por Maquiavelo en estos términos: «De la tisis, los médicos afirman que al principio puede curarse con facilidad, pero con dificultad puede reconocerse; pero, con el paso del tiempo, al no haber sido reconocida y medicada, es fácil reconocerla y difícil curarla» (El Príncipe, cap. III).
Detectar en sus formas subconscientes las primeras inclinaciones de alguien hacia el comunismo, o las propagandas en las que se insinúa de forma más velada: esta debe ser la máxima preocupación de toda [acción] anticomunista eficaz.
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Por lo tanto, el folleto de la División de Seguridad e Información del Ministerio de Educación y Cultura [MEC} de Brasil tiene mucha razón cuando afirma, citando a Mao Tsé-Tung, que para la expansión del comunismo «un simpatizante puede valer más que una docena de militantes. Un catedrático universitario que, sin ser miembro del Partido, se presta a servir a la URSS, vale más por la influencia que ejerce sobre los estudiantes que cien comunistas que pegan carteles».
A veces, el simpatizante o el profesor universitario que «sirve» a los soviéticos no es directamente comunista. Pero, precisamente como una persona puede ser portadora de los gérmenes de una enfermedad sin estar enferma, también un demócrata cristiano o un progresista puede ser portador del comunismo, sin darse cuenta explícitamente de que tiende al comunismo.
Así, todas las formas de izquierdismo son «comunogénicas». Y considerarlas inocuas es lo mismo que subestimar al mosquito cuando se tiene el propósito de evitar la fiebre amarilla.
En este orden de ideas, todo lo que, por ejemplo, contribuye al deterioro del sentido de la belleza prepara las almas para recibir la inoculación ideológica del comunismo. Porque el gusto por lo bello trae consigo la aspiración a lo más bello y, en última instancia, a lo sublime. Impregnado en lo más profundo de su ser por el sentido igualitario, reacio, por tanto, a todo lo que es noble y elevado, el comunismo no puede dejar de odiar lo bello y, más aún, lo sublime.
El admirador de una catedral gótica o de un castillo encuentra en su alma una resistencia natural a ser comunista. Es que las torres se elevan hacia lo alto, y el comunismo tiende hacia abajo. A la luz de esto, cobra especial sentido la catedral de Brasilia, ávida por hundirse en las entrañas de la tierra, y no por elevarse hacia los cielos.

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Arriba, catedral de Colonia (Alemania) y, abajo, catedral de Brasilia

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El comunismo trae consigo la negación de la familia. Se comprende que la pureza de las costumbres sea una barrera contra él. Por el contrario, la agresión sexual —máxima cuando se ve reforzada por el consumo de drogas— constituye una preparación para el comunismo. No es por otra razón que tantas víctimas de agresión sexual, acomodadas en lujosos automóviles, gritan de odio cuando presencian las campañas anticomunistas de la TFP.
Todo esto lo explica el folleto del MEC con singular precisión, coherencia y objetividad.

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