Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

"Viva Cristo Rey!"

 

 

 

 

 

Catolicismo, N. 535, Mayo 1995

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Ejemplar testimonio de un joven cristero, martirizado durante la persecución a los católicos mejicanos en los años 30

“¡Viva Cristo Rey para siempre!”; tal fue el grito que abrió las puertas del Cielo a muchos bienaventurados durante la resistencia católica de los años 30 en México.

Los mártires Cristeros lo gritaban cuando eran ejecutados por el régimen comunista contra el cual lucharon: un régimen tiránico que cerró las puertas de sus iglesias, persiguió la religión y esparció la desgracia sobre México, la gran nación amada por Nuestra Señora de Guadalupe.

Luis Segura Vilches también lo gritó cuando estaba siendo acribillado a muerte por el pelotón de fusilamiento, sin juicio previo. La acusación contra él: haber conspirado contra la vida del dictador Obregón. 

En la fotografía, vemos el joven ingeniero caminando hacia su lugar de ejecución. El está sereno como si estuviera caminando en la fila de una iglesia para recibir la Sagrada Comunión. Tal es su serenidad, que nosotros fácilmente podríamos imaginarlo en tiempos pasados antes de recibir a Dios, por quien ahora estaba por morir.

Impresionantemente puro, masculino y de noble semblante, bien vestido, y notoriamente de buen linaje, este héroe con derecho puede ser considerado un modelo de la juventud católica; una juventud que es seria, generosa, y llena de Fe y valentía. ¡Cómo él, con facilidad podría haber usado sus numerosas cualidades de manera egoísta, realizando para si mismo una vida confortable con una exitosa carrera! Todo lo que tenía que hacer era colaborar con el régimen ilegítimo o por último no hacerle oposición. Pero la conciencia de este devoto de la Santa Iglesia no lo podía aceptar. Segura Vilches entró al movimiento Cristero, y gracias a su vigorosa personalidad, fervor e inteligencia, paso a ser parte de uno de sus inspiradores.

Testigos afirmaron que, cuando estaba siendo removido de su celda, en la cárcel, fue informado de su inminente ejecución. El respondió de inmediato que sus asesinos lo estaban mandando para el Cielo. 

Hasta el capitán y los soldados del escuadrón de la muerte se conmovieron al verlo: llevado al lugar de ejecución por un oficial, tuvo que caminar al lado del cuerpo aún caliente del Padre Pro. En la foto, él está mirando abajo a su derecha. Allí está el cuerpo del famoso sacerdote. No notamos la más ligera seña de contracción en los rasgos de Segura Vilches. ¡El no muestra pavor, ni horror... nada! Su expresión se mantiene aún contemplando la rígida realidad tan cruda que se presenta delante de sus ojos. El es la próxima víctima, sin embargo, los cronistas de aquel tiempo atestiguan que ellos no notaron ninguna reacción. El dominio de si mismo es total. Sólo puede ser el resultado de una gracia extraordinaria para enfrentar el martirio y formar una fuerza de alma especial. Su alma es fuerte porque se preparó para este sufrimiento mucho antes. A través de una ardua contemplación y meditación, vislumbró lo peor que podía llegar a pasar.

El hombre contemporáneo odia prepararse para lo peor. El ama soñar con lo mejor, para fantasear sobre una situación ideal donde todo transcurre bien y nada malo puede interferir. El hace esto para evitar reconocer la importancia del sufrimiento para su santificación. ¿Y cuál es la consecuencia? Cuando ocurre lo peor, la moral de la persona colapsa. No la de Segura Vilches. El estaba preparado para la realidad más cruel; como lo prueba esta fotografía. La santidad de su martirio es resaltada por su heroica preparación.

¡Señores, estoy listo!”. Dijo al estar frente a sus ejecutores, mirando hacia el Cielo. Segundos después - ¡y con qué seguridad!- él estaba entrando a otro Cielo, diferente al nuestro que es un mero símbolo.

¡Qué gloria la suya siendo llevado por los ángeles hasta el mismo trono de Dios para su encuentro, su verdadero encuentro, con Cristo Rey, por quien él recién diera su vida terrena, y con María, quien con dulzura sonríe sobre este hijo héroe que durante su vida entera fue su muy el devoto!


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