Sección Tercera

 

Plinio Corrêa de Oliveira,

las TFPs y los camaleonicos modelos revolucionarios

 

 

 

 

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TRADICION FAMILIA PROPIEDAD

UN IDEAL, UN LEMA, UNA GESTA:


La Cruzada del siglo XX

 

Se designa en este libro con el nombre genérico de TFPs al conjunto de Sociedades de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad constituidas bajo esa denominación, así como a las entidades que, aunque con otros nombres, se dedican a la defensa de la trilogía Tradición, Familia y Propiedad, y a los Bureaux TFP existentes en varias capitales.

Autónomas y cohermanas, las TFPs son el mayor movimiento cívico-cultural anticomunista de inspiración católica del mundo.

Cuando en la reseña de cada país usamos la sigla TFP, estamos aludiendo a la respectiva entidad local.

Comisión de Estudios de las TFPs orientada por
CARLOS FEDERICO IBARGUREN
MARTIN JORGE VIANO

Proyecto gráfico y arte final
Luis GUILLERMO ARROYAVE
JOSE RICARDO B. LUZITANO
FELIPE BARANDIARAN PORTA

Impresión
ARTPRESS — INDUSTRIA GRAFICA E EDITORA
Rua Javaés 681 São Paulo Brasil

Este volumen se terminó de imprimir el día 2 de febrero de 1990, día de la festividad de la Purificación de la Santísima Virgen y Nuestra Señora del Buen Suceso, en la ciudad de São Paulo, Brasil

Los modelos... 

A título de ejemplo son rememoradas aquí algunas de las previsiones y denuncias que el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira y las diversas TFPs han hecho de las metamorfosis de la Revolución. Es un conjunto de documentos concluyentes que demuestran que una de las características del pensamiento y de la acción de las TFPs ha sido no dejarse ilusionar por falsas esperanzas, pues previeron y analizaron —con entera fidelidad a la doctrina católica— la maniobra revolucionaria que esas metamorfosis pretendían ocultar.

 

La moda... ¿Quién no se ha sorprendido, al abrir una vieja revista de modas, con el hecho de que generaciones pasadas usaran esta o aquella vestimenta que hoy parece ridícula? Un espíritu lógico no dejará de preguntarse: ¿ocurrirá lo mismo con lo que hoy está en boga? ¡Claro que podrá suceder!. Es la volubilidad de la moda. Pero en nuestro siglo ésta no impera solo en materia de vestimentas, sino también en la cultura y hasta en la manera como las corrientes políticas e ideológicas procuran conquistar la adhesión de un público cada vez más impresionable, fluido y cambiante.

Estrellas de la política o fórmulas salvadoras son presentadas en los días de hoy tal como se lanzan en el mercado nuevos tipos de jabones o de automóviles. Se busca, sobre todo, impresionar la sensibilidad y halagar las apetencias con imágenes y sugestiones, y no convencer con argumentos y demostraciones que inviten a una aceptación racional y consciente.

Esto tiene relación directa con un fenómeno de vasto alcance analizado por periodistas, psicólogos y sociólogos: el paulatino abandono, por parte del hombre contemporaneo, del hábito de reflexionar, de metódicamente formar convicciones y de, en consecuencia, tomar posiciones. De ahí que la creciente influencia de la imagen sobre una opinión pública que cada vez razona menos y que cada vez está más sujeta a las impresiones, forme parte del mensaje partidista pretendidamente aggiornato. El perfil psicológico del político es más apreciado que su programa, el cual se conoce apenas de modo vago o implícito. El problema que se plantea, en primer lugar, es decidir con qué imagen y con qué tipo de personalidad presentar al líder que va a ejecutar el programa de su partido. No en vano se ha dicho que estamos en la civilización de la imagen, realidad que fue señalada por Pablo VI (255).

El ágil marketing revolucionario no podía dejar de tomar en cuenta ese fenómeno, adaptarse a él e incluso agudizarlo. En efecto, la Revolución laica e igualitaria, en sus diversas modalidades, ya mostraba en la década del 30 que había actualizado sus métodos de guerra psicológica, en su esfuerzo por vencer las resistencias de la opinión pública mundial a la implantación de un régimen radicalmente igualitario y anticristiano.

En esos esfuerzos para implantar tal régimen, ha jugado un relevante papel el lanzamiento de sucesivas fórmulas político-ideológicas presentadas —principalmente a través de imágenes, gestos y escenificaciones­— como panaceas para Occidente. Son versiones más o menos veladas de socialismo o incluso de comunismo que, con nombres diversos, aparecen en determinado momento como modelos políticos nuevos y cuya aceptación abriría caminos inesperados para solucionar crisis cargadas de amenazas. Esos modelos favorecen las tendencias permisivas e igualitarias en la opinión pública occidental y dan la tranquilizadora impresión de que con ellos se evitará, además, la implantación de un régimen comunista radical y violento. Se encienden entonces los focos de la publicidad y el modelo surge en el escenario político cual aurora cargada de esperanza. Se eleva gradualmente como el sol, alcanza el cenit de la fuerza y de la irradiación, para entrar después en declinio, muchas veces sin pena ni gloria: todo el mundo se cansó de él o percibió que el modelo contenía en sí la amenaza o el peligro que parecía conjurar.

Poco después, muchas veces de donde menos se espera, surge un nuevo modelo que recorre una trayectoria parecida. Todos se vuelven hacia sus figuras-símbolo mientras abandonan el modelo de la víspera, así como un niño que deja un juguete del cual se aburrió. El nuovo modelo se mantiene algunos años en el escenario, hasta el momento en que ya no ilusiona a nadie y se hace monótono y sin gracia. Envejece. Antes de sumergirse en la decrepitud da su lugar a otro... y así sucesivamente.

La fuerza de atracción de los modelos es aumentada por la presencia actuante, en la escena internacional, del comunismo de rostro sangriento con sus violencias terroristas, sus revoluciones armadas y sus campos de concentración. De este modo, la Revolución pone al servicio de la comunización de Occidente dos factores de guerra psicológica que se complementan: el miedo y la simpatía (256).

Por otra parte, la eficacia de esta dramaturgia revolucionaria es tal, que no sólo atrae a las masas cada vez más desideologizadas de nuestro siglo, sino que muchas veces engaña, y casi siempre paraliza, a los sectores más conservadores de la opinión pública. Una de las características del pensamiento y de la acción del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira ha sido, precisamente, no dejarse ilusionar cómodamente por falsas esperanzas, analizar desde sus comienzos —con lúcida penetración y entera fidelidad a la doctrina católica— el carácter revolucionario de esos modelos y prever con nitidez la maniobra que éstos pretendían ocultar. En esto no se puede dejar de ver una especial protección de la Divina Providencia, que se ha hecho extensiva a las diversas TFPs inspiradas en la trayectoria del líder católico brasileño.

Una vez que el objeto de esta obra es narrar la historia de las 15 entidades cohermanas y autónomas, nos pareció ilustrativo rememorar, a título de ejemplo, algunas de las previsiones y denuncias que el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira y las diversas TFPs han hecho sobre este sucesivo maniobrar revolucionario.

 

Hoy es fácil ser contrario al nazi-fascismo... para lanzar acusaciones sin fundamento contra las TFPs. Pero no lo era cuando él se encontraba en el auge de su poderío y despertaba simpatías en todo el mundo. Fue precisamente en ese periodo – desde los años 20 hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial – cuando Plinio Corrêa de Olivera escribió más de 400 artículos contra esa corriente totalitaria y afín al socialcomunismo

 

I — Un modelo pseudo-anticomunista: el nazismo

El nazifascismo fue ciertamente un modelo imitado, con mayor o menor fidelidad, en varios países del mundo. En esa época, Plinio Corrêa de Oliveira describió con exactitud la atmósfera en la que surgió: "La conflagración mundial [1914-1918] había disipado los últimos restos de optimismo de la era victoriana y había puesto al desnudo las llagas hediondas que, como una lepra, cubrían de arriba a abajo la civilización contemporánea. Las conciencias, que engañadas por la apariencia falaz y brillante de la sociedad de `avant-guerre' aún dormían despreocupadamente sobre sus ilusiones liberales, despertaron bruscamente y a todos se les hizo patente la necesidad de medidas de salvación ingentes y drásticas que evitasen la ruina inminente. Surgieron entonces los grandes conductores de masas humanas y comenzaron a arrastrar tras de sí a las multitudes que el terror hacía delirar y a prometerles los remedios fáciles (...).

Estaba precisamente ahí la tragedia del siglo XX. Los Papas habían proclamado reiteradamente que solo el retorno a la Iglesia salvaría a la humanidad. Sin embargo, se procuró la salvación fuera de la Iglesia. En vez de promover la reintegración del hombre en el Cuerpo Místico de Cristo, e implícitamente su regeneración moral, se procuró `defender la ciudad sin el auxilio de Dios'. Tarea vana, cuyo fracaso nos arrastró a los trances mortales de la presente conflagración. Esta búsqueda frenética, desordenada, alucinante, de una solución cualquiera, siempre aceptada por más dura que fuese, con tal de que no fuese la solución que es Cristo, fue la última catástrofe de esta cadena de errores que, de eslabón en eslabón, nos condujo desde las primeras negaciones de Lutero hasta las amarguras de los dias de hoy" (257).

El nazifascismo atrajo a las multitudes presentándose como defensor del orden y adversario auténtico del comunismo. Aunque vistas las cosas en profundidad el totalitarismo nazi-fascista se caracterizaba por rasgos estatistas despersonalizantes e igualitarios y por una hostilidad creciente contra la Iglesia, muy pocos osarían prever que, en el auge de su entrechoque político con el comunismo, saldría a luz una espectacular alianza entre la Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin. Por eso Plinio Corrêa de Oliveira —cuya postura antinazifascista ya fue objeto de comentarios en otra parte del presente volumen (258)— sorprendió a los lectores del "Legionario" cuando, el 1° de enero de 1939, preanunciaba en términos categóricos esta sensacional aproximación: "Mientras todos los campos se definen, un movimiento cada vez más nítido se procesa. Es el de la fusión doctrinal del nazismo con el comunismo. A nuestra manera de ver, 1939 asistirá a la consumación de esa fusión" (259).

Muchos lectores del "Legionario" ciertamente recordaron este aviso cuando en agosto de 1939 —apenas ocho meses después de escritas esas líneas— Alemania y Rusia firmaron el pacto de no agresión conocido como Ribentropp-Molotov, así como los protocolos secretos sobre la determinación de las esferas de influencia alemana y soviética en la Europa Oriental.

Firmado el tratado, Plinio Corrêa de Oliveira así lo comenta el 17 de septiembre de 1939 en el artículo Confusión: "El pacto teuto-ruso fue una inhabilidad desde este punto de vista [el del desenmascaramiento del nazismo]. Es posible que dentro de poco, Hitler y Stalin jueguen nuevamente a ser enemigos 'pour épater les bourgeois' y despistar al público". Y el 8 de diciembre de 1940, en su columna 7 días en revista insistía: "El `Legionario' ya ha afirmado reiteradamente que la mascarada nazi-soviética puede recomenzar de un momento a otro y que, hoy o mañana, puede ser que Moscú y Berlín vuelvan a estrenar la comedia de su recíproco antagonismo, con la que hace un tiempo obtuvieron ventajas tan sensibles".

Finalmente, el 18 de mayo de 1941, también en 7 días en revista, decía: "Como es del conocimiento público, la colaboración germanorusa está negando a su auge con la intervención activa de Rusia en la política asiática del lado de Alemania. El 'Legionario' ya previó ampliamente todo cuanto esta ocurriendo. Justamente ahora, cuando esta colaboración va alcanzando el cenit, séanos permitido adelantar una cosa más a nuestros lectores, algo que seguramente les sorprenderá: en el pie en que están esas relaciones, tanto es posible que duren mucho tiempo, como que de repente Alemania agreda a Rusia. Todo esto sin que deje de ser perfectamente real la simbiosis nazi-comunista. `Qui vivra, verra"'.

Un mes después, el 22 de junio, Alemania iniciaba su ofensiva contra Rusia. Los preparativos fueron hechos con el sigilo más absoluto, como lo certificó, entre otros, el General Guderian en Nuremberg (260).

 

(1) 1939: la firma del pacto Ribentropp-Molotov confirma la previsión hecha nueve meses antes por Plinio Corrêa de Oliveira. En la ocación, Stalin y Ribentropp se saludan amistosamente. (2) 1941: también la ruptura de Alemania con Rusia es anunciada en las páginas del “Legionario”. En la foto, tanques nazis penetrando en territorio ruso. (3) 1945: la política inaugurada en Yalta tiene como efecto la vergonzosa entrega de toda Europa Oriental a la voracidad soviética 

 El papel de los modelos en la estrategia socialocomunista de la post-guerra

1 - Formación y expansión del imperio comunista soviético

Desde 1917 hasta la Segunda Guerra Mundial, el comunismo había consolidado a sangre y fuego su poder en Rusia. Paralelamente, mediante un proselitismo abierto y radical, articuló núcleos y partidos comunistas en todo el mundo, que constituirían la base de su aparato subversivo internacional. Esa faz brutal del comunismo, y sus evidentes designios imperialistas, circunscribían notablemente las posibilidades de la expansión roja en un Occidente horrorizado con la radicalidad del régimen soviético.

Sin embargo, al vislumbrarse el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, gracias a la posición concesiva de los Aliados se abrió otra posibilidad para que el imperialismo comunista dilatase sus fronteras: Rusia podría obtener, en los futuros acuerdos entre los vencedores, el dominio de una parte de Europa. Pero para ello era indispensable tranquilizar de algún modo a la opinión pública occidental.

En 1943, Stalin disolvió la Internacional Comunista o Komintern, normalmente conocida como la III Internacional —órgano de dirección de los PCs del mundo entero— y llegó a mencionar la posibilidad de que Rusia se democratizara.

El Profesor Plinio Corrêa de Oliveira supo ver desde el primer momento el alcance de la maniobra que estaba en juego: "Las ventajas obtenidas [por la propaganda comunista] son innumerables. En primer lugar, la guerra estimuló por todas partes el sentimiento nacional. Los partidos comunistas, afiliados a una internacional, se tornaban de esa forma antipáticos. Cerrando o fingiendo cerrar la III Internacional, Rusia despojó a sus sucursales de ese antipático cariz. Por otra parte, muerto en apariencia el propio expansionismo comunista, la opinión mundial aceptaría con resistencia mucho menor una dilatación territorial de Rusia en Europa. Finalmente, muchos ingenuos, ilusionados con la hipótesis de que la III Internacional estaba cerrada y el comunismo en decadencia, tenderían a aceptar tranquilamente la adhesión a un comunismo mitigado" (261).

Fue realmente lo que ocurrió. La disolución de la III Internacional creó las condiciones que permitieron a Roosevelt propiciar las ominosas concesiones hechas a los comunistas en la Conferencia de Teherán (noviembre-diciembre de 1943), en las conversaciones de Moscú (octubre de 1944) y en la Conferencia de Yalta (febrero de 1945). De ahí resultó la entrega de Europa Oriental al régimen soviético.

También a largo plazo, la disolución de la III Internacional favorecería los planes de Moscú, permitiéndole aquel margen de maniobra más amplio previsto por Plinio Corrêa de Oliveira, peligro sobre el cual advirtió reiteradamente: "El 'camarada Stalin' ya insinuó en su carta a la Agencia Reuters (262), que deposita las mayores esperanzas en los grandes movimientos ideológicos de sentido igualitario y nivelador que lentamente se organizan en todos los países aliados. Y, con esto, mostró claramente que Rusia espera intensificar su movimiento confusionista, creando en el mundo entero nuevos y vastos `frentes populares'. Para engañar mejor, simplemente ya no se limita a ocultar el carácter bolchevista de estos `frentes': va más lejos. Oculta la existencia de la III Internacional. Y engaña así a los incautos, cuyo número es infinito según dice la Escritura: 'stultorum infinitus est numerus’’ (263).

El camino quedaba abierto para que, con el tiempo, los Partidos Comunistas aparentasen practicar su propia política.

 


 Las TFPs y el nazi-fascismo

La oposición que las TFPs siempre hicieron al nazi-fascismo es patente en la historia de las entidades. Afirmar lo contrario representa, por lo tanto, una negación de la verdad evidente.

¿Cómo explicar entonces que ciertos opositores, a pesar de la indiscutible evidencia y claridad de las pruebas que las TFPs presentan al respecto, continúen insistiendo en lanzar contra ellas tal acusación?

La respuesta es simple. En el animo de esos opositores entra en acción una forma de fanatismo muy difundido pero del que poco se habla: es el fanatismo anti-TFPs. Muchos de los adversarios de las entidades llevan su oposición a un fanatismo tal que llega a ser frenético. Prueba palpable de esto es la insistencia con que repiten, infatigablemente, su acusación de que las TFPs fueron o son nazi-fascistas.

Las estadísticas que a continuación presentamos demuestran de modo concluyente que quienes hoy dirigen la TFP brasileña, y en primer lugar el Presidente de su Consejo Nacional, Profesor Plinio Corrêa de Oliveira, fueron contrarios al nazismo y al fascismo desde el primer momento:

I.- Artículos contrarios al nazismo y al fascismo escritos por el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira: 447 en el "Legionario" (1929-1947), 6 en "Catolicismo" (1951-1982) y 24 en la "Folha de S. Paulo" (1968-1982).

II.- Escritos por diversos autores vinculados al Profesor Plinio Corrêa de Oliveira: 2.489 en el "Legionario" y 49 en "Catolicismo". 

*     *     *

Un pormenor importante: hoy es fácil ser contrario al nazi-fascismo. Pero, antes de la II Guerra Mundial, y durante ella, un gran número de personas, tanto en Brasil como en todo el mundo, era simpatico a los regímenes que entonces dominaban a Alemania y a Italia. Y esto hasta en las filas del clero. Esas personas también fueron combatidas por los dirigentes de la TFP brasileña en los años 30 y 40, lo que acarreó a estos últimos muchos sinsabores que solo acabaron en 1945 con la derrota final del nazismo. Así los comentó entonces Plinio Corrêa de Oliveira: "La derrocada final del totalitarismo marca, para nosotros, el término de una larga y dolorosa campaña, en la cual fuimos obligados a los más duros sacrificios, para esclarecer a la opinión católica sobre el tremendo peligro que amenazaba a la Iglesia. De 1933 a 1942, la vida del `Legionario' fue, al respecto, un verdadero via crucis, a lo largo del cual no hubo sufrimiento que no nos fuese evitado. De 1942 a 1945, la lucha, aunque menos ostensiva y menos directa, no dejó sin embargo de hacerse veladamente" ("Legionario", 13-5-1945).


 

1948: con la Yugoslavia de Tito surge el primer modelo de comunismo de rostro humano

2 - Aparece el comunismo de rostro humano: el modelo yugoslavo 

La vertiginosa expansión del poder comunista después de Yalta, con toda su secuela de horrores, despertó una gran reacción en el mundo occidental. Síntoma expresivo de la misma fue el macartismo, corriente que aparece después de la Segunda Guerra Mundial liderada por el Senador norte-americano Joseph Mc Carthy.

Mc Carthy lanzó un nuevo estilo de propaganda anticomunista. Al darse cuenta de que la idea de libertad era lo que más movía al público contra el marxismo, insistió en denunciar el carácter tiránico y sangriento del comunismo dando menos realce a otros argumentos doctrinales. De esta forma, el anticomunismo, que hasta entonces había sido un movimiento sobre todo ideológico y racional, pasó a tener un tonus predominantemente instintivo y sentimental. En consecuencia, cuando el aspecto policíaco del comunismo sufrió una aparente atenuación, la reacción contra él tendió a disminuir pues el conjunto de las razones doctrinales para oponerse a la hidra roja estaban siendo olvidadas.

Sin embargo, ese desvanecimiento del anticomunismo ideológico se produciría lenta y gradualmente. Sus efectos no se sintieron en la inmediata post-guerra. Las conquistas del comunismo todavía alarmaban y atemorizaban a la opinión pública.

En esas circunstancias, surge detrás de la Cortina de Hierro el primer modelo de comunismo de rostro humano: en 1948 la Yugoslavia de Tito rompe con Stalin y el régimen toma una fachada autogestionaria. Desde entonces, una sistemática e insistente propaganda, hecha por numerosos medios de información occidentales, comenzó a alimentar la esperanza de que la experiencia yugoslava podía ser el primer gran síntoma de que el revisionismo marxista se abría campo en el mundo comunista. Tarde o temprano, esa corriente podría llegar a conquistar —se creía— una influencia decisiva en el propio Kremlin. De cualquier modo, para muchos era el inicio del resquebrajamiento del monolítico poderío comunista, lo que parecía abrir la posibilidad a Occidente de entrar en entendimientos con sectores marxistas antistalinistas. No es de extrañar, pues, que a partir de 1948 Tito haya conseguido firmar tratados comerciales con naciones capitalistas y que en 1952 comenzase a recibir ayuda financiera y militar de los Estados Unidos.

Ya en enero de ese mismo año de 1952, el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira advertía: "Es evidente que muchos elementos anticomunistas están tomando en serio esta división, y aceptando avidamente la colaboración de los líderes rojos que abrieron un cisma en relación a Moscú. ¿Cuál será la sinceridad de este cisma? ¿Cuál será la sinceridad de esta nueva colaboración? Aceptar en el centro de la resistencia anti-comunista a estos nuevos aliados ¿qué es sino abrir las murallas a algo muy parecido al Caballo de Troya y aumentar la confusión?" (264). 

(1) 1956: Kruschev inaugura la “desestalinización” y lanza la “coexistencia pacífica”. En la foto, el dictador comunista con el Presidente Kennedy en Viena, 1961. (2) 1958: la ruidosa querella de la China de Mao con Rusia permite al comunismo cosechar abundantes frutos propagandísticos y estratégicos. (3) 1959: desde el primer momento, Plinio Corrêa de Oliveira señala a Cuba como cabeza de puente del imperialismo ruso. En Angola, Brezhnev da instrucciones a Fidel Castro

3 - Kruschev alimenta las ilusiones occidentales 

En 1953 subió al poder en Rusia Nikita Kruschev, quien en 1956 inaugura la llamada desestalinización y lanza la maniobra de la coexistencia pacífica. El nuevo dirigente soviético puso en escena, en aparatosos viajes a los Estados Unidos y Europa Occidental, la idea de que un cambio de mentalidades se estaba produciendo en los terribles amos del Kremlin. Todo ello parecía dar credibilidad a las ilusiones que el surgimiento del modelo yugoslavo despertaba en Occidente. Tanto más que, siguiendo las huellas de Kruschev, el nuevo secretario del PC polaco, Gomulka, inauguraba su propia desestalinización. Nuevos espacios publicitarios y políticos, hasta entonces cerrados por el miedo que provocaba la ferocidad stalinista, se abrían así para los partidos comunistas y socialistas del Mundo Libre.

En un diagnóstico precoz, el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira percibió enseguida los efectos devastadores que las nuevas imágenes, emitidas desde el Kremlin, producirían en una opinión pública deseosa de no vigilar ni luchar: "La bobera —no hay otro término— con que en ciertos círculos de Occidente se están recibiendo las sonrisas de Kruschev y Bulganin es producto del mismo estado de espíritu. En lo más profundo del alma de los señores del Kremlin el sol de la sonrisa lanzó los primeros rayos de una aurora que ya nadie conseguirá detener. Es necesario concordar con ellos en todo, aceptar todo, creer en todo. Con nuestra buena voluntad los endulzaremos aún más. Y dentro de algún tiempo Rusia habrá sido vencida, no con tiros de cañon, sino con los dulces chorros de glicerina de nuestras sonrisas" (265).

Y esto fue escrito en 1956, no en los tiempos de Gorbachov...

 

4 - La división chino-rusa favorece el new look soviético 

Mientras el cisma de Tito y la sonrisa de Kruschev pusieron en movimiento el factor simpatía en vastos sectores de la opinión pública mundial, otra división espectacular dio credibilidad al new look soviético.

En efecto, las relaciones entre Moscú y Pequín sufrieron los primeros estremecimientos. Y en los años siguientes una calurosa polémica se trabó entre los dos mayores países rojos. Mao Tsé Tung condenaba el revisionismo de Kruschev y lo acusaba de apartarse de las metas comunistas. La ruidosa querella se fue desarrollando hasta llegar, en 1962, a la ruptura abierta. Dos años antes, el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira escribía en las páginas de "Catolicismo": "Así se va acentuando la bicefalía del mundo comunista: una cabeza está en Moscú y otra en Pequín. Y esas cabezas tienen fisonomía y lenguaje diversos. Una [Rusia] mira con gentileza, sonríe y comienza a parecer débil. La otra [China] frunce el ceño, amenaza y se va tornando más fuerte... Rusia tenderá a anestesiar y dividir a Occidente cada vez más, mientras China irá tomando paulatinamente, aires de flagelo mundial. Parecerá necesario aceptar el abrazo ruso, la alianza del Kremlin, para enfrentar al monstruo chino. En ese abrazo a la lepra, ésta nos contagiará. Tendremos para con el nuevo aliado todas las debilidades, las condescendencias, las imprudencias que tuvimos para con Tito. Y así la hidra comunista irá progresando (...) China, decíamos, va lentamente comenzando a intimidar y a inmobilizar a los cobardes de Occidente. Rusia, cada vez más, agrada, ilusiona y atrae a los tontos. Unos y otros, cobardes y tontos, tienden a retroceder, transigir, conciliar a toda costa. Y, francamente, cuando alguien tiene de su lado a todos los tontos y a todos los cobardes, puede jactarse de disponer de una espléndida mayoría" (266).

Esa bicefalía chino-rusa fue unos de los aspectos que, durante cerca de tres lustros, caracterizaron el escenario de la política internacional, lo que permitió al comunismo cosechar abundantes frutos propagandísticos y estratégicos. Recientemente, las masacres con que el ejército chino puso fin a la rebelión estudiantil-obrera vuelven a poner en escena la división Moscú-Pequín.

 

5 - Carácter comunista del fidelcastrismo denunciado desde el primer momento 

El comunismo estableció su cabeza de puente en América Latina, a pocas millas del litoral norteamericano, cuando Fidel Castro asumió el poder en Cuba en 1959. Pero fue solo en 1961 que el tirano del Caribe se declaró marxista-leninista (267). El y sus guerrilleros, acompañados por un sacerdote, habían bajado de la Sierra Maestra con medallas de la Virgen y rosarios colgados al cuello... Una propaganda internacional muy bien organizada presentaba a Fidel Castro como el libertador de la nación explotada por el coloso norteamericano bajo el régimen corrupto de Fulgencio Batista. La prédica castrista encontraba, además, un ambiente propicio en toda América Latina, donde la endémica crisis económica favorecía los sentimientos antinorteamericanos de los cuales el líder cubano era un símbolo. De ahí la capacidad terriblemente contagiante del ejemplo cubano sobre todo en las Antillas, en América Central y en la parte septentrional de América del Sur.

Sin embargo, en los ambientes de la futura TFP brasileña no había ilusiones ni engaños. El mismo año en que Fidel Castro tomó el poder, "Catolicismo" publicó dos artículos que denunciaban al dicho régimen como "la más seria infiltración del comunismo en tierras libres de América" (268).

En enero de 1960, el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira señalaba en estos términos el carácter comunista del gobierno de La Habana: "El punto capital de todo el asunto cubano consiste en saber si Fidel Castro es comunista y está al servicio de los agentes soviéticos. (...) Para responder si el primer ministro cubano es o no un agente soviético, lo que interesa saber, pues, es si su acción acelera la evolución hacia el comunismo. En este sentido, se puede decir que la respuesta afirmativa se impone con una claridad solar. Si Fidel Castro es tan útil al comunismo, ¿será que éste no lo suscitó, o que por lo menos, no le ofreció apoyo? Y si se lo ofreció, ¿el interesado no lo habrá aceptado? Y si lo aceptó, ¿no tiene Rusia ya todo preparado para cosechar e1 fruto cuando madure? Claro está que Cuba solo puede ser vista como cabeza de puente, como detonante. Entonces, ¿cuál es el término final? Evidentemente, América Latina, que es la mejor reserva de la Iglesia en nuestros días, y que humanamente constituye su mejor esperanza para el siglo XXI. ¿Hasta qué punto esa misteriosa, larga y desalentadora crisis económica por la que pasamos no prepara a estas naciones para aceptar el fidelcastrismo? Solo en el Juicio Final, probablemente, esto se hará patente con una claridad total. Pero lo cierto es que para nosotros, la hora es, más que nunca, de oración, vigilia y lucha" (269).

En otra oportunidad, el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira describe las unilateralidades de ciertos sectores que pregonan un humanitarismo laico, pero que, sin embargo, no se conmueven ante la tragedia cubana: "Sin duda, Fidel Castro es, hoy en día, uno de los hijos predilectos de la Revolución. Por esto puede practicar en su tierra las mayores crueldades y las arbitrariedades más evidentes, atentar indistintamente contra vidas y propiedades, que [sin embargo, la publicidad internacional] no se levanta en pro de las víctimas del dictador cubano. Hay protestas, sí. Pero si por un solo hombre [se refiere al sonado caso Chesman, norteamericano condenado por la justicia y ejecutado en Estados Unidos] se hizo tanto, ¿qué debería ser hecho a propósito de las violencias de que están siendo víctimas tantos y tantos otros? La desproporción entre la desaprobación comedida y a veces un poco formal de las arbitrariedades de Castro, y la marea de impopularidad que cercó la ejecución de Chesman es evidente. El humanitarismo laico y revolucionario no llora, o casi no llora, a los perseguidos de Cuba. Es que éstos son víctimas de la Revolución. Siempre la misma contradicción, el uso de dos pesos y dos medidas" (270).

Víctimas de la Revolución... víctimas del hombre-símbolo de una nueva vía para el Tercer Mundo, a quien era necesario proteger a toda costa.

Cuando años más tarde los paladines de los derechos humanos olviden sistemáticamente a las víctimas del comunismo en Vietnam, Camboya y Cuba, las palabras de Plinio Corrêa de Oliveira serán de una relevante actualidad (271). 

 

    

1964: con la ascensión del demócrata-cristiano Frei a la presidencia de Chile aparece la novedosa fórmula de la “revolución en libertad”. 1970: sobre la “vía chilena hacia el socialismo” de Allende se encienden los focos de la publicidad internacional

6 - La revolución en libertad de la Democracia Cristiana 

Después de declararse comunista, Fidel Castro eliminó en Cuba la propiedad privada, instauró el paredón, las cárceles políticas, el trabajo forzado, persiguió a la Iglesia y apoyó la subversión en toda Iberoamérica. Se transformó así en polo de radicalización para las izquierdas del continente, provocando temor y reacción en toda la región, notoriamente católica y conservadora.

Frente al asustador avance del castro-comunismo aparecieron entonces como panaceas salvadoras, modelos político-ideológicos de centro izquierda. Diciéndose de inspiración católica, proponen como programa para sus respectivos países la realización de drásticas reformas de estructuras de carácter socialista y confiscatorio. Nos referimos a las corrientes demócrata-cristianas, en algunos casos integradas en frentes populistas o, como en Chile y Venezuela, constituyendo grandes partidos que presentaban la novedosa fórmula de la Revolución en libertad. El modelo demócrata-cristiano recibió, por así decir, el espaldarazo del Presidente norteamericano John Kennedy a través de la llamada Alianza para el Progreso, que condicionaba la concesión del apoyo económico a la puesta en marcha de las mencionadas reformas.

Contra este modelo las TFPs alzaron su voz de alerta en memorables campañas relatadas en otras secciones de este volumen (272).

 

1971: Berlinguer, Carrillo y Marchais (de izquierda a derecha ) ponen de moda el “eurocomunismo” 

7 - La vía chilena hacia el socialismo y el eurocomunismo 

Desgastado el modelo demócrata-cristiano, surgió en el ambito latinoamericano la vía chilena hacia el socialismo tras el triunfo, en septiembre de 1970, de la coalición marxista (Unidad Popular) encabezada por Salvador Allende.

Es del conocimiento general que el best-seller iberoamericano Frei, el Kerensky chileno, del fallecido socio de la TFP brasileña Fabio Vidigal Xavier da Silveira, previó en 1967 que el gobierno demócrata-cristiano de Eduardo Frei abriría el camino para el comunismo en aquel país: "Este proceso histórico (...) pide ahora que venga, como sucesor de Frei, un político aún más francamente socialista (...) Los estudiantes y campesinos de la DC que hoy acusan al gobierno de tímido, de moderado, que amenazan con producir una escisión en el partido, muy posiblemente querrán mañana como salvador de la patria, un Allende, un Jerez, un Silva Solar o un Chonchol. Cualquiera de éstos servirá de Fidel. Ya hoy, poca diferencia existe en Chile entre un comunista o socialista y un demócrata cristiano de línea avanzada" (273).

Sobre el modelo socialista de Allende se encendieron los focos de la publicidad internacional. Era un marxista-leninista en coalición con comunistas ortodoxos, socialistas democráticos y grupos de izquierda católica, que prometía realizar el socialismo en libertad.

La experiencia interesaba particularmente a Europa. Los Partidos Comunistas preparaban en el Viejo Continente un proyecto de transición democrática hacia el socialismo, aprovechando el efecto distensivo que provocaba en la opinión europea el aparente resquebrajamiento del imperialismo soviético y la simultánea aparición de los revisionismos marxistas.

Fue así como, en 1971, Berlinguer propuso en una reunión del Partido Comunista italiano —el más importante de Occidente— un distanciamiento en relación a Moscú y Pequín, como también cierta liberalización política y económica en el programa del PCI. Estaba lanzando el eurocomunismo.

En esa ocasión Plinio Corrêa de Oliveira se pregunta: ¿Esa herejía será auténtica? ¿O constituye una mera maniobra?... "Y comenta: "Normalmente, la propuesta `herética' y explosiva (de Berlinguer) debería haber sido acogida con indignación por todos los presentes. Ella debería haber conmovido las bases del partido y provocado protestas en toda Italia. Pequín y Moscú deberían haber `excomulgado' al 'hereje'. Y los diversos PCs europeos, a su vez, deberían haber declarado públicamente su repulsa a las propuestas de Berlinguer. Eso es lo que sería lógico si Berlinguer hubiese actuado por cuenta propia, sin previo acuerdo con nadie".

A continuación, pone de relieve que "muy por el contrario, los diarios no nos refieren una sola manifestación de repulsa —o por lo menos de sorpresa— de parte de cualquier gobierno, partido o grupo comunista. Por lo tanto, parece que todos estaban previamente de acuerdo con lo que Berlinguer iba a decir. La sugerencia de este indica, pues, un rumbo que el comunismo internacional realmente deseaba ver seguido por los PCs de la Europa libre".

"¿Qué lucraría, con tan sinuosa maniobra, la causa del comunismo?" objetará algún lector... "En Europa Occidental —responde el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira— ningún PC obtuvo jamás una auténtica mayoría electoral. Para ellos, el único modo de conquistar el poder es una coalición... Ahora bien, sucede que en la Europa libre las izquierdas no comunistas siempre se han mostrado reacias a aceptar una coalición con el comunismo. Impresionadas por lo que ocurrió en Checoslovaquia y en otros lugares, temen que el PC, una vez en el poder, instaure una dictadura y las expulse del gobierno. En estas condiciones, o el comunismo finge cambiar de faz y de mentalidad, presentándose a la chilena y proponiendo a las izquierdas una amplia coalición para hacer la `revolución en libertad', o continuará estacionario" (274). 

*     *     * 

Ya hemos visto en otras partes de este libro, que tanto la TFP chilena como sus cohermanas de América y Europa, realizaron una vasta campaña de esclarecimiento doctrinal mostrando la falacia de la experiencia allendista. Bajo apariencias de legalidad, esta destruía rápidamente la propiedad privada agraria, intervenía en las empresas, estatizaba el comercio y ahogaba paulatinamente las libertades. Y gracias al apoyo o a la omisión de amplios sectores del clero, desarticulaba la resistencia de esa nación católica (275).

El modelo del socialismo en libertad y sus espejismos democráticos entraron en un rápido desgaste a medida que la opinión pública chilena e iberoamericana se iba dando cuenta del engaño y veía entrar al país andino en el caos económico y en la miseria. Cuando se produjo el levantamiento militar de septiembre de 1973, la clase media y la mayoría de los obreros y campesinos de aquel país estaban distantes o se manifestaban abiertamente contrarios al gobierno de la Unidad Popular.

 

1979: el modelo revolucionario sandinista nace de la simbiosis entre la guerrilla castro-comunista y el “marxismo cristiano” 

8 - El sandinismo marxista-cristiano 

Mientras tanto, y al margen del desgaste de los sucesivos modelos, el castrismo continuó siendo una cabeza de puente de la subversión comunista en el Tercer Mundo. Así, estableció varios focos de guerrilla marxista en América Latina y en Africa. Tales focos guerrilleros no conseguían, sin embargo, el mínimo de apoyo popular necesario para tomar el poder.

Ahora bien, paralelamente comenzó a ser una realidad en el continente americano el fenómeno de la infiltración marxista en los medios católicos. Con el tiempo, minorías de eclesiásticos y laicos darían origen a la Teología de la Liberación y a la llamada Iglesia Popular, con sus comunidades eclesiales de base cada vez más politizadas en un sentido revolucionario.

Ya en 1947, el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira advertía a la opinión católica a través de las páginas del "Legionario" sobre esta triste realidad: "Todo esto [se refiere a la fundación de una academia teológica y al funcionamiento de un seminario en Moscú] revela el plan soviético de no atacar más, de frente, a ninguna religión, y de procurar propagar sus doctrinas de contrabando, a través de apariencias religiosas. En otras palabras, el comunismo ya no se dice más —en apariencia— ateo. ¿Por qué esta modificación? Por simple ventaja estratégica (...) en cuanto a nosotros, católicos, abramos los ojos. La infiltración entre nosotros no puede hacerse con la misma desfachatez. Pero los errores son como el agua: donde no pueden penetrar torrencialmente, entran por medio de mil pequeñas ranuras insidiosas. Estas grietas —claro está— no existen en la estructura de la Santa Iglesia. Pero, desafortunadamente, existen en la estructura débil de nuestros corazones" (277).

Y, en 1968, fueron las TFPs quienes dieron la voz de alerta con el Reverente y Filial Mensaje al Papa Pablo VI, poco antes de su viaje a Colombia. El mensaje de las TFPs de Brasil, Argentina, Chile y Uruguay —que denunciaba la infiltración marxista en la Iglesia— fue respaldado por más de 2.000.000 de católicos sudamericanos (276). Después de este histórico pedido dirigido al Pontífice, las TFPs alertaron a la opinión pública, sobre las sucesivas actitudes en pro de la izquierda de tales sectores eclesiásticos y laicos, a través de diversas campañas de esclarecimiento mencionadas en otras partes de este libro (278).

Ante el fracaso popular de los partidos comunistas, dichas corrientes de la izquierda católica, minoritarias pero muy activas, asumieron el liderazgo de la revolución socialista e igualitaria, dándole a ésta una aureola de religiosidad. Fue de la simbiosis entre la guerrilla de signo castro-comunista y el marxismo-cristiano de las comunidades eclesiales de base, que surgió en Nicaragua, en 1979, el modelo revolucionario sandinista. Este fascina a las minorías comuno-progresistas e inspira la subversión en América Central y en América Latina en general.

Plinio Corrêa de Oliveira percibió con precisión la alianza clérico-subversiva y el inestimable servicio que estos eclesiásticos y sus comunidades de base prestan a la causa comunista. Es decir, el de intentar atraerle un apoyo popular que de otro modo no conseguiría en Iberoamérica. Es lo que demuestra el documentado análisis publicado en "Catolicismo" sobre la Noche Sandinista, reproducido en los órganos de difusión de las TFPs (279).

 

1980/1981: Walesa y Mitterrand enarbolan la bandera de la autogestión

9 - El modelo polaco y el socialismo autogestionario francés 

Desacreditadas y envejecidas las fórmulas de la revolución en libertad demócrata-cristiana, del socialismo en libertad de Allende y del eurocomunismo, hace su entrada en escena, en dos naciones europeas, una nueva panacea con pretensiones de irradiación mundial que la publicidad internacional puso en primer plano: el socialismo autogestionario. Dos figuras lanzan este modelo, cada una a su modo, a comienzos de los años 80: el dirigente sindical polaco Lech Walesa, con sus dispositivos de sustentación en el sindicato Solidaridad, y el líder del Partido Socialista francés François Mitterrand, recién elegido Presidente de la República.

En circunstancias muy diferentes, ambos enarbolan la bandera de la autogestión. Se promete entregar gradualmente la propiedad de los medios de producción a los trabajadores —intelectuales o manuales, la diferencia ya estaría superada— capaces de gestionar directamente las empresas en que laboran. Estas no irían ni a las manos del Estado, ni a las manos de los capitalistas. La autogestión se presentaba como un modelo de convergencia entre la igualdad preconizada por el socialismo y el comunismo, y la libertad existente en las democracias occidentales. Se insinuaba, además, que la implantación y difusión de esta fórmula mágica superaría las rivalidades Este-Oeste, asegurando al mundo la tan deseada paz y apartando la pesadilla de la catástrofe atómica.

Cuando aún nadie osaba levantar públicamente dudas y objeciones de fondo contra este modelo salvador —saludado triunfalmente por las tubas publicitarias de los mass-media— el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira y las TFPs del mundo entero alzaron su voz en los cinco continentes. En el memorable Mensaje, hicieron ver que el socialismo autogestionario no representaba sino la realización, de modo gradual y por otras vías, de las metas finales del comunismo. Sobre el rápido marchitar de las fórmulas francesa y polaca ya nos detuvimos en otra sección de este libro (280).

 

1982: Felipe González figura símbolo de la revolución cultural del Partido Socialista Obrero Español 

10 - La revolución cultural del PSOE 

Mientras la palabra autogestión desaparecía del vocabulario político francés y mundial; mientras Mitterrand abandonaba su papel de líder ideológico y se transformaba en el tonton (tío) François, en la península ibérica se estrenaba, en 1982, un nuevo modelo con otra figura-símbolo, el socialista Felipe González. Su meta es también la autogestión... pero a plazo más largo, conservando el régimen capitalista por el momento y poniendo énfasis en la modernización de España a través de una neorevolución cultural liberadora. Esta, con aires alegres y ecuménicos, demuele la mentalidad católica de los españoles usando la pica del ridículo, de la desacralización, del permisivismo moral y hasta de la blasfemia festiva. El modelo se completa con el desmantelamiento gradual de las estructuras jurídico-políticas del Estado español actual y de los pilares sociales básicos, como la familia y la educación católica tradicional, acostumbrando a la nación a convivir con una situación ambigua entre la normalidad y el caos.

Los socialistas del mundo entero comenzaron a mirar con esperanza el modelo de Felipe González, que es presentado como una fórmula ideal para el triunfo pacífico de la plena democracia en Iberoamérica.

Contra esta nueva estratagema de guerra psicológica revolucionaria, TFP-Covadonga levantó su voz de alerta con el libro titulado España, anestesiada sin percibirlo, amordazada sin quererlo, extraviada sin saberlo — La obra del PSOE. El estudio está siendo también difundido por las TFPs de Sudamérica, Francia y Portugal en sus respectivos países, acompañado de diversas presentaciones y resúmenes que permiten al lector establecer fácilmente las analogías con la situación de su propia nación (281).

 

11 - La perestroika de Gorbachov o la ilusión de un comunismo liberal 

Recientemente, en 1985, aparentando ser producto de un largo y azarozo proceso de maduración, comenzó a despuntar un modelo mundial nada menos que en Moscú, como si el deshielo iniciado con el humanismo marxista de Tito y la sonrisa de Kruschev estuviese llegando a su auge. Toda hecha de imágenes, gestos, lances publicitarios sensacionales y retoques institucionales más de forma que de contenido, la perestroika de Mikhail Gorbachov parece fascinar a Occidente. En realidad, hasta el momento solo ha habido pequeñas mitigaciones en el férreo sistema de planificación central de la economía soviética, vagos derechos autogestionarios reconocidos a los obreros en las empresas estatales —que en nada alteran la naturaleza de las mismas— y concesión a los particulares de una cierta libertad de iniciativa económica a nivel de pequeñas empresas domésticas. Todo ello acompañado de la aparente atenuación de la tiranía policíaca y de aparatosas ofensivas de paz en el plano internacional. Gorbachov deja entrever que si Occidente no cree en su perestroika y no la apoya —aceptando sus propuestas diplomáticas y otorgándole créditos millonarios— la vieja guardia soviética, que conserva poder suficiente, puede entrar en escena y poner en riesgo la propia paz mundial...

En realidad, aunque Gorbachov es visto por los occidentales como un reformador liberalizante, dentro del Partido Comunista ruso se sabe perfectamente que lo que él pretende es impulsar la transición del capitalismo de Estado a la fase más radical de la autogestión comunista, indicada como meta en el preámbulo de la Constitución soviética. El propio Gorbachov se encargó de dejarlo claro en su libro Perestroika (282).

Ya en 1965, Plinio Corrêa de Oliveira preveía que, a partir de la estrategia de Kruschev, Moscú adoptaría, tarde o temprano, fórmulas como las que componen la perestroika. Sus palabras resultan hoy de una notable clarividencia: “Análogas consideraciones se deben hacer sobre la actual tendencia hacia un tal o cual restablecimiento de la libre iniciativa en la URSS. Por una parte, si ésta, desistiendo por ahora de una guerra suicida, quiere competir con los Estados Unidos en un clima de coexistencia pacífica, en el terreno de la producción, debe necesariamente recurrir al restablecimiento, aunque muy rudimentario, de la libre iniciativa. Pues la experiencia soviética prueba que de otro modo ningún progreso es posible en los sectores en que más insuficiente se muestra la producción. ¿Pero ese restablecimiento no será utilizado propagandísticamente para otros fines? Por ejemplo, ¿no podría provocar una desmovilización de los espíritus en el mundo libre, preparándolos para la ilusión de que la URSS estaría en camino hacia un régimen democrático apenas semisocialista y que los peligrosos contrastes entre los dos mundos podrían ser eliminados si Occidente, en beneficio de la paz, consintiese en socializarse fuertemente, al mismo tiempo que la URSS se `capitalizase' un poco? Esa ilusión, actuando sobre el binomio miedo-simpatía, ¡a qué retrocesos, a qué capitulaciones podrá predisponer a las naciones libres!" (283).

Haciéndose eco de la advertencia del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira, las TFPs han denunciado el carácter engañoso de la perestroika. En ese sentido se inscriben numerosos artículos de la revista "Catolicismo" y de los diversos órganos de las TFPs (284). Por ejemplo, Jóvenes Bolivianos Pro Civilización Cristiana publicó, en noviembre de 1987, un manifiesto en el que denunciaba la "maniobra de la autogestión propuesta hoy por Gorbachov en su `perestroika' que está confundiendo a tantos no comunistas". Y haciendo referencia a un documento de la entidad, de diciembre de 1983, y al célebre Mensaje de las TFPs, recuerda "que esta forma de socialismo no es una atenuación del comunismo sino un salto hacia adelante, es propiamente un quintaesenciarse del marxismo, la meta última del comunismo. La autogestión social comunista, dice el preámbulo de la Constitución rusa, 'es el objetivo supremo del Estado soviético' (Constitución-Ley Fundamental de la URSS, de 7-10-1977, Editorial Progreso, Moscú, 1980, p. 5)" (285).

Por fin, un cuidadoso análisis de este modelo, recientemente lanzado por el comunismo internacional, puede ser encontrado en uno de los capílulos del libro de TFP-Covadonga España, anestesiada sin percebirlo, amordazada sin quererlo, extraviada sin saberlo — La obra del PSOE (286). 

 

A propósito de la "perestroika"

ES PRECIPITADO CONFIAR EN EL ENEMIGO DE AYER...

En un extenso artículo titulado Conversando con el "hombre de la calle", e ¿Murió el comunismo? ¿Y también el anticomunismo?, que —al cierre de la edición de este libro— comienza a ser difundido por importantes órganos de prensa en Brasil y el mundo (Cfr. "Catolicismo", N° 466, octubre de 1989; "Correio Brasiliense", Brasilia, 18-10-1989; "The Wall Street Journal", Nueva York, 3-11-89), el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira se refiere a diversos aspectos de la perestroika.

El documento analiza los efectos que viene produciendo en la opinión pública occidental la idea —ampliamente difundida por los mass-media— de que Gorbachov va consolidándose en el poder apartando gradualmente los numerosos obstáculos que se oponen a la implantación de la glasnost y de la perestroika. Sin mayor reflexión, el hombre de la calle acepta esas informaciones y adquiere el hábito mental de considerar al comunismo como un peligro en vías de desaparecer.

Todo esto va creando, subconscientemente, una atmósfera de despreocupación que induce a muchas personas a confiar en el éxito final del pacifismo gorbacheviano y a pensar que, en consecuencia, el anticomunismo perdió su razón de ser. Así, mientras crece el número de los que ven a Gorbachov como un aliado de Occidente, que desde Rusia trabaja para impedir la catástrofe de una guerra nuclear, el anticomunismo pasa a ser visto como una actitud psicológica de vigilancia y de lucha que los hechos tornaron inútil, obsoleta e incluso antipatica.

El Profesor Plinio Corrêa de Oliveira demuestra que esta manera optimista y superficial de ver las cosas no corresponde a la realidad. Para ello destaca el carácter ambiguo y voluble de los hechos noticiados con tanto sensacionalismo por la prensa mundial, y demuestra que, a través de la glasnost y la perestroika, Gorvachov pretende alcanzar la meta suprema de la revolución comunista mundial. Es decir, la autogestión socialista, finalidad perseguida invariablemente por el comunismo a lo largo de las transformaciones, más o menos auténticas, que ha experimentado desde Lenin hasta nuestros días.

Por todo esto, la opinión pública es invitada a mantenerse en un estado de vigilancia anticomunista sagaz y permanente. Solo así es posible evaluar con serenidad, prudencia y seguridad las consecuencias de los sucesos del otro lado de la Cortina de Hierro. 

 


Notas

(255) Cfr. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, del 8-12-1975. Documentos Pontificios N° 188, Vozes, Petrópolis, 1984, 6a. ed., p. 30.

(256) Cfr. Plinio Corrêa de Oliveira, Trasbordo Ideológico Inadvertido y Dialogo, CIO, Madrid, 1971, Cap. 1, 9.

(257) Plinio Corrêa de Oliveira, Em Defesa da Ação Católica, Ed. Ave Maria, São Paulo, 1943, pp. 10-11.

(258) Cfr. Parte I: Plinio Corrêa de Oliveira: Fe, coherencia, liderazgo, valentia.

(259) Ver también "Legionario": Rusia y Alemanha intercambian caricias, 28-8-1938, 7 dias en revista,12-2-1939, 14-5-1939 y 16-6-1940.

(260) Cfr. Raymond Cartier, Cómo Hitler perdió la batalla de Moscú, in "Historama", N° 246, mayo de 1972, p. 58.

(261) La Tercera Internacional, "Legionario", 30-5-1943.

(262) La carta contenía csclarecimientos a propósito de la disolución de la III Internacional.

(263) 7 dias en revista, "Legionario", 13-6-1943.

(264) Bajo el signo de la confusión y de la esperanza, "Catolicismo", enero de 1952.

(265) Luchar varonilmente y luchar hasta el fin, "Catolicismo", julio de 1956.

(266) La Revolución en 1960, "Catolicismo", N° 109, enero de 1960.

(267) En la Conferencia del 2 de diciembre de 1961 en la Universidad de La Habana, cfr. "Chrétiéns de l'Est", Marcil Marly, Francia, N° 51, 3er. trimestre de 1986, Suplément N° 11, p. 22.

(268) "Catolicismo", agosto de 1959, Cómo se lanzó en el mercado internacional el producto Fidel Castro, y septiembre de 1959, Cómo Fidel Castro engañó a los católicos cubanos, escritos ambos por el Sr. Sergio Antonio Brotero Lefevre.

(269) La Revolución en 1960, "Catolicismo", N° 109, enero de 1960.

(270) Revolución y Contra-Revolución en 30 días, "Catolicismo", N° 117, septiembre de 1960.

(271) Ver Parte III: Ante el drama de Vietnam y de Cuba, las TFPs esclarecen al público sobre la campaña de los derechos humanos.

(272) Cfr., por ejemplo, Parte III: De Frei a Allende—La TFP chilena y sus cohermanas ante el crepúsculo artificial de Chile.

(273) Frei, el Kerenskv chileno, Ed. Cruzada, Buenos Aires, 1967, pp. 171.172.

(274) "Folha de S. Paulo", 21-11-1971.

(275). Cfr. nota 272.

(276) Cfr. Parte III: A Pablo VI, dos millones de sudamericanos piden medidas contra la infiltración comunista en la lglesia.

(277) 7 dias en revista, 9-2-1947.

(278) Cfr. a título de ejemplo, Parte III: Las TFPs denunciam: organizaciones semiclandestinas propagan la subversión en la lglesia; La Iglesia del Silencio en Chile, una denuncia que conmueve al país y transpone los Andes; Parte II: Brasil, La tribu, modelo para el futuro, noviembre de 1977; Las CEBs al servicio de la subversión, agosto de 1982; Uruguay, Un best-seller sobre el izquierdismo en la Iglesia, diciembre de 1976.

(279) Cfr. Parte III: Las TFPs alertan: la izquierda católica incita a la guerrilla en Iberoamérica.

(280) Cfr. Parte III: La historia de un documento que da la vuelta al mundo: Las TFPs denunciar el socialismo autogestionario francês. – Preguntas incómodas sobre el modelo polaco—Las TFPs hacen oir su voz.

(281) Ver Parte III: Psicocirugía revolucionaria del PSOE, punta de lanza del socialismo internacional.

(282) "Para terminar de una vez con todas las especulaciones y rumores que circulan por Occidente (...) me gustaria señalar de nuevo que estamos efectuando todas nuestras reformas de acuerdo con la opción socialista". E insiste: "Aquellos que desde Occidente esperan que abandonemos el socialismo quedaran decepcionados (...) 'Perestroika' es un proceso revolucionario, porque constituye un salto hacia adelante en el desarrollo del socialismo, en la realización de sus características esenciales" (Perestroika, Harper & Row, New York 1987, pp. 36, 37 y 51).

(283) Trasbordo Ideológico Inadvertido y Dialogo, op. cit. p. 12.

(284) "Catolicismo", N° 436, abril de 1987; N° 437, mayo de 1987; N° 442, octubre de 1987; N° 443, noviembre de 1987; N° 447, marzo de 1988; N° 452, agosto de 1988; Autogestión, esa novedad de hace 100 años, "Informando, comentando, actuando", boletín de la TFP brasileña, N° 26, enero-febrero de 1988; Glasnost y Perestroika: ¿cambio real o maquillaje?, "TFP Newsletter", Johannesburg, Sudáfrica, N° 30; "Tradición, Família y Propiedad", Lima, Perú, N° 14, junio de 1988; entre otros.

(285) Las próximas elecciones y Bolivia en los albores del siglo XXI, "Presencia" y "El Diario", La Paz, 26-11-1987.

(286) Cfr. Cap. 6, VIII.

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