Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

El hidalgo, el lord, el archiduque

y el Junker
Cuatro modos únicos de ser noble

 

 

 

Extractos de conferencia pronunciada el 5 de febrero de 1993. Sin revisión del autor (*)

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De izquierda a derecha y de arriba a abajo: el Lord, el duque de Marlborough; la representación de un hidalgo español; el archiduque Alberto von Saxe-Teschen y, finalmente, el junker, el canciller Otto von Bismarck.

El hidalgo (noble español) es a la vez muy distinguido y siempre dispuesto a ir a la guerra ‒a un combate singular, al estilo de la caballería, no de la guerra moderna.

El lord Inglés es profundamente diferente. Es mucho más reservado, mientras que el hidalgo español es más expansivo.

Para el lord la victoria en la guerra es sobre todo el éxito de un plano bien racional, hecho en una tienda de campaña, tomando una ginebra o cualquier otra bebida, en un ambiente de silencio a su alrededor con el fin de razonar mejor. Mucha jerarquía entre sus ayudantes, siempre respetuosos y eficientes. Si el general británico tiene que entrar en combate, cada golpe que da es como una operación en un juego de ajedrez. Si pierde la frialdad, pierde el control y, posiblemente, la guerra.

Mientras tanto, el hidalgo español va al centro de la batalla dando espadazos, gritando, aclamando a la Virgen, etc.

Estos modos peculiares se diferencian de los de un archiduque austriaco. Este encarna el encanto de Viena, atrayente, haciendo sonreír siempre, por lo que todos disfrutan de estar cerca de él y simpatizar con él. Él es más un político que un guerrero, y gana la batalla en la sala de espera de los ministros.

Conocí a un junker prusiano que en una ocasión se peleó con un archiduque. Razón: el junker quería hacer algunas demostraciones, pero el archiduque las creía superfluas. Entonces el Junker dijo, “Uds. los vieneses son así: si queremos que se comporten con seriedad, es necesario poner encima de la mesa un vaso de vino y un trozo de pastel. Entonces es posible que presten atención a las cosas”. El esperaba que el archiduque replicara. Pero no: el archiduque, con toda la gracia vienesa se echó a reír, pareciéndole muy divertido. Y, al estilo militar, el junker se levantó y se fue...

Es necesario saber analizar a cada nación con sus propias peculiaridades. Una cosa es un gracioso archiduque austriaco, bailando un vals elegante en la Hofburg; algo muy diferente es el casco prusiano puntiagudo, a la Kaiser, y marchando...

(*) Traducción por Acción Familia (Santiago de Chile)


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