Catolicismo Nº 114 - Junio de 1960 (www.catolicismo.com.br)
AMBIENTES, COSTUMBRES, CIVILIZACIONES
Dios no se encuentra en la agitación
Es de noche. Se adivina el silencio
absoluto que habita en la oscuridad que esta antigua y mal tratada fotografía
fijó. El alma, en una atmósfera como ésta, se siente invitada a la reflexión.
Todas las circunstancias, grandes o pequeñas, agradables, aburridas o incluso
dolorosas de la vida cotidiana desaparecen. A solas consigo mismo, el hombre
puede trascender de todo esto, y penetrar en la región superior del
recogimiento, de la reflexión y del estudio.
Se trata de una
felicidad austera y sosegada. En una palabra, es una felicidad verdadera.
En nuestra
fotografía esta felicidad se siente vivamente.
Tres luces están
encendidas en ella. La menos importante es la que propiamente merece el
nombre de luz: es la de la vela. Su reflejo sobre el libro constituye la
segunda nota clara de la imagen. Se tiene la impresión de que el pensamiento
contenido en el texto se hace luminoso. Y la luz de la vela y el reflejo en el
libro iluminan el rostro, haciendo ver en él la luz más verdadera, que es la
del alma atenta y sutil que lee.
Analícese este
rostro sumergido en la lectura: está sosegado, absorto, feliz.
Como decíamos, es la felicidad
del aislamiento, del recogimiento, la felicidad de pensar...
* * *
De esta felicidad
eran ansiosos nuestros mayores. Pero cada vez hay menos que la aprecian.
Crece, por el
contrario, el número de los que sólo sienten placer en el ruido, en la agitación,
en las sensaciones "exciting".
En Nueva York, inchas acaban de conocer la
victoria de su campeón. Blancos, negros, amarillos, entre todos se generaliza
hoy la tendencia de pensar que felicidad es esto...
* * *
Para los que
conocen el placer del recogimiento, está establecido un presupuesto precioso
para la santificación. San Bernardo decía: "O beata solitudo, o sola
beatitudo!"
Pero los que
viven en el bullicio perpetuo, los que no saben ni quieren vivir fuera de él,
cuántos ruidos ahogan la voz de la gracia...
"Non in commotione
Dominus" ( 3 Rs. 19,
11 ). Dios no se encuentra en la agitación.