“Santo del Día” – 27 de septiembre de 1967
A D V E R T E N C I A
El presente texto es una traducción y adaptación de la transcripción de una exposición oral del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira dirigida a socios y cooperadores de la TFP, por lo que tiene un estilo coloquial y no ha sido revisado por el autor.
Si el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira estuviera entre nosotros, sin duda pediría que se hiciera mención explícita de su disposición filial a rectificar cualquier discrepancia con respecto al Magisterio de la Iglesia. Es lo que aquí hacemos constar, con sus propias palabras, como homenaje a tan bello y constante estado de ánimo:
«Católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial ardor a la enseñanza tradicional de la Santa Iglesia. Si, sin embargo, por descuido, hubiera en él algo que no se ajustara a dicha enseñanza, lo rechaza desde ya y categóricamente».
Las palabras «Revolución» y «Contra-Revolución» se emplean aquí en el sentido que les da el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira en su libro «Revolución y Contra-Revolución», cuya primera edición se publicó en el n.º 100 de «Catolicismo», en abril de 1959.
Escalera Dorada – Jenaro Pérez Villaamil – Siglo XIX
He dejado a propósito que ustedes miren la proyección un poco antes de comenzar el comentario, porque esto produce una primera impresión que hay que ordenar un poco, ya que es tan, tan diferente de lo que imaginábamos que no sé cómo expresarlo…
(Alguien comenta que la fotografía es más nítida que el grabado original)
Conozco bien el grabado: es incomparablemente inferior a esto de aquí. ¿Saben por qué eso demuestra que es un excelente grabado? El grabador lo hizo con tal arte que lo que el ojo no capta, la fotografía lo señala. Ahí queda demostrada la calidad del grabado.
Esto de aquí es una escalera interior de la Catedral de Burgos. Vista interior de la «escalera» superior de la Catedral de Burgos. En mi opinión, dentro de su género, es «La» escalera. Porque todo esto se construyó únicamente para que la gente saliera por aquí, o para llegar hasta aquí. Ustedes están viendo que aquí hay una escalera… uno, dos tramos.
Algo tan banal: dos pavimentos que deben dar acceso a la planta baja de la Catedral. Para lograrlo, el artista inventó esta auténtica epopeya, porque, en mi opinión, ¡esto es una maravilla, sencillamente! Y es una maravilla de ordenación arquitectónica. Este cuadro podría tener el siguiente título: «Elevación y Coherencia». Es lo que hay aquí. ¡Me parece sencillamente estupendo! Bueno, quizá podamos pasar ahora a un comentario. El primer comentario es la línea de elevación; el segundo comentario es la línea de coherencia.
La Elevación Vertical que eleva el alma y vence el peso del muro
Uds. aquí ven ustedes la elevación: ha colocado tres, cuatro puertas indicadas una encima de otra: las dos de abajo, una puerta seria en el medio y una ventana por encima del conjunto, formando, por tanto, a lo largo de un muro muy alto, toda una línea perpendicular muy elevada, tan elevada que a los ojos del hombre parece perderse en el cielo. Porque la vista del hombre llega hasta cierto punto y su atención se ve vagamente atraída por el resto y, por así decirlo, se pierde en el cielo. El cielo de la atención humana se detiene aquí, pero hay algo que se cierne allá arriba.
De hecho, la atención se concentra en torno a esas dos de abajo. ¿Quieren ver cómo se pierde si no se pusiera esto? Imaginen que no hubiera esto aquí y fuera una pared lisa: quedaría pesada y aburrida. Sería curioso taparlas con cualquier cosa. Se vería inmediatamente cómo se pierde.
(Alguien tapa las puertas en la figura.)
Fíjense cómo enseguida se vuelve pesado, lo cual es un problema. La obra maestra del equilibrio es haber hecho aquí algo vigoroso que no resulta pesado. Y esto se ha conseguido con esa ventana ciega de arriba. Fíjense en qué curioso artificio.
¿Por qué se hizo así y no al revés?: ¿esa ventana aquí y esto aquí, intercambiarlas? Volvería a resultar pesado. Y además, esto de ahí quedaba tan tenue arriba que se perdía en la noche de los tiempos. Era necesario que abajo fuera tenue, luego arriba una más marcada, y ya está. Así se asegura la línea vertical y lo pesado que tiene esto queda rescatado por dos cosas: por esto que hemos visto y por el vigor de la puerta, una puerta fuerte que sostiene algo.
Fíjense en la idea de ligereza de ese balcón con su barandilla y encerrado por una celosía; la idea de ligereza de lo pesado —y que es el triunfo del arte, es lo fuerte ligero, lo pesado ligero— queda asegurada, sin que el 90 % de los observadores se den cuenta de por qué. Es por un juego, un juego de óptica, un juego exclusivamente de óptica. Pero esto es tener óptica; el resto no es tener óptica, es ojo, y es muy diferente de tener óptica. Él lo entendió.

Lo más curioso es lo siguiente, y esto no lo explico: creo que, históricamente hablando, esta ventana se hizo por error y luego la rellenaron. Esa ventana se hizo por razones utilitarias y quedó bonita así [Referencia a la ogiva rellena por encima del balcón].
(Sr. «X»: Y están esas dos mujeres, que quizá se dirijan hacia arriba…)
Sí, fíjense en las dos mujeres subiendo la escalera; es un defecto de perspectiva del grabado.
(Sr. «X»: ¿No podría ser eso, en parte, lo de la teoría del «remiendo» arquitectónico?)
Sí, pero, sobre todo, ¿sabe Ud. qué hay? Hay un misterio ahí que va más allá; ni siquiera voy a tratar esto aquí. En general, la gran obra de arte supera la propia intuición del artista.
(Sr. «X»: Entonces no es un problema de…)
Providencia… No sé qué es.
(Sr. «X»: Una acción sobrenatural…)
Bendición de la civilización cristiana o no sé muy bien qué es. Porque creo que el hombre no tuvo la intención de hacer esto.
(…¿en armonía con otras ojivas en el mismo plano?)
Quizás. Pero que tuviera la intención de crear ese juego óptico, creo que no.
(Como esta ojiva está en armonía con otras en otros planos, en el mismo plano intermedio… (ininteligible)… era para cerrar y colocar el balcón).
Puede ser perfectamente, pero eso no excluye la idea de que producir esa armonía vertical probablemente no fuera la intención de quien hizo la ojiva; era producir otras armonías.
(Sr. «Y»: Y luego no continuó hacia abajo…)
Sí, podría haber una galería de ojivas aquí y esta es necesaria para completar la galería. Totalmente cierto. No excluye el hecho de que salva al balcón de lo pesado y que ese salvar al balcón de lo pesado, probablemente, tal vez, no estuviera en las intenciones de quien lo hizo.
(Incluso puede que se haya hecho en épocas diferentes…) [N.C.: Las ojivas laterales son parte de los muros laterales de la catedral, el Triforio, por lo tanto del siglo XII o XIII. Y la escalera, en esa construcción, es del siglo XVI)
Probablemente, incluso.
Se pueden plantear mil hipótesis al respecto. El hecho concreto es que alivia el peso del balcón con celosía.
Hasta aquí hemos visto la elevación. Ahora aquí ustedes tendrán lo referente a la coherencia.
Princípio de Coherencia. El rombo del pensamiento: abrir en consecuencias y cerrar en unidad
Lo propio del desarrollo del pensamiento es que, una vez afirmado un principio en toda su riqueza, dé lugar a una gama de consecuencias. Y esa gama de consecuencias, vista en su conjunto, da lugar a una consecuencia final, que es la imagen fiel del principio inicial. Es decir, el pensamiento humano avanza en forma de rombo. Se abre, se abre, se abre y, cuando se le extraen todas las consecuencias, el pensador dice: “Bien, pero dicho todo esto, ¿qué se concluye?”. Se concluye tal cosa. Esta tal cosa concluida es la imagen final del pensamiento inicial. Es el corolario final del pensamiento inicial.
Aquí tienen ustedes el balcón con la celosía: es una nota inicial de armonía, muy bonita. Miren el techo del balcón, el cuerpo del balcón y cómo se abre. Aquí esa base —base, cuerpo y techo forman una bonita armonía— ¡y qué maravillosa peana! Una verdadera obra de arte, ¡un encaje esa peana! ¡Y cómo termina y sostiene bien el balcón!
Armonías correlativas: cuando cada parte responde y completa al todo
Aquí hay un extremo y otro extremo: esos dos extremos son simétricos y constituyen los dos puntos extremos armónicos del balcón, y siempre en rampa. Aquí hay una rampa que termina aquí, aquí hay una rampa que termina allá. Es decir, todo él está hecho de armonías correlativas, que dan una idea de la lógica, que dan una idea del equilibrio, de la proporción del balcón Y que, en mi opinión, es una verdadera belleza.
Ahora bien, este balcón así concebido es algo rico en sugerencias que se despliegan, como si fueran grandes abanicos de consecuencias, armonías que salen de aquí [el balcón], como sería, por ejemplo, un puente, pero un puente con dos brazos de río que, al llegar al extremo, comienzan a volver a lo esencial. Es la forma de rombo del pensamiento. Señores, están viendo que aquí hay un rombo dispuesto en esa línea, ¿no es así? Y que da una idea de coherencia. Lo que se abrió se cierra donde se abrió. La causa vuelve: despliega sus efectos, que vuelven hasta la propia causa.
La ligereza de lo pesado: lo fuerte hecho ligero; el triunfo óptico del arte
Y entonces, como punto terminal de esta magnífica manifestación de certeza, ustedes tienen los dos brazos, que descienden; ¡es una especie de proclamación! En el momento en que cabría esperar que la escalera muriera mediocremente, ella como que resurge y se despliega en dos movimientos distintos. De manera que el final de la escalera está aquí abajo. Pero ahí casi ya no vemos morir a la escalera. Ya no percibimos la escalera, de tal manera que termina magníficamente. ¡Este cierre es asombroso! Es la afirmación fundamental de la cosa: ustedes ven la ligereza, la fuerza de esto —¡segura y proclamadora!
Lo compacto que resulta esto en comparación con las filigranas que hay aquí. ¡Y hierático! Esos dragones piensan y parecen decir: «Esto es así y yo ataco a quien lo niegue». Diríamos: la vigilancia y la fuerza al servicio del sagrario. Pero que queda en el fondo, así, difuminado.

Bueno, pues esa idea de un balcón que enmarca algo más delicado e íntimo, esa idea queda muy patente al observar esta puerta inmediatamente abajo del balcón. El balcón tiene su secreto. Es como un sagrario. Esta puerta también conduce al fondo; es una puerta profunda y, a su vez, de una arquitectura esbelta. Las cosas del Renacimiento en general son achaparradas. Esta es esbelta. Ustedes están viendo que estas figuras de la pared tienen sus análogos dentro de la puerta. Y que esto es un plano magnífico para algo que llega hasta el fondo y que da una idea, una vez más, de sagrario. Es decir, todo esto es un marco para guardar algún misterio que se encuentra detrás.
Y el sentido del misterio da lugar a tantas obras de arte magníficas. Puede que sea la puerta de la calle. Pero poco importa; para el ojo humano, la arquitectura es esto. Y en mi opinión, esto es un magnífico ejemplo de coherencia. Es decir, la elevación y la coherencia están espléndidamente expresadas aquí. No sé si esto resulta un poco subjetivo; aquí no se trata de jugar con fisonomías humanas, sino con líneas puramente geométricas. De modo que es muy difícil expresar bien esto.
La vida cotidiana humanizando lo monumental
Bueno, ahora lo bonito es la pequeña vida cotidiana junto al monumento. Dos mujeres, todavía un poco moriscas; no se sabe muy bien si son moriscas o monjas. Tampoco se sabe muy bien hasta qué punto se distingue una cosa de la otra… La escena tiene algo de morisco. Aunque las líneas no sean árabes, es un poco arabesco.
Aquí, este hombre que sube —un español fuerte, vigoroso. Allí un matrimonio que conversa; un hombre que está haciendo no se sabe bien qué, junto a una pila de agua bendita, y una mujer que está allí sentada descansando, medio rezando, medio descansando. Luego, un grupo que conversa y dos hombres que también conversan, con sus espadas. Y unas pequeñas imágenes de la vida cotidiana, lápidas, etc.
Bien. Esta visión nos lleva a los adornos del monumento: también son magníficos. ¿Se han dado cuenta de la belleza de esta especie de cuenco al pie de la escalera, que no sé para qué sirve? [N.C.: En el grabado no se nota bien lo que es, pero se trata de un banco.] ¡Qué trabajo! Cómo
condensa con su sencillez de líneas lo que tiene de muy trabajado y cómo se diferencia bien de estas filigranas arriba. Miren dos líneas: una aquí, la otra una especie de concha, soberbia, que sostiene esta pila.
Bueno, ahora se ve en la puerta de la derecha algo que no sé muy bien qué es.
(¿No será una tumba?)
Quizás un monumento funerario, del mismo estilo y que llena ese espacio. Y a la izquierda, otra pequeña puerta muy bella. El panel está completo. ¡Y se ha hecho algo que considero sencillamente una magnificencia!
(¿Lo vio usted en Burgos?)
No, no he estado en Burgos. Compré ese grabado en España, dos grabados de la catedral de Burgos, incluido este. Pero, en el momento en que estaba deshaciendo la maleta al volver de Europa, una persona que me estaba ayudando a deshacerla me pidió el grabado. Y cuando me hablaron de la nueva sala de nuestra sede, sugerí entonces que lo fotografiaran para decorarla.
El espíritu superior al estilo (o unidad por encima de la pureza estilística)
(Pregunta ininteligible; se supone que sobre estilos arquitectónicos)
Aquí tienen ustedes un gótico «flamboyán». Se diría que esto es lo contrario del gótico. Un preciosista en materia de estilos —no sé si ustedes sienten el mismo desdén que yo por los preciosistas en materia de estilo— me diría: «Dr. Plinio, ese monumento no tiene ningún valor, porque es una mezcla de estilos; esto es una yuxtaposición de tradiciones árabes en líneas renacentistas y, por lo tanto, algo espurio, que carece de pureza de estilo. No veo por qué se extasía usted con eso. Ese balcón es árabe; hay algo de filigranesco en todo esto. ¿Y qué mayor horror puede haber que una puerta renacentista coronada por un balcón árabe?»

Y la única manera es responder como la «viuda alegre» de la ópera: «¡Permítame reírme a carcajadas! Me recuerda la teoría de un griego sobre la gallina».[1]
Aquí ustedes tienen lo gótico (la ventana ojival) y entonces «X» pregunta muy bien cómo es que se armoniza con lo demás. Porque armoniza. Se armoniza hasta tal punto que esta ventana es indispensable para componer este cuadro.
Entonces, ¿cómo es que se armoniza? Es que el espíritu de esto sigue siendo gótico. Aunque la decoración y los diseños sufran influencias renacentistas, influencias árabes, el espíritu es gótico. ¿Saben por qué? Aquí hay trazada una ojiva. Esta línea es perfectamente ojival. Y por eso encaja con esta ojiva. Y a esto se le podría llamar variaciones dentro de una ojiva: así es como se podría llamar. Y la nota ojival se acentúa por eso. Porque lo más alto que tiene la ojiva es lo que predomina en ella. Además, toda esa coherencia también se centra mucho en lo ojival, lo medieval. Y aquí tienen ustedes otra ojiva.
Así que, en el fondo, se trata de dos juegos de ojivas: una ojiva que termina en el balcón y otra que termina en un punto ideal marcado entre estas dos magníficas columnas de aquí. Es decir, la ojiva está presente en lo que aquí resulta dominante. Además, hay una cierta ligereza en la decoración gótica que se aprecia aquí. Y es una misma ligereza que se difunde por todo ello. Ustedes encuentran entonces la unión del gótico con el estilo de la escalera.
Bueno, así es como yo lo veo. Me doy cuenta, veo bien que no tengo ningún argumento para demostrarlo. Pero tampoco hay pruebas, ¿no? Uno lo dice y una persona lo ve o no lo ve, lo acepta o no lo acepta. No hay pruebas. No puedo demostrar que esto sea bonito. Una persona mira y lo encuentra bonito. Digamos, por ejemplo, que la persona x, y o z podría pensar que esto es feo, o que, por ejemplo, habría bellezas que añadir a esto. Pero yo creo que esto de aquí debería tener una fama cien veces mayor que aquel de allá. Y que hay muchas escaleras que son menos bonitas que esto. Yo creo que esta de aquí es una maravilla.
Lo Grandioso y lo Gracioso: Ambos se necesitan, pues lo grandioso solo sería severo y frío; lo gracioso solo sería frívolo. Juntos crean belleza completa.
(Alguien pregunta sobre la grandiosidad y la graciosidad del cuadro)
Es una pregunta excelente: lo grandioso y lo gracioso. Es una pregunta excelente porque precisamente aquí se nota con abundancia La línea es absolutamente grandiosa. Toda la ornamentación busca lo gracioso y compensa lo que lo grandioso tiene de demasiado severo. No se ve ahí un adorno que no sea tan agradable que casi invite a sonreír, excepto en estas dos columnas… y en esto de aquí, que son lo terribles. No es solo lo grandioso, sino lo grandioso terrible. No sé si respondo bien.
(Se hace una comparación entre el grabado de la Escalera Dorada y el grabado de un Capítulo General de la Orden de Malta, comentado anteriormente)
(Alguien observa que la cuestión es muy subjetiva)
¡Ah, sí! Y legítimamente subjetiva, es decir, uno tiene más visión para una cosa, otro tiene más para otra.
(Porque aquí hay más valor del alma, más valores humanos, analizar en la propia persona humana, mientras que allí es un reflejo del estado del alma también del artista y todo eso…)
Ahí entra mucho lo individual, y legítimamente individual. Para mí, cualquier cosa arquitectónica es más expresiva que la propia fisonomía humana —para mí. Sé que en sí misma no lo es, pero lo es para mí. En sí misma no lo es. Es decir, en esto entra mucho de lo individual. Peculiaridades legítimamente individuales y que deben ejercerse ampliamente en nuestras cosas.
Creo que difícilmente se podrían conseguir dos cuadros tan expresivos para la formación como estos dos de aquí.
* Aquí se puede encontrar información histórico-artística sobre la «Escalera Dorada».
[1] ( … ) un hermoso día, Platón, reunido con sus alumnos en la Academia, decidió definir al ser humano como «un bípedo sin plumas». Inmediatamente, Diógenes, de la escuela filosófica de los cínicos (~412-323 a. C.), que tenía una inclinación por lo dramático, cogió una gallina, le quitó las plumas y la presentó a la clase, diciendo con ironía: «He aquí al hombre de Platón».