Santa Isabel de Hungría: calma, resignación y constancia en las peores desgracias

“Santo del Día”, 18 de noviembre de 1966


A D V E R T E N C I A

El presente texto es una adaptación de la transcripción de una grabación de una conferencia dada por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira a los miembros y cooperadores de la TFP, manteniendo así el estilo verbal, y no ha sido revisado por el autor.

Si el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira estuviera entre nosotros, seguramente pediría una mención explícita de su disposición filial a rectificar cualquier discrepancia en relación con el Magisterio de la Iglesia. Es lo que hacemos aquí, con sus propias palabras, como homenaje a tan bello y constante estado de ánimo:

“Católico romano apostólico, el autor de este texto se somete con ardor filial a la enseñanza tradicional de la Santa Iglesia. Sin embargo, si por error, en él apareciera algo que no se ajustara a esa enseñanza, lo rechaza categóricamente”.

Las palabras “Revolución” y “Contrarrevolución” se utilizan aquí en el sentido que les da el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira en su libro “Revolución y Contrarrevolución“, cuya primera edición se publicó en el n.º 100 de “Catolicismo“ en abril de 1959.

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Mañana será la fiesta de Santa Isabel de Hungría [actualmente se celebra el 17 de noviembre]. Mons. Guéranger, en l’Année Liturgique, escribe lo siguiente sobre ella:

 

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Santa Isabel de Hungría

 

“Hija de Andrés II, rey de Hungría, Isabel nació en 1207. A la edad de cuatro años, fue a la corte de Turingia, donde desposó el landgrave Luis en 1221. Un matrimonio feliz. El príncipe comprendió admirablemente a su todavía joven esposa y le dio libertad para practicar sus devociones y penitencias a voluntad. Al mismo tiempo, abrió de par en par su bolsa a la inagotable caridad de la princesa. Esposa y madre ejemplar, Isabel se levantaba por la noche y pasaba largas horas en oración.”

 “Las pruebas comenzaron cuando el duque Luis partió a la Cruzada. No tardó en enterarse de su muerte en 1227, cuando ella tenía veinte años. Y el propio hermano del landgrave, llamado Enrique, ocupó inmediatamente los estados del difunto. [Isabel], expulsada de su casa con sus cuatro hijos, el último de los cuales sólo tenía unos meses, sin recursos, se vio obligada a buscar en pleno invierno el agasajo que la crueldad de su cuñado prohibía a los habitantes proporcionarla.”

 “Experimentó entonces la peor de las miserias y se alegró de encontrar cobijo en un establo para cerdos. Pronto, sin embargo, le fue restituida su fortuna, pero ella quiso permanecer entre los pobres y fue en medio de ellos, en una cabaña, donde murió, el 17 de noviembre de 1231, a la edad de 24 años. Cuatro años más tarde, Gregorio IX la canonizó y su culto se extendió a toda la Iglesia universal”.

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Conjunto escultural de Santa Isabel de Hungría (realizada en madera por Rudolf Moroder, policromada por Christian Delago, 1900, en la iglesia parroquial de Urtijëi; fotografía de Wolfgang Moroder)

 

Cabe destacar algunos hechos de su vida. Era hija del rey de Hungría y se casó con un landgrave alemán de Turingia. ¿Qué era un landgrave? Literalmente, “land” es tierra y “grave” es conde. Un landgrave es el conde de una tierra. Pero era un gran señor feudal, una especie de príncipe, con el que se casó y fue a la corte a los cuatro años de edad. Esto se debía a que en la época prevalecía la idea de que, al menos en las clases altas, era aconsejable enviar a las niñas muy pronto a los castillos y familias donde iban a casarse. De ese modo, podrían formarse plenamente y asumir toda el alma del lugar, aunque eran libres de decir “no” cuando fueran mayores y se casasen de facto.

Ella fue muy feliz con su esposo hasta que él partió a la Cruzada. Pero resulta que los verdaderos hijos de la luz, los verdaderos católicos, siempre reúnen a su alrededor todo tipo de enemistades. No hay verdadero católico que no sea perseguido. Ya lo dijo Nuestro Señor Jesucristo: todo verdadero discípulo suyo sería perseguido, como lo había sido Él. Por eso ella tuvo en su contra toda clase de odiosidades, que generalmente provenían [como consecuencia] de su virtud, explotadas en sus aspectos menos fáciles de entender por personas de malas intenciones.

En una ocasión, por ejemplo, llevó a su castillo a un leproso que vio pasar por las calles y lo acostó en su propia cama, comenzando a tratarlo como si fuera el mismo Cristo. Y esto por las palabras de Nuestro Señor de que todos los que sufren le representan a Él. La suegra, al enterarse, fue a ver al landgrave y le dijo: “¡Mira a tu mujer! Está poniendo un leproso en tu cama para que la enfermedad se te pase a ti cuando vayas allí. Ve y encontrarás un leproso acostado en la cama”.

Él fue, vio al leproso tendido en la cama, arrancó la sábana y dijo: “¿Qué es esto? ¿Qué significa ese hombre tendido en la cama?”. Ella respondió: “Esposo mío, este hombre es nuestro Señor Jesucristo”. Al decir esto, se produjo el milagro, el duque vio a Nuestro Señor Jesucristo en la persona del leproso, y sintió un admirable olor a rosas que salía de la persona del leproso. Quedó profundamente impresionado y la suegra perdió el partido…

El duque era un hombre muy bueno, pero murió y la persecución se desató sobre ella de forma trágica. Van Uds., era la duquesa local e hija de un rey, y tuvo que ir a vivir en un establo de cerdos. Es decir, era la peor clase de persecución. Y una cosa tremenda, que nos hace darnos cuenta de la realidad de la miseria humana, es ésta: a menudo eran personas que habían sido colmadas por ella con todo tipo de liberalidades las que se mostraban frías con ella en la hora de la persecución. En lugar de ir a su encuentro, se alejaban, guardaban las distancias, y en el momento de la persecución, se mostraban frías hacia su benefactora.

Hubo una famosa noche en que ella fue a un convento. Allí fue muy bien recibida, pero luego tuvo que marcharse porque su cuñado se acercaba para perseguirla. Así que salió de la abadía, donde había hecho cantar un Te Deum para dar gracias a Dios por los sufrimientos que estaba pasando. Y una lluvia terrible cayó sobre ella y sus hijos. Pero la lluvia del invierno europeo, no tienen Uds. ni idea de lo que es, porque llueve agua fría, por no hablar de hielo. ¡Es tremenda! Y ella estaba en el monte, sufriendo todo eso…

En ese momento, incluso tuvo un momento de desmayo y parece que se le pasaron por la cabeza algunas dudas sobre su fe, sobre las que no sabemos exactamente el grado de su consentimiento. Pasó toda su vida arrepintiéndose por ello, para que vean Uds. lo débil que es el hombre… Pero la Providencia la perdonó y, a fin de cuentas, se sometió a años de penitencia, alcanzando la más alta santidad. Lo demuestra el hecho de que recuperó su fortuna, pero no quiso volver a sus antiguos privilegios: quiso pasar el resto de su vida entre los pobres.

Su director espiritual era un capuchino llamado Conrado, que la sometió a grandes pruebas. Pero la Escritura dice: “Reprended al justo y os amará”. En otras palabras, cuando un hombre es justo, le gusta ser reprendido. Cuando no le gusta que lo reprendan, tiene que adquirir justicia por el camino… Era justa y le gustaba esta dirección espiritual, aunque no era de modern style, no muy aggiornata.

Pero los habitantes de Turingia eran tan conscientes del papel de este hombre en su santificación que en honor de ella mandaron construir un monumento en su honor. De esto se desprende la profundidad de concepto que ellos tenían de eso.

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Para terminar, para que Uds. vean cómo la Revolución extingue o intenta extinguir las cosas más gloriosas y admirables: una de las escenas más famosas de la seudo-reforma protestante fue la declaración de la reforma, creo que en Turingia. El landgrave protestante llega a la puerta de la iglesia, ante una muchedumbre incontable, abre el esquife de Santa Isabel de Hungría, o el relicario donde se encuentra, y hace soplar el viento sobre él, que esparce las cenizas de la Santa por todas partes… Esto es protestantismo. Este landgrave era descendiente de Santa Isabel e hizo esto como tal. Ya ven Uds. hasta dónde pueden llegar las cosas y la miseria de la vida humana…

¿Tenemos algo que pensar sobre Santa Isabel de Hungría? Ciertamente. Debemos ver en esta santa la constancia en las peores desgracias. Hay dos formas de constancia en la desgracia: una consiste en soportarla cuando sucede. Pero hay otra forma: cuando una persona prevé la desgracia y es capaz de anticiparse a ella y mirarla con ojos serenos, es capaz de ofrecer el sacrificio que tendrá o hará a la Virgen; es capaz de decir la oración de Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos: “Padre mío, si es posible, apártese de mí este cáliz. Y si no, que se haga Vuestra voluntad y no la mía”.

Esta es la vida de Santa Isabel de Hungría y esto es lo que debemos tener ante nosotros: la calma, la resignación para ver las desgracias por las que debemos pasar y la constancia durante ellas. Esto no se consigue sino siguiendo el ejemplo adorable de Nuestro Señor Jesucristo: en la hora de la aflicción, orar y velar para no caer en la tentación.

Esto es lo que debemos hacer, mediante la oración omnipotente de Nuestra Señora.

 

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Santa Isabel de Hungría, Duquesa de Turingia, lava y cura las heridas de los enfermos de tiña – Murillo, 1672, Hospital de la Santa Caridad, Sevilla

 

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