Del libro
“Cristiandad auténtica o revolución comuno-tribalista – La gran alternativa de
nuestro tempo” (Comisión inter-TFPs de Estudios Hispanoamericanos, Sociedad
Española de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, Madrid, 1993, pags.
147-149):
América:
Esperanza del siglo XXI
Plinio Corrêa de Oliveira
Al conmemorar este V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de
América, aprendemos a considerar la obra de España y Portugal como una gran
gloria de Iberoamérica y un triunfo de la civilización cristiana.
Y lo es realmente: la entrega a la Iglesia y a la Cristiandad de un mundo
nuevo. Obra de evangelización y civilización, en que se hermanaron misioneros
y colonizadores. Obra celebrada por los Romanos Pontífices, como Pío XII, que
destacó "el hecho colosal de que, un siglo después del descubrimiento,
América era virtualmente católica" (1).
Sin embargo, nos deparamos ahora con una propaganda organizada en las tres
Américas y en el mundo. Esa propaganda exagera algunos excesos e injusticias
ocurridas durante la ejecución de tal obra -lo que puede acontecer en toda
acción humana- intentando presentar esa magna empresa como un genocidio y mera
actividad de imperialismo económico, en la cual los gobiernos colonizadores
habrían contado con la complicidad de la Iglesia.
La instauración de la civilización cristiana en el Nuevo Mundo es
calificada ahora, pura y simplemente, como una destrucción de las
"culturas superiores" de los indígenas. Y peor aún: ciertos teólogos
de la liberación llegan a sustentar no sólo que fue un mal substituir las religiones
indígenas por la católica, sino que los misioneros deberían haberse dejado
"catequizar" por el paganismo amerindio, pues éste tendría una visión
más auténtica de ciertos aspectos de la divinidad y de las relaciones del
hombre con el cosmos... Van en ese sentido las declaraciones del antiguo
fraile franciscano Leonardo Boff, hechas para quien las quiera leer (2).
El movimiento basado en alegaciones de este género, que hasta hace poco
habrían parecido un delirio, va tomando tal volumen en Europa, que, en la ciudad
de Puerto Real (Cádiz) el ayuntamiento decidió construir un monumento
(esculpido por el amigo de Fidel Castro, el artista ecuatoriano Guayasamín) en
desagravio a las "víctimas" del Descubrimiento, y para desdorar a
Isabel la Católica, la gran Reina que apoyó la expedición de Colón. Monumento
que no ha sido realizado, debido a una sana reacción de la opinión pública española,
consecuencia, en larga medida, de la vigorosa campaña de repudio promovida por
la Sociedad Española de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad
(TFP-Covadonga).
En Alemania, el Consejo Misionero Católico, con el aplauso de varias
revistas religiosas, pidió que el día 12 de octubre de 1992 fuese considerado
no un día de alegría, sino de tristeza.
Universidades europeas han realizado forums, durante los cuales es
denegrida la colonización y la evangelización de América. Llegan a cerrar los
ojos para la realidad de que los pueblos iberoamericanos son la esperanza de la
Iglesia y de la civilización cristiana para el siglo XXI. Defienden la
adopción de la llamada civilización indígena como modelo de vida colectivista y
de supuesta armonía ecológica igualitaria del hombre con la naturaleza.
En Brasil, desde donde escribo, tales ideologías se vienen manifestando
desde hace varios años. Son conocidas, por ejemplo, las poesías y escritos de
Mons. Pedro Casaldáliga, Obispo de San Félix do Araguaia, en los que él reniega
de la obra evangelizadora de santos y misioneros. No escapa a sus ataques ni
el Bienaventurado Padre José de Anchieta, jesuita, fundador de la ciudad de São
Paulo y Apóstol de Brasil. Ya en 1977, cuando este movimiento estaba en sus
comienzos, denuncié las mencionadas ideologías en el libro "Tribalismo
Indígena, ideal comuno-misionero para el Brasil del siglo XXI".
Habiendo las cosas llegado a este punto, se comprende facilmente la
necesidad y oportunidad de realizar alguna acción que salvaguarde, en esta
materia, la honra de la Iglesia y de las naciones iberoamericanas. Y, en
nuestro caso, que haga justicia también a la acción previdente y benemérita
del Infante Don Enrique, el Navegante, y de Don Juan II, Rey de Portugal, a
quienes, como católicos y como brasileños, tanto debemos.
Se habla tanto, y con toda razón, del mal que la propaganda de las sectas
protestantes viene ocasionando a la Iglesia Católica en Iberoamérica; pero, a
nuestro entender, la campaña que estamos denunciando le causa un dano mayor.
Es la propia misión otorgada por el Divino Maestro a la Iglesia -"Id,
pues; enseñad a todas las gentes, (...) a observar todo cuanto Yo os he
mandado" (Mt., 28,19)- la que está siendo, por esta manera, acusada y
vilipendiada.
Notas:
1)
Radiomensaje de 12/10/1949.
2)
"Jornal do Brasil", Río de Janeiro, cuaderno "Idéias e Ensaios", 6/10/91.
[Véase también el
Prefacio]