Boletín de las 15 TFP, edición especial: 1983 en revista, Pleasantville, N.Y., Pág.. 20-24

 

En Colombia, la TFP enfrenta a la guerrilla y alerta a los despreocupados

 

 

 

DESDE LA DÉCADA DE LOS 60, Colombia ha sido un país in­festado por la guerrilla, la que adquirió, por así decirlo, un carácter crónico. Medidas tímidas, parciales o vacilantes contra la guerrilla nada re­solvieron, sino que agravaron y perpe­tuaron el problema, produciendo en la opinión pública la sensación infundada de que se trata de un mal sin remedio.

En noviembre de 1982, el Gobierno promulgó una ley de amnistía contra la que la TFP colombiana —práctica­mente sola en el ámbito civil— se había pronunciado con gran esfuerzo publi­citario, difundiendo un manifiesto en "El Tiempo" de Bogotá, "El País" de Cali, "El Mundo" de Medellín, "Diario de la Frontera" de Cúcuta, "Diario del Huila" de Neiva y "Dia­rio de la Costa" de Cartagena.

En seguida se sintieron los malos efectos de la medida gubernamental, dando así la razón a la TFP, que en abril publicó un nuevo manifiesto más circunstanciado y enérgico, analizando la situación de la guerrilla en el país y alertando a la nación sobre los peligros que corre.

Publicado el 9 de noviembre de 1982, algunos días antes de la promulgación de la ley, el primer manifiesto de la TFP observaba que "la historia mues­tra que la actitud de clemencia habi­tualmente sólo se toma con relación a movimientos ya vencidos, cuya hora de resonancia en la opinión pública ya pasó, y de cuyos últimos focos se puede disponer por una medida de clemencia, lo cual, en el caso concreto, amplia­mente no sucede".

El efecto de esa amnistía literalmente incondicional había de ser el de dar mayor libertad a los líderes de la sub­versión, que a su vez habían de "trans­ferir la agitación desde el fondo de la selva al núcleo de las grandes ciudades".

"Preocupa mucho también —añadía el manifiesto de la TFP— la circuns­tancia de que los guerrilleros hayan conseguido actuar y resistir con tanta eficacia hasta el momento presente, sin duda por el hecho de recibir armas y municiones desde el exterior, a través de conductos que nuestras autoridades no consiguieron descubrir o no logra­ron cortar.

“Por tal razón, si la amnistía fuere promulgada, la nación colombiana ten­drá el derecho de esperar que haya pri­mero un acto de rendición formal de los guerrilleros, seguido de una entrega de todas las armas, cuya cantidad y carac­terísticas podrán ser conferidas con aquellas que los técnicos militares juz­guen probable que la guerrilla posea; y, finalmente, que las autoridades in­formen sobre las medidas que van a ser tomadas para cortar con una eficacia definitiva la entrada de armamentos en Colombia.

“Porque no es posible que nuestro país sea el único en el mundo que, sin lindar con naciones en estado de guerrilla, no obstante tenga siempre arma­mento clandestino nuevo, como si bro­tase del propio suelo".

La interceptación por parte del gobierno brasileño, en abril de 1983, de cuatro aviones libios cargados de armamentos para la guerrilla colombiana (según conjeturas muy plausibles), así como también para la insurrección en América Central, vino a acentuar la clarividencia de estas observaciones.

En vista del apoyo macizo de los sec­tores político, eclesiástico y publicita­rio, el Gobierno optó por la promulga­ción de la Ley de Amnistía, cuyos funestos efectos van ahora suscitando, en incontables colombianos, una perple­jidad que conviene disipar.

Este es el objetivo del segundo mani­fiesto de la TFP, dado a conocer a par­tir del día 29 de abril por la prensa dia­ria de las principales ciudades del país.

Este manifiesto —observaba la TFP colombiana— se hacía aún más opor­tuno ante "la denuncia, formulada por autoridades militares, de un plan mar­xista para, mediante la guerrilla, obte­ner la secesión y el dominio rojo de una parte de nuestro territorio, como medio para la ulterior conquista de toda la nación".

El documento muestra como "el comunismo procuró, durante décadas, realizar la conquista mundial a partir de los pequeños núcleos de militantes que poseía".

Pero esa actuación encontró delante de sí la apatía de las multitudes en rela­ción a las promesas igualitarias del comunismo, así como una notoria resistencia a su índole colectivista y tirá­nica. De ahí el recurso a la guerra psi­cológica revolucionaria, gracias a la cual el marxismo alcanzó victorias que el proselitismo explícito o la violencia directa nunca le habían proporcionado.

La guerrilla se insiere así en el cua­dro de la guerra psicológica revolucio­naria, dentro del cual debe ser sopesada su importancia real.

Aplicando un sistema de violencia bien estudiado, la guerrilla induce a las autoridades desconcertadas, o a veces complacientes, a hacer concesiones. Y así las naciones se dejan conducir al dominio rojo. Es decir, van aceptando "ser sojuzgadas por regímenes que, sin declararse marxistas, no obstante im­ponen, en el aspecto socioeconómico, un sistema muy próximo al deseado por Marx".

En el caso concreto de Colombia, la condescendencia dio a los guerrilleros mucho más de lo que conquistaron por la violencia: "La gravedad de la vio­lencia que siguió a la amnistía ha ido mostrando a la opinión pública colom­biana que, con esa medida, el comu­nismo obtuvo en nuestra patria —y contra ella— una victoria resonante: el principio de autoridad fue quebrado; la firmeza de las leyes disminuyó; la impunidad de numerosos crímenes fue establecida, con tal de que éstos hayan sido cometidos con vista a imponer un régimen marxista; y en consecuencia, a partir de esa victoria, la ofensiva roja continúa con mayor ímpetu, la sangre colombiana sigue siendo derramada, y fue abierto un funesto precedente que podrá costar caro a nuestro país".

"A la amnistía incondicional —con­tinúa el manifiesto de la TFP—, sin entrega de armas, sin liberación de secuestrados y prácticamente sin excep­ción, siguieron otras benevolencias aún más desconcertantes".

El documento de la TFP entra en pormenores: "El Supremo Gobierno procedió a conferir a numerosos gue­rrilleros, presuntamente arrepentidos, bienes que nunca otorgó como premio ni aun a los actos más meritorios; el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria procedió a hacerles entrega de parcelas agrícolas, junto con benefi­ciarlos con cuantiosos créditos, muchas veces sin otra garantía que el aval del propio Estado". Todavía peor: las mencionadas parcelas, por sugestiva coincidencia, están ubicadas precisa­mente en una de las zonas más afecta­das por la guerrilla, como si la inten­ción hubiese sido mantener a los guerri­lleros en el mismo teatro de sus nefastas operaciones. Naturalmente, esa `solución' es aceptada por ellos, pues les permitirá conservar intacta la orga­nización subversiva que allí deben de haber formado, sin desmantelar sus esquemas y articulaciones".

Este es el fruto —observa la TFP— de lo que puede ser llamado "fanatismo por la paz", "ya que incluso a los idea­les más nobles puede ocurrirles la des­ventura de ser servidos por fanáticos".

De ese modo, "los autores de los crímenes más chocantes fueron bene­ficiados por la llamada 'medida de cle­mencia': los que quemaron viva a una religiosa inválida; los que asesinaron a militares cautivos, sin hacerles otro cargo que su condición de tales; y, evi­dentemente, numerosos autores de secuestros, seguidos del homicidio de la respectiva víctima.

Así, la 'clemencia' con el delincuente tomó el lugar que le correspondía a la compasión por las víctimas inocentes".

Y también, "como era de esperar, no tardaron en producirse casos de guerri­lleros que, ni bien salieron en libertad gracias a la amnistía, volvieron a tomar las armas para proseguir en su siniestra lucha".

El manifiesto de la TFP colombiana reivindica enérgicamente el derecho de los militares que "cumplen con valen­tía el deber de resguardar el orden" y que son tratados por la Ley de Amnis­tía como si no tuviesen ningún valor. Analiza también el problema de la moralidad de la guerrilla, recordando que si la moral católica admite la exis­tencia de guerras justas, este mismo juicio no se aplica a la guerrilla mar­xista, "pues en ella se combina la ini­quidad intrínseca a la meta con la ines­crupulosidad de la forma de proceder".

Frente a eso, llama poderosamente la atención, en primer lugar, que esto, que tan claro e incontrovertible resulta una vez que es expuesto, sea sistemáti­camente callado por numerosos movi­mientos y líderes 'pacifistas', tanto laicos cuanto eclesiásticos, que no cesan de promover la 'paz' siempre que una eventual guerra pueda perjudicar los intereses del comunismo; en segundo lugar, que en este caso, como en tantos otros, con el supuesto fin de pacificar, los promotores de la distensión se ha­yan empeñado más en hacer concesio­nes, que en obtener una pacificación efectiva; y finalmente, que a menudo miren a la guerrilla con comprensión y simpatía... al mismo tiempo que cali­fican de inhumana su represión".

Es necesario pues, que las autorida­des civiles y militares "combatan enér­gicamente la guerrilla en nuestro país, con vista a una completa y efectiva res­tauración del orden y de la paz, con el fin de proteger a la nación y de resguar­dar la seguridad de las poblaciones afectadas". En cuanto a éstas, se sabe que las guerrillas se nutren de sus recur­sos. Por eso, el documento de la TFP concluye con un apelo dirigido a ellas: "Si fuere preciso —y en no pocos casos lo será— la población civil deberá reti­rarse de las zonas de conflicto, no sólo para no correr peligro, sino para que los guerrilleros no encuentren a nadie a quién pedir ayuda, ni nada de qué apoderarse; y, por otra parte, para po­sibilitar la acción militar, sin que ésta tenga que discriminar entre los habitan­tes honrados, pero amenazados, y los subversivos que pugnan por confundirse con ellos. La devastación material po­drá ser una medida dolorosa, pero es mil veces preferible si se la compara con la devastación moral que significa la connivencia con la guerrilla, a la cual se suma la destrucción material provo­cada por los enfrentamientos".

El segundo manifiesto —que recibió el expresivo título de La despreocupa­ción viene siendo la mayor aliada de la guerrilla Llamado de la TFP a los despreocupados: ¡preocúpense por fin!— fue publicado en "El Tiempo" de Bogotá, "El País" de Cali, "El Diario del Huila" de Neiva, "El Diario de la Costa" de Cartagena y "Vanguardia Liberal" de Bucaramanga.

Este segundo manifiesto repercutió en el exterior: en El Salvador, la Comi­sión Social "Paz: la tranquilidad del orden", constituida de señoras antico­munistas, lo publicó en "El Diario de Hoy"; y en Costa Rica, la oficina de representación de las 15 TFP lo publicó en el diario "La Nación", que es el principal de la capital, así como en el "Eco Católico", órgano de la Curia Arquidiocesana de San José de Costa Rica. En esa ciudad, los trechos más importantes del documento fueron leí­dos en Radio Colombia.

Por fin, en el día 25 de junio de 1983, la TFP colombiana publicó en "El Tiempo" un tercer manifiesto, mos­trando que la sociedad colombiana comenzaba finalmente a moverse con­tra la guerrilla. Evidentemente, el tra­bajo de la TFP no era ajeno a ese resultado.

"En efecto, cuatro días después de la publicación del manifiesto se daba a conocer que las principales entidades empresariales colombianas se habían reunido para analizar la situación de inseguridad en que la subversión puso al país, y que sus directivos estaban en vías de entrevistarse con el Jefe de Estado, para pedirle mayor rigor con­tra la guerrilla.

Tres días más tarde, el Señor Ministro de Defensa, en un importante pronun­ciamiento público, pedía a los líderes políticos que modificasen la actitud de magnanimidad ante la subversión y mostraba lo absurdo que sería tratar de acomodarse en un modus vivendi con ella.

Y un día después, el Excmo. Señor Presidente de la República, que tan esperanzado se había mostrado con la aprobación de la amnistía, percibiendo ahora los frutos que ésta daba —y la consecuente reacción de la opinión nacional— juzgó oportuno atenuar las aprensiones creadas por ella en el espí­ritu público, esclareciendo que esa medida no ampararía, como por lo demás es obvio, los crímenes que se cometieren en el futuro.

Días más tarde, el señor Comandante del Ejército declaró que no se podía continuar con esa amnistía, a la que los subversivos se acogen para reincorpo­rarse después en la lucha armada".

Sin embargo, la TFP colombiana está consciente de que los órganos de comunicación social no alcanzan toda la opinión pública del país, lo que hace necesario que salga a las calles, para lle­var sus palabras a un número inconta­ble de personas que de lo contrario no se enterarían.

Por eso fue que optó por una em­presa osada que, por intercesión de Nuestra Señora, la Providencia cubrió con su protección: imprimió un suple­mento con el segundo manifiesto, para su revista "Inconformidad", que ahora difunde por todo el país, incluso en la zona conflagrada por la guerrilla. En sólo un mes recorrió las ciudades de La Dorada, Manizales, Viterbo, Anserma, La Virginia, Pereira, Armenia, Mede­llín, Montería, Sincelejo, Cartagena, Barranquilla, Sabanalarga, Valledu­par, Aguachica, Bogotá, Cali, Cartago y Santa Marta. En esas ciudades, 9.500 ejemplares de la revista con el suple­mento fueron comprados ávidamente por la gente, que se alertaba por medio de slogans muy apropiados, entonados con gallardía y valor por los jóvenes de la TFP colombiana:

"¿Cómo combatir las guerrillas? — Algunos piensan que si los gue­rrilleros dan tiros, sólo pueden ser com­batidos a tiros...

“¡No es verdad!

“El guerrillero tiene necesidades... Requiere dinero... Requiere apoyo logístico. Requiere la simpatía de las poblaciones que él mismo devasta.

“Para acabar con las guerrillas, prin­cipalmente hay que lograr que las po­blaciones devastadas por las mismas estén disconformes con ellas y les nie­guen pan y agua... ¡Pan y agua!... Y les nieguen todo lo necesario para vi­vir... todo lo necesario para vivir...

“¡Colombiano! Por amor a nuestros hermanos que a todo momento son diezmados por la guerrilla, por amor a sus familias, que la guerrilla somete a permanente inseguridad, por amor a ustedes mismos, que de un momento a otro pueden ser víctimas de la guerrilla, sobre todo... sobre todo... sobre todo por amor a la Santa Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, la gran enemiga del comunismo, y de quien el comunismo es un enemigo mortal.

“Por eso, ¡oh! colombiano, niega a los guerrilleros tu simpatía, tu apoyo, o cualquier forma de relación... Niega a los guerrilleros tu simpatía, tu apoyo, o cualquier forma de relación...

“TFP... TFP... TFP... tres letras, tres estrellas en el cielo: Tradición, Familia, Propiedad. La Sociedad Colombiana de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad difunde entre ustedes su revista Inconformidad. Es la verdadera denuncia de lo que sucede en América Central, para alertar al pueblo colom­biano. Y difunde también el gran mani­fiesto antiguerrillero que la TFP lanzó recientemente. Concreto, valeroso, como pocos colombianos lo habrán hecho". n

   

Después de la campaña de la TFP el aire cambia: heroísmo y deseo de lucha en el enfrentamiento con la guerrilla

 Un gerente de banco comenta el alborozo producido. — "Leí el mani­fiesto de ustedes, que me pareció muy valiente y oportuno. Ustedes no se imaginan el alborozo que produjo aquí en la ciudad. Varios amigos me telefonearon el mismo día para avisar­me que había salido y que lo leyera".

Un abogado aprovecha argumentos del manifiesto para dar una charla a campesinos. — "Leí el manifiesto que me envió un amigo que hizo una reu­nión para mostrárnoslo y decirnos que era algo muy importante, y que todos debíamos estudiarlo. Me gustó mucho el argumento sobre lo que la población civil debe hacer, y lo voy a necesitar mucho pues tengo que dar una confe­rencia en un caserío de campesinos el próximo fin de semana. La TFP es la única que puede decir todo lo que quie­ra. Díganme lo que quieren que haga, que yo los ayudaré con mucho gusto".

Un hacendado quiere difusión por la radio. — "Nosotros tenemos una radiodifusora que es oída en casi toda la región. Quiero que me manden las publicaciones de la TFP para leerlas y comentarlas, porque lo que ustedes dicen nos sirve muchísimo".

Un hacendado desconcertado. —"Toda la prensa está del lado de la izquierda. El clero está colaborando con ella, y el Gobierno ni apoya ni recibe a la derecha, con una demago­gia que nadie sabe adónde acaba. ¡Qué cosa rara es esto! ¿Qué es lo que hay por detrás de todo?"

Una señora impresionada. — "Me quedé muy impresionada al saber lo que el clero está haciendo a favor del comunismo. Aquí está pasando lo mismo, y la Jerarquía no hace nada que no sea favorecer el comunismo".

Un abogado describe la reacción de un campesino a la entrega de tierras a los guerrilleros. — "Cuando se hizo la entrega de tierras a los guerrilleros, en la hacienda que el obispo vendió al Estado, estaban presentes el Gober­nador, miembros de la Comisión Jus­ticia y Paz, dirigentes políticos y el obispo. En medio de los discursos un campesino pidió la palabra y, sin nin­gún embarazo, los acusó de canallas y traidores; porque decía que a los colonos honestos como él, que nunca cometieron crímenes, y que están tra­bajando desde hace años sin la menor colaboración del Estado, nunca les prestaron plata y menos aún les rega­laron tierras. Sin embargo, eso era lo que estaban haciendo allí con unos bandoleros, cometiendo así una injus­ticia contra los hombres probos".

Un constructor se percata del riesgo y apoya. — "Les doy mis parabienes por su idealismo, porque sé que están corriendo un grave riesgo. Todos los colombianos tenemos el deber de ayu­darlos. Cuenten con mi apoyo".

Un militar reconoce la importancia de la guerra psicológica. — "El mayor obstáculo que encontramos para com­batir la guerrilla es la desconfianza de la población civil, en especial de los campesinos. Esta desconfianza es crea­da y aumentada continuamente por la subversión, con rumores y calumnias que hacen circular. Nosotros no tene­mos los medios ni estamos preparados para combatir ese punto eficazmente; es un elemento de la guerra psicoló­gica, en la que nos llevan ventaja. ¡Pero la TFP puede hacer eso y ayudarnos!"

Un señor, después de la campaña. — "Regresen. No nos abandonen. Us­tedes son la salvación de este poblado".

Un simpatizante, en el restaurante adonde los de la TFP fueron a almor­zar. — "¡Mesero! Prepare doce al­muerzos y póngalos en mi cuenta. O mejor prepare dieciseis. ¡Vendré con mis amigos, que tienen muchas ganas de conversar con estos jóvenes!"

Gallardía y valor: ¡el aire cambió! — El dueño de un restaurante andaba con donaire por la calle, ostentando un emblema que uno de los cooperadores de la TFP había olvidado en su local. Alertado por unos amigos del riesgo que corría por usar ese símbolo a la vista de todo el mundo, él respondió: "¡No, señores! Esto significa que basta de silencio, basta de flojera y basta de ceder al chantaje de los guerrilleros. ¡Significa heroísmo y deseo de lucha! ¡Significa que basta de cobardía!"

 

(Para profundizar: TRADICIÓN, FAMILIA, PROPIEDAD – Un ideal, un lema, una gesta”, 1990, Parte II, Colombia y también Parte III: Las TFPs alertan: la izquierda católica incita a la guerrilla en Iberoamérica, Las TFPs alertan: LA IZQUIERDA CATÓLICA INCITA A LA GUERRILLA EN IBEROAMÉRICA)

 

 

 Seiscientos campesinos de Puerto Boyacá, ubicado en la zona conflagrada por la guerrilla marxista, se reunieron en la capital colombiana en noviembre de 1983. Dentro del orden y la tranquilidad pública, ellos querían exteriorizarles al cardenal-arzobispo de Bogotá y al Presidente de la nación su decisión de resistir a las amenazas de la guerrilla, y su disconformidad con la política de contemporización y favorecimiento de los guerrilleros. El arzobispo ignoró la manifestación; el Presidente alegó que por falta de tiempo no podía tomar conocimiento de ella; y hasta la prensa local hizo referencia exigua al acontecimiento...

 

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