29 de octubre de 1992

 

Entrevista concedida a la TV brasileña SBT

 

"El rechazo de la homosexuali­dad representa una preservación de la sociedad contra lo que ella siente como opuesto a sí misma. Todo aquello que es vivo rechaza lo que le destruye. Y así, por un movimiento com­parable al del instinto de con­servación, las sociedades hu­manas, modeladas según la doctrina católica, eran y se ma­nifestaban profundamente an­ti-homosexuales.

Entretanto, con la pagani­zación progresiva de las ideas, de las costumbres, etc. que se presencia a lo largo de casi to­do el siglo actual, ese rechazo ha venido decreciendo en vi­gor. Y su significado más pro­fundo ha venido decayendo cada vez más.

Hace 20 o 30 años, por ejemplo, la presencia casi asi­dua de la homosexualidad en la televisión y en el teatro ha­bría sido rechazada con indig­nación. Hoy, sin embargo, por la propia infiltración de ese es­tado de espíritu neopagano, que lleva a considerar la ho­mosexualidad con negligen­cia, el cine y el teatro van abriendo de par en par sus puer­tas para la introducción de esa práctica profundamente anti-so­cial. Y esto, como brasileño, no puedo dejar de deplorar.

Y deplorar tanto más pro­fundamente por el mismo he­cho de que Brasil tiene un te­rritorio-continente, una es­pléndida dádiva de Dios y, más inmediatamente, una dádiva de la Historia.

Ese territorio no tiene mucha proporción con su población, que es exígua en relación a las inmensidades a ser pobladas.

Los países de Europa, de los cuales nos venía antiguamente la inmigración (Italia, Portu­gal, España, Alemania, etc.) y que poblaron tan provechosa­mente para nosotros el territo­rio patrio, hoy están escasos de población a causa del descenso de nacimientos y, por tanto, sin elemento humano para emi­grar.

En esas condiciones, o el pueblo brasileño, por la fecun­didad de sus uniones matrimo­niales, puebla su territorio, o antes o después otras naciones que tienen necesidad de emi­gración, alegarán que, en las manos de Brasil, el territorio nacional constituye, en parte, latifundio improduttivo. Y que esta parte improductiva debe ser concedida a las naciones que carecen de territorio para sus propias poblaciones.

Y en consecuencia —con­cluye el profesor Plinio Corrêa de Oliveira—, como brasile­ños, devemos desear que la na­talidad crezca en nuestro país, para que pueda así ser poblado nuestro territorio continental. Y para esto es necesario re­chazar categóricamente la ho­mosexualidad, que consiste en la práctica de uniones sexuales forzosamente estériles, que perjudican e interrumpe ese crecimiento de la población, lesando gravemente los intereses nacionales.”