Catolicismo Nº 45 - Septiembre de
1954 (www.catolicismo.com.br)
AMBIENTES, COSTUMBRES, CIVILIZACIONES
"Todo se refleja en los ojos: cólera, miedo,
afecto o alegría"
En esta sección se ha tratado
muchas veces de ambientes en relación a edificios. muebles, paisajes, etc. Parece
interesante subrayar que el principal elemento de cualquier ambiente es el
hombre. Esta verdad es evidente en lo que respecta a las ideas que el hombre
exterioriza y a los actos que realiza. Pero es acaso menos evidente en lo que
podríamos llamar los imponderables de la apariencia humana: el aspecto, la
actitud, la mirada.
Detengámonos en el análisis de la
mirada humana.
* * *
Nuestra primera figura representa una de
las personalidades más insignes del movimiento ultramontano francés del pasado
siglo: Mons. Próspero Gueranger, O.S.B., fundador y Abad del famoso monasterio
de Solesmes, restaurador de la Sagrada Liturgia, escritor eximio y gran amigo
de Louis Veuillot.
La frente espaciosa, los rasgos
destacados y vigorosos indican inteligencia y fuerte personalidad. Pero todo
cuanto estos rasgos puedan significar se resume, se condensa y admite su máxima
expresión en los ojos. Grandes ojos claros, luminosos, en los que jamás parece
haberse reflejado ninguna clase de debilidad o flaqueza humanas. Grandes ojos
que parecen hechos para la contemplación de lo más trascendental en esta vida y
para los inmensos horizontes del Cielo. Pero al mismo tiempo, mirada de una
invencible fuerza de penetración en relación con las cosas de la tierra, capaz
de traspasar todas las apariencias, todos los sofismas, todos los artificies de
los hombres, llegando hasta el fondo más recóndito de los acontecimientos, de
los corazones. Alma de varón justo y contemplativo, que mira a lo alto y
profundo, porque vive inmerso en las claridades de un pensamiento lógico,
iluminado por la fe de la más estricta ortodoxia.
Ante esa mirada vienen a la mente
las hermosas palabras del Santo Padre Pío XII, en su alocución del 12 de Junio
de 1953, a los miembros del ler Congreso Latino de Oftalmología: "Todo se
refleja en los ojos: no sólo el mundo visible, sino también las pasiones del
alma. Incluso un observador superficial descubre en ellos los más variados
sentimientos: cólera, miedo, odio, afecto, alegría, confianza o seriedad. El
juego de todos los músculos de la cara se encuentra, de algún modo, concentrado
y reunido en los ojos, como en un espejo".
* * *
De los grandes ojos que Dom Gueranger
mantenía tan abiertos hacia el Cielo y hacia esta vida, pasemos a la admirable
expresión de unos ojos que la muerte cerró y que sólo se reabrirán "in
novissimo die" para contemplar los esplendores temibles del Juicio Universal.
Se trata de la admirable
mascarilla funeraria de S. Felipe Neri, famoso apóstol de Roma en el siglo XVI.
Fue tal el vigor de su personalidad que su mascarilla mortuoria, por decirlo
así, refleja todavía una finura, una fuerza y una ironía suave y ligera; y
parece dispuesta a entreabrir los labios en una imperceptible sonrisa; pero la
"mirada" es aquí la nota más expresiva, con una fijeza, una lucidez,
una fuerza que traspasa no sólo los párpados, sino los velos de la muerte y del
tiempo, dejando ver hasta el fondo la coherencia, la robustez y la fortaleza
del alma que se fué. Fuerza, armonía, lógica de Santo, que mereció ver en el
Cielo la luz clarísima de Dios.