Catolicismo Nº 108 - Diciembre de
1959 (www.catolicismo.com.br)
AMBIENTES, COSTUMBRES, CIVILIZACIONES
El riquísimo significado moral de los sencillos
objetos caseros
El perfil expresivo de ese hombre
recostado en una butaca conserva restos de la fuerza de otrora. Algo
imponderable y muy nítido hace ver que se trata de una persona gastada, un
viejo tal vez, o alguien que se encuentra en la orla de la vejez, y que la enfermedad
o las añoranzas consumieron precozmente. A su alrededor, y sirviéndole de
marco, cuántas evocaciones surgen, por la voz de los objetos apaciblemente
caseros, en esa penumbra acogedora, hecha de sombras fraternalmente armonizadas
con un espléndido chorro de luz matutina. En una palabra, ¡cuánto ambiente
puede haber en el sencillo cuarto de un anciano!
Desde esa butaca hecha para un
reposo con dignidad —"otium cum dignitate"— ese hombre, inundado por
la luz que brilla sin quemar, ve por la ventana ampliamente abierta, todo un
panorama. Situación propicia para considerar de lejos y desde arriba las personas,
las cosas, el pasado y la vida. Precisamente las grandes consideraciones que
son la distracción de los ancianos, el fruto más alto de su experiencia, y su
mejor preparación para la eternidad.
Reflexiones tales exigen un habitat lleno de quietud, en el que el
alma pueda volar hacia las altas regiones, y las cosas sirvan amablemente al
cuerpo, para que él no la perturbe. La mirada puede posar distendida, en esas
penumbras bizarras y amigas, en las que objetos familiares perpetúan una
belleza sin pretensiones y afable. Sobre una fuerte mesa de madera tallada, un
panecillo que queda de la última comida, un pintoresco jarrón y unas grandes
flores un tanto rústicas. Todo es decente, agradable, serio y al mismo tiempo
ameno. Y cuando el alma, cansada de consideraciones más altas, quiere
distraerse, tiene realmente con qué entretenerse. Tiene el gatito que
representa en el cuadro un factor de vivacidad, gracia y fantasía. Tiene el
suelo de piedra o de ladrillo, cuyas baldosas quebradas tienen tanta gracia a
la luz del sol, tiene la mesa que evoca tantas comidas familiares de otros
tiempos, tiene las flores que constituyen una nota de animación y alegría,
tiene cada una de estas cosas y, mucho más que todo esto, tiene el conjunto de
todas ellas, esto es, tiene ambiente...
Nada es superfluo, ni
excesivamente arreglado, ni intenta parecer más rico de lo que es.
Las cosas son lo que son, y
forman una atmósfera llena de significados morales, tan provechosa para el alma
cuanto lo son para el cuerpo el aire libre y el sol que el anciano parece
sorber a grandes tragos.